Caudillo liberal

Celebramos hoy el día nacional de la memoria y la solidaridad con las víctimas, con una manifestación que congrega la mayoría de los sectores democráticos colombianos que creemos en la conveniencia de impulsar y concretar el proceso de paz. Se ha escogido esta fecha, como un homenaje a la gran personalidad liberal que fue Jorge Eliécer Gaitán, quien fue un constructor de paz.

Jorge Eliécer Gaitán, 1948. /Archivo El Espectador
Jorge Eliécer Gaitán, 1948. /Archivo El Espectador

Pues bien, teniendo en cuenta la gran ignorancia existente en amplios sectores de la población colombiana en torno a este líder democrático excepcional, he preparado este ensayo para acercarnos a la comprensión de aspectos significativos de su evolución y liderazgo.

La revisión histórica del sistema político colombiano, nos indica la urgencia de responder a la crisis de falta de participación de la mayoría de la población en capacidad de hacerlo y la necesidad de crear ambientes que faciliten el surgimiento de nuevos liderazgos. Uno de los caminos viables para recuperar la importancia de la política y la conveniencia del compromiso con los ideales de la democracia participativa, plasmados en la Constitución de 1991, es estudiar los liderazgos que puedan colocarse como paradigmas de consagración a los intereses mayoritarios de la población. Sesenta y cinco años después de su asesinato, la vida y obra de Jorge Eliécer Gaitán puede ser un “descubrimiento”, para quienes deseen influir decisivamente en la vida política colombiana.

Algunas dimensiones históricas

Durante el medio siglo de existencia de Gaitán, se produjeron un conjunto de procesos y hechos políticos, internacionales y nacionales, que configuraron una nueva estructura del poder mundial. El estudio y la comprensión ampliados de estas circunstancias y la evolución nacional, facilitarán entender el entorno dentro del cual Gaitán forjó su destino. Es entonces entendiendo la complejidad de los procesos políticos mundiales, latinoamericanos y nacionales, como puede explicarse adecuadamente la significante labor y la magnitud de la lucha política emprendida por uno de los más importantes caudillos colombianos y latinoamericanos durante el siglo XX.

Hacia una comprensión de la vida y obra de Gaitán

Jorge Eliécer Gaitán, nació en Cucunubá (Cundinamarca), el 23 de enero de 1902 y fueron sus padres Eliécer Gaitán (librero) y Manuela Ayala (maestra, forjadora de ideales y madre amantísima). En su niñez vivió en el barrio bogotano de Las Cruces y por extracción social se podría ubicar entre los sectores medios bajos y bajos altos urbanos. Fue su esposa la distinguida señora de Medellín, Amparo Jaramillo, de cuya unión nació Gloria, hoy economista egresada de Los Andes y quien se dedicó a perpetuar la obra de su padre en el Centro Gaitán, en compañía de sus hijas, durante varios años.

Los estudios de Gaitán se iniciaron en la escuela San Vicente de Paul hasta los doce años; los secundarios, terminaron en un colegio particular, de orientación liberal: el Simón Araújo. Los universitarios, en derecho, se realizaron en la Universidad Nacional de Colombia, habiéndolos finalizado con su tesis de grado: “Las ideas socialistas en Colombia”. Posteriormente, adelantó posgrado en la Real Universidad de Roma que terminó en 1927, alcanzando el premio otorgado por Enrico Ferri. Su tesis fue sobre “El criterio positivo de la premeditación” que alcanzó la Magna cum laude probatus.

Por vía de análisis, podemos asumir que los primeros veinticinco años de existencia de Gaitán (1902-1927), comprenden su preparación a la intervención abierta en política. Y el conflicto de las bananeras, es una coyuntura que le facilita comenzar a demostrar sus convicciones, compromisos, responsabilidad moral, valor civil, sensibilidad cultural y social y capacidad de liderazgo15 .

Al regresar al país, inicia una vertiginosa y metódica carrera profesional y política: representante a la Cámara en 1928; profesor de Derecho en las universidades Nacional y Libre; rector de ésta; fundador de la unir en 1933 y, en este mismo año, segundo designado a la Presidencia de la República. En 1938 es alcalde de Bogotá y ulteriormente es miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia (1938) y de la Comisión redactora de los códigos Sustantivo y de Procedimiento Penal (1936-1938). Al año siguiente, es elegido magistrado de la Corte Suprema de Justicia. Es ministro de Educación y de Trabajo en 1940 y 1943, respectivamente. Asimismo, es elegido candidato a la Presidencia de la República en 1945 y, después de la derrota causada por la división del partido liberal en 1946, se consagra a su lucha por la reivindicación moral de la República, habiendo sido jefe único del partido en 1947.

