Cantera amenaza arte rupestre

Comunidad indígena denuncia que parte de un conjunto arqueológico en Soacha ha desaparecido por la explotación minera de la empresa Invercot Ltda.

Antes de subir a la montaña, el abuelo de la comunidad muisca de Soacha le pide permiso y protección a la piedra de “la Abuela”. / El Espectador
Antes de subir a la montaña, el abuelo de la comunidad muisca de Soacha le pide permiso y protección a la piedra de “la Abuela”. / El Espectador

Durante las últimas décadas, la comunidad muisca de Soacha se ha refugiado en los Cerros Orientales. En el sector de San Mateo, a 2.700 metros de altura, los indígenas suben cada semana a limpiar el bosque en donde se encuentran 20 piedras con arte rupestre. En esta montaña sagrada la comunidad prepara el ambil (mezcla de tabaco y sal) y educa a los niños sobre la cosmovisión muisca. Pero últimamente esta rutina se ha ido desvaneciendo por la expansión de una cantera que, con el paso del tiempo, se ha apropiado del bosque.

La tensión entre la comunidad muisca y la cantera Inversiones y Construcciones Toro (Invercot Ltda.) se recrudeció en el transcurso del último año por la desaparición de cinco piedras sagradas, registradas por el Instituto Colombiano de Antropología e Historia como “bienes de valor arqueológico y cultural”.

Los habitantes aseguran que los trabajadores de la cantera sepultaron las piedras o las hicieron estallar con dinamita para avanzar sobre el área arqueológica y poder explotarla. El abuelo de la comunidad dice que lleva 10 años luchando por las piedras: “Son nuestras escrituras, el legado que dejaron los ancianos. Aquí hacían pagamentos y pruebas espirituales. Acá nos vamos a quedar para recuperar nuestro patrimonio”.

Los jóvenes muiscas que se han interesado en este legado han aprendido que en el lugar hay piedras zoomorfas (con apariencia de animal) y antropomorfas (con forma humana): “Ahí puedes ver una rana, una leona y una culebra. La primera piedra es la de la abuela, a veces aparece sentada, ahí. Uno tiene que pedirle permiso antes de subir y en lo más alto llega a la piedra en donde están las manos de Bochica. El problema es que, claro, entre más alto más te acercas a la cantera”, señala un joven aprendiz.

Es precisamente al final de la montaña donde se encuentran restos arqueológicos y piedras zoomorfas rodeadas de orquídeas. El arte rupestre aparece en una tonalidad roja que se ha desvanecido por las partículas de tierra que se desprenden desde la cantera a diario. “Ellos lo que hacen es quemar los restos arqueológicos que se encuentran para poder explotar. Y aunque es difícil establecer de qué año datan estos pictogramas, se puede decir que tienen entre 1.500 y 3.000 años de historia”, asegura un guía anónimo.

El lugar ha sido venerado por diferentes grupos indígenas. Uno de ellos, el cabildo Pijao Diosa Dulima Soacha, estaba acostumbrado a visitar el lugar para realizar pagamentos. Sin embargo, un día el líder de la comunidad fue desalojado del lugar por los vigilantes de la cantera Invercot Ltda., propiedad de Carlos Arturo Toro Cadavid. En este enfrentamiento, que quedó registrado en video*, el celador amenaza a los indígenas con pedir refuerzos y, si es necesario, “sacarlos a las malas”. La versión unánime entre la comunidad muisca es que un miembro del cabildo Pijao fue asesinado en la zona.

Pese a los continuos enfrentamientos verbales con los vigilantes de la cantera, los indígenas muiscas no dejaban de visitar el lugar. Fue la muerte de José Luis Roa, un líder comunal y crítico de la actividad minera en el sector de San Mateo, ocurrida en diciembre del año pasado, lo que los alejó de allí por unas semanas. Mientras esto sucedía se reportaron atracos en el bosque y grafitis en las piedras.

El pasado 3 de marzo El Espectador acompañó a la comunidad muisca y a la ONG Resistencia Andina a una ceremonia de limpieza en el bosque de San Mateo. La historia se repitió. Cuando los visitantes llegaron a la zona más alta de la montaña salieron dos sujetos armados que amenazaron al reportero gráfico de este diario por portar una cámara. La comunidad indígena tuvo que alejarse de la cantera y los hombres armados bajaron hasta el área plana del bosque para intimidarnos.

La policía capturó a los dos hombres: “Dos personas tenían armas de fuego. Fueron decomisadas y uno de ellos fue judicializado por no tener salvoconducto. En estos momentos se encuentra a disposición de la Fiscalía. Las armas fueron incautadas y se están haciendo visitas frecuentes en el sector”, señala el coronel Pedro Carpio, comandante de la Policía en ese municipio.

El alcalde de Soacha, Juan Carlos Nemocón, le dijo a este diario que no es la primera vez que suceden este tipo de acontecimientos: “Vamos a solicitar inmediatamente una visita con las autoridades municipales. Es propiedad privada, pero hay unos límites que necesitamos revisar para que no se vean afectadas las piedras. Le hemos pedido al Instituto Colombiano de Antropología e Historia (Icanh) establecer si hay hallazgos arqueológicos. Ellos (Invercot Ltda.) se amparan en títulos de linderos y polígonos, pero están desconociendo la ley y el patrimonio”.

Francisco Escobar, delegado para Soacha de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), le dijo a este diario que es necesario realizar la visita cuanto antes, pues la cantera “no ha efectuado la actualización de los planes de manejo ambiental. Arrancaron con un diseño minero que no se corresponde con el que la Corporación aprobó en su momento. Desde 2009 se le ha pedido al señor Carlos Toro que lo actualice y aún no ha entregado nada. En esta situación, nosotros procederemos a establecer una medida preventiva de suspensión de actividades. Necesitamos el apoyo de la Alcaldía, pues en Soacha hay 50 canteras y 25 de ellas tienen medidas de suspensión de actividades”.

A este panorama se suma la ausencia de un programa de arqueología que proteja el patrimonio cultural de la zona: “Cuando realizamos la visita no se pudo llegar al lugar específico porque hay un problema de seguridad. En menos de 15 días tenemos prevista una visita para revisar las denuncias de la comunidad. Desde 2009 se le requirió a Invercot Ltda. un programa de arqueología preventiva y no se ha implementado. El valor arqueológico del lugar es muy alto en términos culturales”, señala Fernando Montejo, coordinador del Grupo de Arqueología del Icanh.

Tras varias semanas de investigación, El Espectador no ha logrado aún contactarse con el señor Toro para escuchar su versión sobre el presunto daño que su actividad comercial le genera al conjunto arqueológico.

El abuelo le explica a la comunidad indígena de Soacha que en este terreno se han encontrado poporos que fueron enterrados hace 2.000 años. “Puede que ellos quieran esta tierra porque es muy fértil. No tengan miedo, defender espiritualmente las piedras es nuestra única opción”.

* http://www.youtube.com/watch?v=mfvj928r3OU