En Colombia hay mas de 362 personas con el nombre de Jorge Eliécer Gaitán

El Espectador reunió a Jorge Eliécer Gaitán y Juan Roa. El primero es de tradición conservadora y el homónimo del verdugo del caudillo resultó gaitanista.

En Colombia figuran 362 personas con ese nombre: Jorge Eliécer Gaitán. Sólo seis sobrellevan el calvario bautismal de su verdugo: Juan Roa. Son datos precisos de la Registraduría Nacional del Estado Civil. Y aunque escurre menos originalidad, naturalmente el nombre del efervescente liberal ha protagonizado más bautizos en los últimos 60 años que el del asesino de marras. Y llenó el país de tocayos que perpetúan su nostalgia. En especial en esta época.

Pero tres Jorge Eliécer Gaitán en una sola casa parece exagerado. Incluso para Colombia, tan llevada por las rarezas y los excesos. Pero pasó. Padre, hijo y nieto. Todos bautizados como el caudillo. Viven en el barrio Los Alcázares, al norte de Bogotá. En su casa no hay altares de Gaitán ni mucho menos. Tampoco trapos rojos. Y se diría que cargan los billetes de mil (donde aparece su figura) en los bolsillos porque toca, “porque es plata al fin y al cabo”, o porque, en últimas, es menuda para el bus.

¡Quién lo diría! En la casa donde habitan más gaitanes por kilómetro cuadrado en el país, abunda el conservatismo. Son godos. Alvaristas. Al otro extremo de Bogotá, en la localidad de Bosa, vive Juan Roa, un operario de una empresa de plásticos. Nació en 1968. Veinte años después de que su homónimo asesinara a tiros al caudillo y fuera linchado por la turba furibunda. Cristiano. Dos hijos: Wendy y Sebastián. Honrado. Lector entusiasta. De estrato dos. 72 kilos. 1,70 de estatura. Bachiller del colegio Restrepo Millán del Quiroga. Ah, y furibundo liberal gaitanista.

Vidas paralelas

Empecemos por los gaitanes conservadores. El mayor de este legado nominal nació el 8 de mayo de 1948, un mes después del Bogotazo, en Barbosa (Santander). Nombre completo: Jorge Eliécer Gaitán Bernal. Su padre Eudoro Gaitán —nacido en 1921 en tiempos del presidente Marco Fidel Suárez—, seguidor moderado del Ospinismo, se dejó convencer de su compadre Coronado —ese sí liberal gaitanista— y, como homenaje a su memoria, terminó bautizando a su hijo con el nombre del caudillo recién asesinado.

Las aguas turbulentas desatadas por el magnicidio aún no cesaban, y Barbosa ya tenía un nuevo Jorge Eliécer Gaitán, pero godo. “Mi padre era conservador, pero reconocía en Gaitán un político fogoso y se lamentó cuando lo mataron”, dice. A los 14 años se fue de la casa a buscar fortuna. Llegó a Bogotá. Y cuando se presentaba diciendo “buenas, me llamo Jorge Eliécer Gaitán, estoy buscando trabajo”, la gente lo miraba de cabo a rabo y bromeaba con los clichés de siempre: “¿cómo?, ¿resucitó?”.

Pronto se enroló en el Ejército y se pensionó a los 38 años como sargento primero. Durante su paso por filas castrenses las burlas mermaron por una razón elemental: “Allá me decían ‘Gaitán Bernal Jorge Eliécer’, y así la cosa como que perdía fuerza”, cuenta. Pero si de coincidencias se trata, recuerda en particular una: en el Ejército solía reunirse con frecuencia con Marco Fidel Suárez y Álvaro Gómez, dos suboficiales como él, “entonces nos veíamos y era una recocha. Imagínese, con los nombres que teníamos y éramos unos simples militares”.

A los 40 años le dio por estudiar economía y hoy es dueño de un grupo empresarial importante que bien podría estar enquistado dentro de esa oligarquía contra la que tanto arreció su homónimo político. Gaitán cuenta que no es así, que él también es de origen popular como Gaitán, que tiene lo que tiene porque se hizo a pulso y que de alguna forma se siente gaitanista porque “trato de ayudarle a la gente necesitada”. Y seguidamente dice que ansiaba tener un junior, pero primero vinieron las hijas. Hasta que llegó el varón y, con él, la segunda generación del Jorge Eliécer Gaitán.

El segundo caudillo del hogar —Jorge Eliécer Gaitán Rivera— estudia Derecho en la Sergio Arboleda y no duda un ápice cuando le pregunto si quizá es liberal como Gaitán: “Yo soy Gaitán —me dice—, pero soy conservador de derecha”. Nació un 28 de abril, hace 25 años. “Como abogado me parece una lumbrera, pero disto mucho de su ideario político socialdemócrata”. Se nota que su sangre es más azul que la de su padre.

¿Cómo hace entonces para sustraerse de la avalancha mediática que da por descontado que el apellido Gaitán encarna la revolución? “Más que un estigma, mi nombre es una ventaja: ‘Ahí está el Gaitán conservador’ ”. Aunque reconoce que llevar un nombre como ése tiene sus consecuencias. Los 9 de abril oye las burlas gastadas de siempre, que estamos de luto, que el abuelo, que qué pesar; pero a diario sortea un mote que con el tiempo terminó aceptando: “Billete e’ mil”. “También me molestan con que ese billete es mi tarjeta profesional de abogado en los juzgados”.

Su hijo —el tercer Jorge Eliécer Gaitán de la casa— tiene 11 meses y 11 días. Y espera que siga la línea conservadora a pesar de todos los pronósticos y de tener una tía abuela que se llama ni más ni menos que Gloria Gaitán (el nombre de la hija del caudillo).

En contraste, Juan Roa, el operario gaitanista, tiene un corte más de izquierda, aunque critique las salidas en falso de Gloria Gaitán. Hace parte del sindicato de su empresa y, como con la saga de los gaitanes conservadores, siempre sufre con estas fechas.

“Vuelven a decirme ‘cuidado, ahí va el asesino de Gaitán’ y se echan a reír mis amigos”, relata con desparpajo mientras recuerda que su padre, Luis Enrique Roa, vivió en carne propia los estragos del Bogotazo, vio fallecer a tiros un hombre a su lado y cargó los cadáveres apilados que dejó la catástrofe “por órdenes de la policía”. Aún vive y, como Juan Roa, también profesa su admiración por Gaitán. Qué importa que su hijo lleve el mismo nombre del verdugo del caudillo. “Juan Roa era un loco —dice Juan Roa—. Alguien lo incitó para matar a Gaitán”.

El Espectador los reunió el viernes pasado. A Roa y a Gaitán, el mayor. El encuentro fue muy corto. Roa estaba en su turno laboral. Se saludaron. Estrecharon sus manos y se echaron a reír al darse cuenta del absurdo. Dos hombres en orillas distintas, con ideologías abiertamente contrarias, pero con los mismos nombres de los protagonistas de un hecho histórico que partió al país hace 60 años.

(*) Nota del 11 Abril de 2008 

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