Carle, Carla, Carlos Castillo: una persona de género no binario

También conocida como gender queer, una persona no binaria es aquella que no se define dentro de ninguno de los dos géneros asignados al nacer: hombre o mujer.

Foto: Yariel Valdés González

Cuando Carle, de 28 años, se acercó a una notaría de Bogotá para cambiar el componente sexo en su cédula, de masculino a femenino, la funcionaria que la atendió preguntó inmediatamente: ¿por qué? No tenía apariencia de mujer y el documento de identidad mostraba el nombre de Carlos Castillo. “Me siento como una persona no binaria”, respondió Carle.  

La funcionaria se limitó a decir “bueno” e inició el trámite para que Carle cumpliera su deseo, pues el Estado colombiano permite que cualquier persona adulta, sin necesidad de haber pasado por procesos quirúrgicos u hormonales, cambie el componente sexo en su cédula. Es el derecho que tiene cada cual de reafirmar su libre personalidad y su expresión de género como desee.

Pero ¿qué es una persona no binaria? También conocida como gender queer, es aquella que no se define dentro de ninguno de los dos géneros asignados al nacer: hombre o mujer. Los no binarios sienten no pertenecer a ninguno de los dos géneros y se atreven a rechazar las etiquetas. No se sienten hombres ni mujeres, sino ambos.

¿Cómo tratar a estas personas? y ¿con qué pronombres nos referimos a ellas? son algunas de las preguntas que debemos hacernos si queremos respetar la identidad de quienes se declaran no binarios. Carle prefiere los pronombres neutros, como “elles” y “nosotres”. Explica que el uso de estos además significa reconocer que no todos somos hombres, ya que el lenguaje es genéricamente masculino.

Sin embargo, comprende que muchas personas no han hecho ese proceso. Por tanto, no tiene problemas con quienes le leen como varón ni con quienes le leen como mujer. De hecho, al presentarse, lo hace como Carla, Carle, Carlos Castillo. Las personas escogen con qué nombre llamarle. Confiesa que nunca se sintió un varón. No cumplía con los estereotipos y sentía que todo el tiempo se le excluía de ese lugar de privilegio que implicaba la palabra “Hombre”.

“No de forma muy notoria ni todo el tiempo, ni es que todo el mundo me lo señalara. Pero en el colegio siempre se me hizo notar que yo no era un hombre. Entonces, cuando empecé a reconocerme y a asumir mi orientación sexual, me di cuenta de que disfrutaba mucho las cosas femeninas. No solamente cosas como los colores, algunas prendas de vestir, sino cosas que están asociadas a las mujeres, dentro de los estereotipos, como la emocionalidad. Me sentía muy feliz de estar compartiendo espacios con las mujeres”, cuenta.

Al escucharle, quizás pensemos que no hay mucha diferencia entre cómo se sentía Carle y cómo afirman sentirse muchos varones gais. En realidad, también pensó al principio que era “un hombre gay muy femenino”. No obstante, prefiere no enunciarse desde lo gay porque opina que a veces es un espacio muy misógino.

“Aunque haya muchos hombres gais que disfrutan de la feminidad y que disfrutan vestirse como mujeres, siento que hay mucho ejercicio de dominación masculina en la comunidad gay. No quiero generalizar, pero sí pienso que hay una maximización de la masculinidad. Siento que eso hace parte mucho de la cultura y de la imagen de lo gay, dentro de la publicidad, del mismo turismo gay. Ves esas imágenes de los hombres súper musculosos y súper masculinos. Podría decir que soy un hombre gay, pero me colocarían en ese lugar donde no quiero estar”.

Por otra parte, está consciente de que ser mujer, en un mundo machista, implica muchas violencias y supuestos sobre el cuerpo femenino, por lo que le parecía una falta de respeto afirmar que era una mujer. Pese a ello, durante un año se planteó ser una mujer trans. Fue entonces cuando conoció la Fundación Grupo de Acción y Apoyo a Personas Trans (GAAT), un espacio donde se asesoró para entender qué era hacer un tránsito (cambios que hace una persona en su apariencia, que pueden incluir tratamientos hormonales y hasta quirúrgicos, para asemejarse al género con el que se siente identificada y que no es el que le fue asignado cuando nació) y qué implicaba. Carle trabaja ahora en la Fundación en proyectos e investigaciones y cursa una maestría en Estudios Artísticos.

A partir de estar en la Fundación y conocer a las personas trans, decidió que hacer un tránsito quizás conllevaría hacer cambios en su cuerpo con los que luego no se sentiría bien, para encajar en algo. En realidad, su cuerpo nunca le había molestado. Más bien le molestaban algunas cosas que habían sido atribuidas a su cuerpo. Después de un tiempo, descubrió lo del género no binario en Internet, mientras miraba videos en YouTube, y se identificó. “Vi un chique no binario que hace rap y cuando canta se maquilla y a veces se viste de chica, pero en su vida diaria no lo hace. Es como que transita de un lado a otro y eso me pareció súper bonito. A partir de ahí encontré artículos, personas que se definían así en todas partes del mundo”, cuenta Carle.

Carle se dio cuenta de que eso se acercaba a cómo se sentía y a lo que quería expresar, y empezó a utilizar el término. Ser una persona no binaria le proporciona una tranquilidad que no experimentaría declarándose simplemente un hombre gay o siendo una mujer trans. También considera que lo no binario es una oportunidad de pensar en esa matriz de presión que es el género, que coloca a las personas en un lugar y todo lo que no pertenezca allí está mal.

No se molesta en explicárselo a su familia, porque en ella lo ven simplemente como un varón gay muy femenino y no tienen problema con eso. Sabe que la cuestión del género no binario es poco conocida y difícil de comprender para la mayoría de las personas. Incluso dentro de la comunidad LGBTI, las personas no se lo toman muy en serio; creen que Carle es una mujer trans que no se ha decidido. Sin embargo, en el mundo de las celebridades lo no binario está de moda y muchas han declarado no pertenecer a un solo género: Tilda Swinton, Steve Tyler, Miley Cyrus y Ruby Rose son algunos ejemplos.

Muchas personas no binarias tienen la posibilidad de tener apariencias que confunden a quienes las miran y no logran definir si son mujeres u hombres. A Carle también le gustaría tener un físico andrógino y dejarse el cabello largo. Pero el suyo no crece tanto y empieza a perderlo. Su forma de experimentar lo no binario no es simplemente a nivel físico, sino más sutil.  De todas formas, de vez en cuando se maquilla y se viste con ropas que pueden servir tanto para mujer como para hombre.

“A mí me atraen los cuerpos masculinos. Puede ser un hombre cisgénero (un hombre que se identifica con el género que le fue asignado al nacer de acuerdo con sus genitales) o un hombre trans (una persona que al nacer le fue asignado el género femenino por sus genitales, pero se identifica con el género masculino)”, afirma Carle.  

Su nueva cédula, en la que se identificará como mujer, estará lista a finales de este año. Le habría gustado cambiar también su nombre por uno más neutro, pero esto habría implicado cambiar todos sus documentos, incluyendo su título de Licenciado en Ciencias Sociales. Aunque piensa que la dualidad de estar identificado con un nombre masculino y el sexo femenino a la vez de alguna forma reflejará cómo se siente, considera que lo del género es una ficción y que ni siquiera debería aparecer en la cédula.

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Yusimí Rodríguez López

Nacional

Carle, Carla, Carlos Castillo: una persona de género no binario

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