Clamor caucano

Jorge Arias aboga porque el Estado ponga sus ojos en esa región e incremente la inversión social para sacarla de la crisis.

Convencido de que la muerte en circunstancias extrañas del joven Mauricio Largo, en la vereda El Venadillo el pasado jueves, pudo evitarse, el alcalde de Caloto (Cauca), Jorge Arias, habla con cierto dejo de impotencia y afirma que “todo ha estado calmado, gracias a Dios; hay una tranquilidad, claramente relativa, porque hay tristeza y mucho dolor al interior de la comunidad”.

Al poner en contexto lo sucedido explica que “a finales de junio pasado el Ejército se ubicó en uno de los corregimientos, que luego fue objeto de varios hostigamientos por parte de la insurgencia, poniendo en riesgo la integridad física de la población civil. Esto llevó a que la comunidad se desplazara como consecuencia de los diversos hostigamientos; de hecho, a una de las viviendas del lugar la impactó un ‘tatuco’, provocando daños materiales, pero afortunadamente se encontraba sola en ese momento y no hubo ningún muerto ni heridos”.

Por esa razón, dice, los pobladores se desplazaron desde el 6 de julio a Caloto y le solicitaron al gobierno departamental que instalara una mesa de negociación con el sector campesino, escuchara las peticiones y, en lo posible, las atendiera.

Al no obtener respuesta, los campesinos optaron por cerrar la vía que conecta a Caloto con Corinto, en el norte del Cauca, situación que llevó a la confrontación con la Fuerza Pública, precisa Arias.

En hechos confusos, Mauricio Largo, de 29 años de edad, habitante de la vereda El Venadillo, perdió la vida, y ayer fue velado en la vereda Huasanó, donde la comunidad le brindó el último adiós.

Además, hubo tres heridos más; uno de ellos recibió un impacto de bala en un brazo y fue remitido a Popayán, otro tenía heridas superficiales y fue dado de alta ayer, y el tercero pasó la noche en el centro médico.

“Esto se pudo evitar porque la posición de la comunidad campesina era pacífica. Ellos venían pidiendo al Gobierno que movilizara al Ejército en una posición en la que no pusiera en peligro a la comunidad; los campesinos estaban planteando una distancia de 500 metros porque el Ejército estaba en el casco urbano de este corregimiento. Lo estaban pidiendo para no ser objeto del fuego cruzado. Al no darse esto, la comunidad campesina optó por tomarse la vía”.

El alcalde de Caloto destaca que el gobernador del Cauca, Temístocles Ortega, ha mediado para que se solucione la situación, “pero entendemos que hay exigencias del gobierno central y esto ha provocado los hechos que hoy tenemos”.

Arias advierte que la crisis que se vive en el norte del Cauca “no se puede solucionar con presencia militar. Se hace con inversión social, buscando que a la comunidad se le garanticen los servicios básicos, que se dignifique, que la comunidad supere la precariedad en la que se encuentra; esa es la mejor intervención que puede hacer el Gobierno en estos momentos”.

Concluye afirmando que “la gente está en medio de sus necesidades, y la presencia militar no garantiza que la gente esté bien, porque lo que necesita es trabajo, salud, educación, que se ponga en el campo a producir las tierras”. 

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