A propósito del pensamiento gaitanista

Teniendo en cuenta el desconocimiento existente –aun en sectores universitarios– sobre el pensamiento de Gaitán y las tergiversaciones y calumnias de las que ha sido objeto, es conveniente leerlo directamente. A través de este ejercicio podemos formarnos una idea del ambiente político nacional, del estilo, la forma y el fondo de sus planteamientos sobre diversos temas que fueron objeto de sus desvelos, discusión y controversia. Para quienes deseen acercarse en forma cronológica a su pensamiento político, me permito recomendar la lectura de sus textos sobre: el verdadero nacionalismo; las instituciones republicanas, patrimonio del liberalismo; liberalismo y socialismo (1931). Fascismo, comunismo y unirismo (1933). Hoy existe la misma injusticia de ayer; igualdad de derechos para la mujer (1934). Una política grande; la democracia; la izquierda no es anarquía (1936). La función divina de juzgar (1937). Crear mística popular en cada pueblo; en el falso país de los doctores; de la escuela rural a la universidad; el valor del pueblo; educación primaria (1940). El reeleccionismo es fatal en un régimen presidencial (1941). Sobre el voto obligatorio; fascismo y sovietismo (1942). Discurso programa (1945). El pueblo es superior a sus dirigentes; el país político y el país nacional (1946). Plataforma del teatro Colón (1947).

Esperaría que después de su cuidadosa lectura, estemos en posibilidad de: i) Reconocer el arduo camino seguido por Gaitán, hasta su cristalización como jefe único del partido liberal, candidato a la Presidencia de la República y caudillo popular. ii) Tomarle el pulso, comprender dimensiones clave de los procesos políticos y acontecimientos que desembocaron en su asesinato. iii) Ir a los textos completos y profundizar la comprensión de las características básicas del sistema político colombiano, en el intervalo comprendido entre los años 1928 y 1948.

Semblanza

Teniendo presente una comprensión cuidadosa de su vida, deseo sintetizar lo que se me presenta como un conjunto preciso de cualidades que fue perfilando y modelando desde su juventud hasta la plenitud de su existencia, como un líder político.

Jorge Eliécer Gaitán Ayala fue un líder político con sentido de grandeza y de la historia que a base de estudio, consagración y desarrollo de su inteligencia fue plasmando una rica personalidad. Era de un trato sencillo y directo y a base de autodisciplina fue adquiriendo una gran confianza en si mismo que facilitó su afirmativa vocación de triunfo profesional y político. Como fruto de profundas convicciones fue poseedor de una fina sensibilidad social y un radical sentido de la justicia. Amante del derecho y del ejercicio de su profesión, fue respetuoso del saber, la intelectualidad y el orden jurídico. Además de su experiencia europea (1926-1928), en el parlamento colombiano pudo presenciar oradores y parlamentarios de la talla de Benjamín Herrera, Luis Cano, José Vicente Concha, Laureano Gómez y Enrique Olaya Herrera y recibir la benéfica influencia de Rafael Uribe Uribe.

Fue un ser apasionado, sincero y grato con todos aquellos que tuvieron significación en su existencia. Con un positivo y natural sentido de lo popular, fue liberal-social-demócrata, nacionalista y progresista que creyó en el valor de la palabra. La conjunción de sus cualidades, sus convicciones y su labor en beneficio de los intereses populares, lo hicieron acreedor a ser reconocido como un caudillo . Complementemos la semblanza: ideológicamente, está ubicado dentro de la social-democracia. El contexto nacional dentro del cual desarrolla su labor, está configurado por un 70% rural y 30% urbano. Su extracción social puede ubicarse entre baja alta y media baja (urbana). Como líder político, defendió prioritariamente los intereses populares y forjó por sí mismo su prestigio intelectual, político, cultural y social. Como aparato político para su labor, organizó transitoriamente (1933) la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria (unir) y posteriormente se reincorporó al partido liberal. Los medios de comunicación usados fueron la prensa de reducida circulación; una radio incipiente; conferencias y discursos múltiples en plaza pública y recintos cerrados.

Un perfil general de Gaitán, lo podemos condensar así: caudillo popular; intelectual; jurista; parlamentario; profesor y rector universitario. Conocedor profundo de la realidad nacional y de la problemática del Estado. Consagrado lector y brillante conferencista. Para él “una gran satisfacción era la de lograr un objetivo por el camino del personal esfuerzo”. Los cargos desempeñados más importantes fueron: representante; senador; segundo designado a la Presidencia; ministro de Educación y del Trabajo y alcalde de Bogotá. Miembro de la Academia de Jurisprudencia y de la Comisión redactora de los códigos penales. Era el jefe único del partido liberal y candidato a la Presidencia de la República en 1948.

Su ejercicio profesional estuvo concentrado en la abogacía (penalista); la juridicidad y la política, con incursiones periodísticas (fundó Jornada). Su moralización de la política estuvo centrada en la denuncia contra la corrupción oligárquica. Estando en la plenitud de su prestigio político, organiza la Manifestación del silencio, para protestar contra la violencia ejercida por el gobierno en distintos sitios del país.

