Día Internacional de los Pueblos Indígenas

Cine indígena, el arte de retratar territorios y cosmogonías

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Durante la muestra audiovisual Daupará, que se presentará en la Cinemateca Distrital de Bogotá del 11 al 14 de septiembre, más de 30 producciones audiovisuales plasmarán la amplia cultura de los pueblos indígenas de Colombia.

“Ver más allá”, ese es el significado de la palabra Daupará que está escrita en embera bedea, una lengua que no alcanza los 40.000 hablantes en el país. Ver más allá porque cuando se habla de una narrativa audiovisual indígena se habla de tiempos cinematográficos más lentos, pero sobre todo de un sentir espiritual y de una conexión profunda con el territorio.

En palabras de Gustavo Ulcué Campo, indígena nasa perteneciente al resguardo Canoas, realizador audiovisual y director de la iniciativa, “lo que diferencia a la producción indígena de la que enseñan en las academias es el tema de la espiritualidad, y no se trata de mostrar indígenas haciendo algún ritual, sino de la construcción del contenido”.

La cotidianidad de los pueblos indígenas ha sido contada de muchas maneras, especialmente desde la mirada de aquellos que son extranjeros, y no solo hablamos de estadounidenses, argentinos o españoles, sino de cualquiera que no sea indígena, a los que las comunidades llaman “colonos” o “mestizos”. Sin embargo, visto desde unos ojos ajenos, la cosmogonía y las construcciones sociales desde el territorio, concebido como la raíz de los pueblos, tienden a distorsionarse e incluso a ser estereotipadas causándole daños a la cultura e identidad indígena.

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Como una necesidad de visibilizar a los pueblos, y como una réplica del Festival Internacional de Cine y Video de los Pueblos Indígenas, en 2009 nació Daupará, de una reunión de colectivos y organizaciones como la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic), Cine Minga, Accionar y el Tejido de Comunicación de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (Acin).

Según le contó Ulcué a El Espectador, antes de internarse en las selvas y grabar –o incluso de plantear el proyecto– primero hay que pedirles permiso a los ne'jwe'sx (autoridades territoriales) y a los neej (autoridades espirituales) para estar en armonía y evitar futuros problemas.

“Previamente hacemos unos rituales con las autoridades espirituales del pueblo porque lo que vamos a hacer es capturar las imágenes. Uno puede ver solo ríos y árboles, pero allí están los espíritus en nuestra cosmovisión. A algunas personas que graban sin permiso les ha sucedido que, cuando llegan a Bogotá a editar, las imágenes no aparecen en la cámara. A otros les pasa que la humedad daña los equipos o sufren algún accidente”, aseguró.

En Daupará hay dos categorías: Nuestras miradas, que se refiere a las producciones realizadas por comunidades indígenas; y Miradas que acompañan, que son las muestras hechas por personas externas. Para la versión de este año llegaron cerca de 85 propuestas y alrededor de 40 serán proyectadas en las salas de Bogotá.

La mayoría de las creaciones audiovisuales indígenas tienen una narrativa lenta, “un ritmo que es marcado por la misma naturaleza”. Por la influencia que tuvieron de Marta Rodríguez y Jorge Silva, una pareja de documentalistas que basaron su obra en el humanismo, la antropología y la historia política de Colombia, los indígenas retratan una cotidianidad más realista que ficcional.

“Marta llegó al territorio en los años 70, cuando yo ni había nacido, y grabó la dinámica indígena y los atropellos que sufrían las comunidades. Con el tiempo se dio cuenta de que debía enseñarles a los pueblos el arte del documental para que ellos mismos contaran sus historias. Si otros realizadores, como Ciro Guerra o Dago García, hubieran llegado primero seguramente nuestras proyecciones serían muy distintas”, dijo Ulcué.

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Los contenidos tienen, además, un enfoque más que todo político. El acecho y amenazas por parte de grupos armados, el constante atropello de sus derechos, el abandono estatal y en general el contexto social del país han provocado que el discurso de los pueblos se incline más hacia la denuncia.

Desde su creación, Daupará se ha presentado un año en la ciudad y el año siguiente en alguna región. En la versión de 2018 la muestra se hizo en la Sierra Nevada de Santa Marta y la apuesta de los directores fue –y sigue siendo– la interculturalidad. En Colombia hay 105 pueblos indígenas reconocidos por el Estado y 65 lenguas distintas, lo que quiere decir que las comunidades no se entienden entre sí, al menos no mediante la voz. Como una apuesta para que las culturas fueran reconocidas sin la necesidad de que el español estuviera de por medio –esto como una forma de preservar la cultura–, se hicieron doblajes de las obras. Los subtítulos no bastan porque, por ejemplo, las personas que no saben leer quedarían por fuera de la experiencia.

“Llevo casi 12 años en el mundo del audiovisual y cuando comencé las personas dedicadas a eso nos podíamos contar con los dedos de la mano. Hoy tenemos 46 colectivos audiovisuales indígenas. A nivel nacional puede no parecer mucho, pero en términos de oportunidades y capacidades es bastante”, agregó el director.

Daupará es el único espacio a nivel nacional que tienen los pueblos indígenas para expresar su identidad y transmitirla. Cada pueblo tiene una forma diferente de entender el universo y de conectarse con lo que ellos llaman “los tres mundos”, que no son otros que el cosmos (el cielo), el presente (el mundo terrenal) y el espiritual (lo que occidente conoce como el inframundo).

La cultura de los pueblos –aunque vasta­– es desconocida, y sus producciones cinematográficas lo son aún más. Y aunque han sido reconocidas en espacios como el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (Ficci), en el que cinco películas indígenas fueron proyectadas en marzo de 2019, aún falta mucho para que sean realmente apreciadas en el país.

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