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Ciencia en la Antártida: la proeza de Diana Quintana

Diana María Quintana, con 19 años de trayectoria en el sector marítimo, fue la única mujer civil de la Dirección General Marítima que participó en la primera expedición científica que hizo Colombia en la Antártida, en 2014.

La investigadora actualmente cursa un doctorado sobre las ciencias del mar en la Universidad Jorge Tadeo Lozano.Óscar Pérez - El Espectador

“Desde el cielo se veían colonias enormes de pingüinos papúa y muchas nubes blancas que en realidad no eran nubes, eran montañas camufladas con varias capas de nieve”, es lo que recuerda Diana Quintana del día que vio la Antártida desde un helicóptero en la primera expedición científica que hizo Colombia en ese continente.

Diana es líder operativo del proceso de investigación científica de la Dirección General Marítima (DIMAR). Estudió microbiología industrial en la Universidad Javeriana de Bogotá y en el año 2000 hizo sus prácticas universitarias en el Centro de Investigaciones Oceanográficas e Hidrográficas de Cartagena (CIOH). “Como bogotanos estamos muy aislados de ese contexto. Fue mi primer acercamiento con el mundo marino. Era la primera vez que salía de mi casa. Era la primera vez de muchas cosas”, cuenta.

Luego de pertenecer a proyectos que se encargaban de monitorear los principales puertos del Caribe colombiano como Bahía Portete, el Golfo de Morrosquillo, la Bahía de Santa Marta y la península de San Andrés, en 2014 surgió la oportunidad de hacer parte de un momento histórico. Era la primera vez que una delegación científica colombiana se embarcaba rumbo a la Antártida.

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La expedición, que fue liderada por el entonces director de la CIOH, el Capitán (r) Ricardo Molares Babra, comenzó su planeación operativa y logística en 2012. La orden inicial fue zarpar en el buque ARC "MALPELO", que contaba con las capacidades oceanográficas necesarias. Sin embargo, solo tenía un propulsor y era insuficiente para enfrentar las condiciones del continente blanco. Con asesoría de expertos chilenos, la Armada Nacional decidió usar el buque ARC "20 DE JULIO" que, por no contar con la capacidad científica requerida, tuvo que ser reformado.

“El viaje estaba pensado para noviembre y ese mismo año, en junio, nos dijeron que teníamos que montar la sede científica. Tuvimos solo seis meses para el alistamiento de la tripulación, los documentos, los soportes técnicos, las vacunas y otras preparaciones personales”, dice.

La Antártida, 13 veces la extensión terrestre de Colombia, es concebido como un continente inexplorado, pero sumamente importante pues los procesos oceanográficos que posee dan origen a la dinámica oceánica planetaria. Al ser la reserva de agua dulce más grande del planeta y por su débil (y en épocas inexistente) capa de ozono, es un foco de atención científica mundial.

Todas estas preocupaciones están reunidas en el Tratado Antártico que fue firmado el 1 de diciembre de 1959 por 12 países (Argentina, Australia, Bélgica, Chile, Estados Unidos, Francia, Japón, Noruega, Nueva Zelanda, Reino Unido, Sudáfrica y Rusia) que habían llevado a cabo actividades científicas en la Antártida con el objetivo de preservar el territorio. Colombia siempre fue adherente al acuerdo y aspira a cambiar en un futuro cercano su estatus al de miembro consultivo.

El buque levó anclas el 16 de diciembre de 2014 desde la Base Naval ARC "BOLÍVAR" de Cartagena, pero no fue hasta el 7 de enero de 2015 que Diana se embarcó en la ciudad de Punta Arenas, ubicada en la Patagonia chilena. El último puerto más cercano a la Antártida.

“Tomé un avión desde Bogotá hasta Santiago de Chile y luego fui hasta Punta Arenas. La maleta se me quedó en Santiago y pensé que me tocaba irme sola con mi abrigo y mis guantes. El buque salía a las 12:00 p.m. del día siguiente y el equipaje, muy oportunamente, llegó a las 8 a.m. Fue muy emocionante ver la bandera de Colombia izada en puerto extranjero y sentir que todos ya te conocían. Se sentía como un hogar”, recuerda.

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Antes de llegar al destino, el equipo tuvo que atravesar “una zona infestada con ocho dragones”, así lo describió la investigadora. Se trata del Pasaje de Drake, un puente marítimo que conecta al cabo de Hornos (Chile) con las islas Shetland del Sur (Antártida) y que presenta muchas turbulencias debido a sus condiciones atmosféricas y oceánicas. La embarcación logró pasar por una “ventana meteorológica”, un fenómeno que se produce cuando dichas condiciones están controladas.

