A la cárcel dos de los presuntos responsables de masacre de niños

Un juez de control de garantías envió a prisión a dos hombres que habrían participado en el atroz crimen de cuatro menores en Florencia (Caquetá). En la audiencia de imputación ninguno aceptó cargos.

Édison Vega (izquierda) y Christopher Chávez (extremo derecho) en audiencia de imputación de cargos. / Cortesía

Por considerar que constituyen un peligro para la comunidad, un juez de control de garantías les impuso medida de aseguramiento en establecimiento carcelario a Christopher Chávez, de 42 años, y Édison Vega, de 27, capturados en la tarde del sábado, por el crimen de tres hermanos de 17, 14 y 10 años, y un sobrino de ellos, de tan sólo cuatro, perpetrado la noche del 4 de febrero en la vereda Las Brisas, en Florencia (Caquetá).

En audiencia realizada ayer en el Palacio de Justicia de Florencia se les imputaron cargos a Chávez y a Vega por los delitos de homicidio agravado en concurso con hurto calificado, intento de homicidio y porte ilegal de armas. Ninguno de los hombres aceptó los cargos. Por petición de la Fiscalía, Vega será trasladado a uno de los calabozos del CTI, en Florencia, mientras Chávez irá a la cárcel de El Cunduy.

La investigación de las autoridades dio sus primeros resultados cuando al realizarse tres allanamientos se encontraron los elementos usados en la masacre y a dos hombres, Chávez sindicado de haber disparado contra los menores, y Vega, de ser el enlace entre Luz Mila Artunduaga, quien sería la autora intelectual y los sicarios.

En rueda de prensa, el fiscal general, Eduardo Montealegre, explicó ayer que los hombres, que podrían ser condenados a 50 años de prisión, habían recibido $500.000 para cometer el homicidio. Los móviles del crimen serían los mismos que se conocieron desde hace una semana y fueron publicados por este diario: la disputa por un lote de 400 metros en Florencia y una venganza por motivos personales debido a agresiones personales mutuas.

La Fiscalía solicitó ante un juez que expida las órdenes de captura contra otros tres sospechosos, entre los que estarían Enderson Carrillo Ordóñez, alias el Chencho; Haider Ureña, quien habría conseguido el dinero para pagarles a los sicarios, y Luz Mila Artunduaga, presunta autora intelectual.

Aunque ninguno de los dos detenidos aceptó cargos, una fuente cercana a la investigación consultada por El Espectador, aseguró que tras la captura, uno de ellos relató la forma como se ejecutó el atroz crimen. A las siete de la noche, del 4 de febrero, Chávez, conocido con el alias de Desalmado y su cómplice, Enderson Carrillo, alias el Chencho, se reunieron con Édison Vega, quien actuaba como intermediario entre éstos y Artunduaga, quien es esposa de Silvio Martínez, con quien el padre de los niños había tenido rencillas. Vega, según el relato, le entregó a Chávez un papel con los nombres y teléfonos del señor Jairo Vanegas y su esposa, Victoria Grimaldo. También le explicó que debían ir a una casa en el barrio El Cóndor, buscar al hijo de 17 años de esta pareja y obligarlo a decir dónde estaban sus papás.

Los hombres acataron la orden y en una motocicleta llegaron a la casa donde estaba el muchacho, junto a su hermano de 16 años y una tía que tiene problemas mentales. El Desalmado presionó al muchacho para que dijera dónde estaba el papá, luego lo subieron a la moto y se desplazaron hasta la vereda Las Brisas. Cuando llegaron, el Desalmado y el joven entraron a la vivienda mientras el cómplice se quedó vigilando afuera con un arma. El hombre le preguntó a los cuatro niños que había allí dónde estaba el señor Vanegas, y ellos contestaron que había salido. El hombre decidió hurtar algunos elementos, entre ellos el computador portátil en el que los niños veían una película. Media hora más tarde, al no regresar el papá, comenzó a dispararle a cada uno de los menores, empezando por el de 17 años. El único que se salvó había salido corriendo y recibió un disparo que le atravesó el omoplato, sin embargo, pudo llegar hasta la casa de un familiar para pedir ayuda.

Días después del atroz crimen, el Desalmado decidió enterrar toda la evidencia en el patio de su casa y refugiarse donde un conocido, lugar en el que fue encontrado este sábado y desde donde planeaba escapar hacia Neiva.

Las pruebas encontradas comprometen principalmente a Christopher Chávez. En el patio de su casa, la Dijín encontró enterrados la moto, las gorras, unas botas y un revólver, al parecer usados el día del asesinato, y dentro de un orificio en una pared el papel con los nombres del señor Vanegas y su esposa. Además, se conoció que Chávez había vendido por $50.000 el computador portátil que se robó de la casa de los niños el día del crimen.
Chávez había salido en 2013 de la cárcel, tras pagar menos de 10 años por la violación y el asesinato de una mujer en 2004 en Ibagué y por el cual había sido condenado a 28 años de prisión.