Dentro de los discursos reconocidos como clásicos que Gaitán legó a la posteridad, figuran su Oración por la paz (febrero 7 de 1948) y El silencio es grito (febrero 15 de 1948). En ellos se recogen dimensiones críticas del ambiente político imperante en el país, justamente sesenta días antes del asesinato del caudillo. Teniendo en cuenta que, la convocatoria del día de hoy se hace mención al deseo de: “Ahora sí la paz”, recorramos brevemente su Oración por la paz.
En esta pieza podemos señalar varios aspectos simbólicos trascendentes: las banderas negras; el carácter nacional de la manifestación; el silencio de la multitud; la disciplina de las masas del partido liberal y el dominio de la conciencia popular ejercido por el caudillo en la plenitud de su vocación y prestigio políticos.
Es un discurso en donde las ideas centrales expuestas son: i) La defensa del derecho a la vida. ii) La exigencia de paz. iii) El cumplimiento de la ley. iv) La defensa de los derechos de los débiles. v) El ejercicio civilizado y democrático del poder.

Leamos la intervención pública: “Señor presidente Ospina Pérez: Bajo el peso de una honda emoción me dirijo a vuestra excelencia, interpretando el querer y la voluntad de esta inmensa multitud que esconde su ardiente corazón, lacerado por tanta injusticia, bajo un silencio clamoroso, para pedir que haya paz y piedad para la patria.

En todo hoy, la capital de Colombia ha presenciado un espectáculo que no tiene precedentes en su historia. Gentes que vinieron de todo el país, de todas las latitudes –de los llanos ardientes y de las frías altiplanicies– han llegado a congregarse en esta plaza, cuna de nuestras libertades, para expresar la irrevocable decisión de defender sus derechos. Dos horas hace que la inmensa multitud desemboca en esta plaza y no se ha escuchado sin embargo un sólo grito, porque en el fondo de los corazones sólo se escucha el golpe de la emoción. ¡Durante las grandes tempestades la fuerza subterránea es mucho más poderosa, y ésta tiene el poder de imponer la paz cuando quienes están obligados a imponerlas no la imponen!

Señor presidente: ¡aquí no se oyen aplausos: sólo se ven banderas negras que se agitan!

Señor presidente: vos que sois un hombre de universidad debéis comprender de lo que es capaz la disciplina de un partido, que logra contrariar las leyes de la psicología colectiva para recatar la emoción en su silencio, como el de esta inmensa muchedumbre. Bien comprendéis que un partido que logra esto, muy fácilmente podría reaccionar bajo el estímulo de la legítima defensa.

Ninguna colectividad en el mundo ha dado una demostración superior a la presente. Pero si esta manifestación sucede, es porque hay algo grave, y no por triviales razones. Hay un partido de orden capaz de realizar este acto para evitar que la sangre siga derramándose y para que las leyes se cumplan, porque ellas son la expresión de la conciencia general. No me he engañado cuando he dicho que creo en la conciencia del pueblo, porque ese concepto ha sido ratificado ampliamente en esta demostración, donde los vítores y los aplausos desaparecen para que sólo se escuche el rumor emocionado de los millares de banderas negras, que aquí se han traído para recordar a nuestros hombres villanamente asesinados.

Señor presidente: serenamente, tranquilamente, con la emoción que atraviesa el espíritu de los ciudadanos que llenan esta plaza, os pedimos que ejerzáis vuestro mandato, el mismo que os ha dado el pueblo, para devolver al país la tranquilidad pública. ¡Todo depende ahora de vos! Quienes anegan en sangre el territorio de la patria, cesarían en su ciega perfidia. Esos espíritus de mala intención callarían al simple imperio de vuestra voluntad.

Amamos hondamente a esta nación y no queremos que nuestra barca victoriosa tenga que navegar sobre ríos de sangre hacia el puerto de su destino inexorable.

Señor presidente: en esta ocasión no os reclamamos tesis económicas o políticas. Apenas os pedimos que nuestra patria no transite por caminos que nos avergüencen ante propios y extraños. ¡Os pedimos hechos de paz y de civilización!

Os pedimos que cese la persecución de las autoridades; así os lo pide esta inmensa muchedumbre. Os pedimos una pequeña y grande cosa: que las luchas políticas se desarrollen por los cauces de la constitucionalidad. ¡No creáis que nuestra serenidad, esta impresionante serenidad, es cobardía! Nosotros, señor presidente, no somos cobardes. Somos descendientes de los bravos que aniquilaron las tiranías en este suelo sagrado. Somos capaces de sacrificar nuestras vidas para salvar la paz y la libertad de Colombia!