El 13 de enero a las 10:00 a.m., cuando la nave tocó aguas antárticas, la tripulación escuchó: “¡Ballenas a estribor!”, como una bienvenida al territorio de hielo. Esa fue la primera vez que la investigadora vio el espectáculo que ofrecen las ballenas jorobadas (también conocidas como yubarta), que viven allí, y que visitan el Pacífico colombiano entre agosto y septiembre de cada año para tener a sus crías.

Desde la primera estación oceanográfica hecha en Bahía de Fildes (Islas Shetland) el 17 de enero hasta el 1 de febrero, la DIMAR realizó 48 estaciones más en las que tomó muestras de microorganismos, agua, piel de cetáceos y sedimentos. Adicionalmente, logró una identificación del estrecho en un 10% y efectuó mediciones oceanográficas y perfiles del subfondo marino en cinco bahías de la zona. Luego de un mes y medio en la Antártida, el equipo volvió a pisar tierra colombiana el 24 de marzo de 2015.

Desde entonces, Colombia ha liderado otras cuatro expediciones a la Antártida que han contribuido a la navegación y seguridad marítima con la construcción de cartas náuticas y la generación de información sobre las variables atmosféricas del continente. Asimismo, desde la primera excursión de la que hizo parte la investigadora, cuatro mujeres más, Paola Suárez, Ana Lucía Caicedo, Mary Luz Cañón y Jenny Parada, integrantes de la Autoridad Marítima Colombiana, han ido a las otras expediciones.

Después de la tercera expedición, Diana escaló en su carrera profesional y pasó de recolectar muestras desde el interior de las embarcaciones a hacerlo directamente bajo el agua gracias a embarcaciones hundidas, como el ARC "QUINDÍO" que naufragó en 2015 y que ahora es un laboratorio submarino. Se convirtió en buzo y, aunque ya conocía el mar desde los nueve años, lo vio por primera vez con otros ojos.

“Debajo del agua los sonidos te llenan de paz y los animales lucen muy distintos a como se ven en un acuario. Todas esas historias quise contárselas a mi hija, pero no se pudo. En la vida tenemos que vivir retos difíciles y afrontarlos nos hace mujeres fuertes. Lidiar con problemas personales y al mismo tiempo contribuir a tu país”, agrega Diana, quien cursa un doctorado sobre las ciencias del mar en la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

***

Mi pequeña princesita Antonella, ya es hora de dormir, mi amor. Vamos a poner tu canción de cuna favorita mientras mamita te cuenta un cuento. ¿Vale, mi niña? Mami te quiere contar en secreto, una linda historia para que tengas dulces sueños. Quisiera hablarte de un mágico lugar en donde convergen hermosos sonidos de paz, diferentes colores entre azules y verdes claritos. Un lugar precioso, mi niña, en donde tus ojos brillan sin cesar para que puedas contemplar la gran inmensidad del mundo marino. ​

Hoy nos vamos a sumergir las dos en el océano, mi nena. De la mano y siempre juntitas vamos a bucear. Aquí vas a aprender a jugar con caballitos de mar y pececitos de colores, donde las estrellas de mar son hadas y donde encontraremos miles de perlas. Mi niña linda, mientras vas cerrando tus ojitos y te arrullo en mis brazos, quisiera que lograras sentir la plenitud que el mar nos ofrece. Cierra tus ojitos, mi amor.​ Mientras nos sumergimos vas a sentir el sabor del mar, mi princesa, su sabor es salado por las propiedades que tiene, esto hace que los animalitos y las plantitas que vamos a ver tengan poderes especiales. Sí, mi princesa, poderes profundos que les permiten flotar como lo hacías tu cuando estabas en mi barriguita, mi nena.

(…) Verás, mi vida, en el mar todo tiene una razón. Todo tiene un propósito. Todo se mueve en el sentido en el que la luna y el sol les guían. Sí, princesa, esto es mágico. Verás, sus fuerzas definen para dónde va el agua, es algo así como si un gigante inclinara las aguas y todos los niños, en juego armónico, fueran de un lado a otro como un suave arrullo, como el que sientes en mis brazos.

(…) Es tan hermoso ver cómo tus ojitos se han cerrado, feliz y segura en mis brazos, mi amor. Te has quedado dormidita y te contemplo en silencio, viendo tu perfección, tu nobleza y tu gran amor por quienes tanto te queremos. Mañana será otro día, mi amor. Te amo. Ahora duerme, mi nenita. Mamita seguirá explorando el mar para contarte miles de historias más. Tu estarás ahora desde otro cielo, en donde las algas de colores van haciendo pequeños arcoíris que conectan el mar con el cielo, desde donde ahora me cuidas.

*Fragmentos de un cuento escrito por Diana María Quintana en memoria de su hija Antonella, quien falleció cuando tenía seis meses, el 8 de marzo de 2019.

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Daniela Vargas / [email protected]

Nacional

Ciencia en la Antártida: la proeza de Diana Quintana

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