"Colombia suena bien"

La capital del Cauca celebró la independencia a punta de chirimías, vallenatos, joropo y salsa.

Por un momento los caucanos olvidaron la crisis de orden público en la que se encuentra su departamento. Mientras en Toribío, indígenas, campesinos, Ejército y guerrilla escribían otro capítulo de un conflicto de más de cien años, en Popayán cerca de mil asistentes al coliseo Tulcán de la Universidad del Cauca celebraron la independencia como si hubiera sido ayer. En el lugar hubo desde un Petronio Álvarez hasta una feria de Cali. Si alguien no se animó fue porque no estuvo allí.

“Colombia es multiétnica, plural. Eso sí, desde un vallenato hasta un torbellino, Colombia suena bien”, aseguró la ministra de Cultura, Mariana Garcés, minutos antes del concierto. Y agregó: “La música es un lugar neutro. En ella no tiene espacio el conflicto sino la armonía”. “La música es unidad y eso es algo que es bueno recordar en estos momentos”, aseveró, por su parte, el ministro del Trabajo, Rafael Pardo, otro de los representantes del Gobierno en la capital del Cauca. El presidente Santos se conformó con enviar un mensaje desde algún lugar de la patria.

“Queremos un país mejor”, cantó el vocalista de la orquesta infantil de la Escuela de Música Niña María, del norte del Cauca. Y su voz sonó a petición, quizás a protesta. Sea como sea, la música se apoderó de los cerca de mil asistentes y empezaron a corear: “Queremos un mejor país”. Lo hicieron una y otra vez. Entonces la marimba retumbó al mejor ritmo del Pacífico colombiano y el protocolo se rompió. No hubo quien se quedara sentado.

Minutos antes, el escenario se había engalanado con la presencia de la Orquesta Caucana de Vientos La Scala, una agrupación muestra de la pluralidad que caracteriza al departamento: mestizos, afrocolombianos, blancos y dos indígenas paeces vestidos con su mejor ajuar. Después arribaron al coliseo jóvenes llaneros —“embajadores de la mitad de Colombia”, aseguró uno de ellos—, quienes por poco acaban con sus cotizas y con el coliseo entero gracias a la fuerza de su baile.

Luego vino el vallenato, de la mano de la Orquesta del Turco Gil, compuesta en su totalidad por menores de 16 años. Uno a uno los jóvenes fueron pasando al frente y no se amilanaron con el público. Varios de ellos se bajaron a bailar con los asistentes, por mal que éstos lo hicieran.

La salsa llegó de última. Esto no amedrentó a la Orquesta Sinfónica Juvenil del Valle del Cauca —conformada por varios ensambles de salsa reunidos para la ocasión—, que entonó canciones que en el Día de la Independencia son tan himnos como “Oh gloria inmarcesible”. Al ritmo de Cali Ají la concurrencia fue una sola, así como cuando salió la banda de Lucho Bermúdez a homenajear a uno de los artistas más completos de la historia colombiana. Al finalizar Colombia, tierra querida saltó la concurrencia.

“Esta celebración, aquí en Popayán, se venía planeando desde hace varios meses. No tiene nada que ver con lo que está ocurriendo en Toribío, es pura coincidencia”, concluyó la ministra Garcés. No obstante, queda en el aire la sensación de que el Cauca necesitaba una fiesta como ésta en un momento trágico como el que vive. La Independencia, más allá de los lugares comunes que siempre se generan a su alrededor, se vivió en el Cauca como si fuera una catarsis regional a un dolor que sigue ahí.

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