Impedid, señor, la violencia. Queremos la defensa de la vida humana, que es lo menos que puede pedir un pueblo. En vez de esta fuerza ciega desatada, debemos aprovechar la capacidad de trabajo del pueblo para beneficio del progreso de Colombia.

Señor presidente: ¡nuestra bandera está enlutada y esta silenciosa muchedumbre y este grito mudo de nuestros corazones sólo os reclaman: que nos tratéis a nosotros, a nuestras madres, a nuestras esposas, a nuestros hijos y a nuestros bienes, como queráis que os traten a vos, a vuestra madre, a vuestra esposa, a vuestros hijos y a vuestros bienes!

Os decimos finalmente, excelentísimo señor: bienaventurados los que entienden que las palabras de concordia y de paz no deben servir para ocultar sentimientos de rencor y exterminio. ¡Mal aventurados los que en el gobierno ocultan tras la bondad de las palabras la impiedad para los hombres de su pueblo, porque ellos serán señalados con el dedo de la ignominia en las páginas de la historia!”.

A pesar del alcance político y admonitorio de esta intervención y la pronunciada en Manizales el 15 de febrero, la violencia ejercida contra el partido liberal continuó. En efecto, en su editorial del 13 de marzo de 1948, el diario El Tiempo sostuvo: “En el curso de año y medio se han cometido, para dolor de Colombia, incontables delitos, crímenes pavorosos, matanzas despiadadas, como las de Siachoque, Duitama, Moniquirá, Chita, Chiquinquirá, Paipa, Pauna, en Boyacá; como las de Sandoná y Jenoyen en Nariño; Los Santos, Suratá, San Andrés, Vélez y Mogotes en Santander; Pereira y Manizales en Caldas; Mompóx, en Bolívar; San Cayetano en Cundinamarca; Anserma Nuevo en el Valle. Decenas y decenas de muertos. Vidas sacrificadas por el sectarismo de autoridades parciales; destrozadas por fusiles oficiales. Y hasta el momento no se ve por parte alguna esa implacable acción de la justicia que había sido anunciada”.

Cuando no tenía contendores políticos que pudieran disputarle su ascenso a la Presidencia de la República, el 9 de abril de 1948, Gaitán es asesinado por Juan Roa Sierra –un ser patologizado– a la salida de su oficina en la carrera 7ª con avenida Jiménez. La reacción del pueblo produjo en Bogotá el hecho político reconocido como el bogotazo, acompañado de manifestaciones y hechos de violencia abierta en las ciudades más importantes del país. Aunque no consta en autos, se considera que los intereses del capital, no solo nacional, fueron los determinantes de su asesinato.

Para una comprensión útil de lo que significó la muerte de Gaitán, se me presenta conveniente recordar la intervención del Presidente Carlos Lleras Restrepo, en ese entonces jefe del partido liberal, quién sostuvo, el día de su entierro simbólico, en el Parque Nacional: “Por semanas, por meses, por años, mantuvo con el pueblo un diálogo ininterrumpido cuyo solo recuerdo causa asombro, y llegó un momento en que ya no fue posible distinguir entre esas dos voces: la de Gaitán y la del pueblo”. “Atrás queda el gesto vanidoso de quienes creen poder sacar de sus propias cabezas todos los programas políticos, como si éstos no tuvieran que ser forzosamente la sistemática y ordenada interpretación de los anhelos populares. Atrás queda el aristocrático aislamiento de los grupos rectores. Atrás las orientaciones imaginadas en círculos estrechos, que no se cree necesario explicar abiertamente en el aire libre del ágora”. “No podrá ya hacerse en Colombia una política que merezca tal nombre, sino con el pueblo. Nada remediaremos con alejarnos de las masas y con hacer que se sientan extrañas a nosotros”. (El Tiempo, abril 21 de 1948, p. 13.)

Vista en perspectiva, la vida y obra de Gaitán se me presenta como la de uno de los más grandes caudillos políticos del siglo XX en Colombia y América Latina. Forjador de un nuevo destino y una nueva fe para la base popular, para la base liberal y conservadora de aquel entonces; y también, para importantes sectores de las masas comunistas, aunque tuvo serios distanciamientos con las directivas de este partido. Jorge Eliécer Gaitán es un ejemplo para quien desee triunfar mediante el ejercicio de la inteligencia, la consagración y el valor. Nuestra juventud debe saber que existen colombianos cuya vida, obra y vocación vale la pena imitar y superar; que tienen luz propia, saberes y oficios dignos de ser retomados y proyectados. Uno de ellos es Gaitán. Sin embargo, es uno de los grandes desconocidos y se le ha pretendido olvidar y extrañar, aunque algunos políticos “gaitanean”. Su vida y obra son una realización objetiva del valor histórico de sus ideas, de su lucha, de su consagración y de su vocación política.

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