Competitividad a toda costa

El documental de Netflix, "En busca del coral", dirigido por Jeff Orlowski muestra a través de la observación directa de inmensas colonias coralinas cómo estos ecosistemas están muriendo de forma masiva y acelerada debido al aumento de la temperatura de las aguas.

Los corales de VaraderoCortesía de Yasser Romero

Cuando los gobiernos de las democracias más avanzadas del mundo firman acuerdos para enfrentar las consecuencias devastadoras e inciertas generadas por unos sistemas productivos que han abusado de la naturaleza durante siglos, en Cartagena, sin embargo, asistimos al más extraño fenómeno: en vez de alinearnos con las políticas mundiales de protección al medio ambiente y mitigación del cambio climático nos empeñamos en inventar proyectos que agredan ecosistemas esenciales para la sobrevivencia del ser humano. Y creemos que eso genera progreso y nos vuelve más competitivos.

El documental de Netflix, En busca del coral (2017), dirigido por Jeff Orlowski y premiado en varios festivales de cine en el mundo, muestra a través de la observación directa de inmensas colonias coralinas y de entrevistas a científicos cómo estos ecosistemas están muriendo de forma masiva y acelerada debido al aumento de la temperatura de las aguas ("solo" 2 grados). Mientras tanto los expertos, estupefactos, no saben cómo detener la mortandad. Los arrecifes coralinos, también llamados “selvas del mar”, ocupan solo el 0.1% en la superficie de los océanos y, sin embargo, albergan y propician la reproducción del 25% de todas las especies marinas. Los corales son esenciales, además, para mantener la salud de los océanos, así como el equilibrio y supervivencia de miles de especies, entre ellas, la nuestra. 

Al día de hoy, con toda la tecnología que existe, no se sabe qué pueda suceder iniciado ya “el colapso ecológico de todo un ecosistema”. La gravedad de la situación es tal que el documental registra la muerte del 29% de la Gran barrera de coral (Australia) en 2016, “eso equivale a perder todos los árboles desde Washington D.C. hasta Maine (1073 km)", lo que representa la distancia aproximada entre Cartagena y Bogotá. Esta mortandad está ocurriendo en todos los océanos del mundo y los estudios recientes no han descubierto aún cómo mitigarla pues está sucediendo con inmensa rapidez. Suponen los científicos que, a este ritmo, en 30 años habremos perdido la totalidad de estos ecosistemas. Explica uno de ellos que es como sacar cartas y cartas de un castillo de naipes, "¿qué pasará cuando, a causa de esta pérdida, nuestro sistema colapse?", se pregunta.

En este contexto de alarma mundial, el gobierno nacional junto con los portuarios en Cartagena están avanzando en el proyecto de construcción de un Canal que implicaría el dragado del recientemente descubierto arrecife coralino de Varadero. Éste ha resultado ser un ecosistema excepcional ya que ha sobrevivido al calentamiento de las aguas pero también al sedimento y la contaminación recibidos desde el Canal del Dique durante décadas sin que los científicos sepan aún cómo ello ha sido posible. Insólito proyecto el del Canal, por no decir insensato, cuando en Varadero podrían estar las claves para la reforestación mundial de estos frágiles ecosistemas y, por consiguiente, de su sobrevivencia, de la nuestra. 

El descubrimiento de Varadero hace tres años debería haber sido un factor de inversión en preservación e investigación por parte del gobierno nacional y de las universidades privadas. En cambio, ambientalistas locales y científicos foráneos luchan con las uñas para impedir la viabilidad del proyecto impulsado por los portuarios. Insólito, por no decir paradójico, cuando se supone que la defensa del Patrimonio Natural de la Nación y de la Humanidad debería ser una prioridad para el Estado, y no el propiciar un beneficio económico para el sector privado. Si esto es competitividad, no quiero imaginar el futuro que nos espera.

*Historiadora, comunicadora y doctora en Creatividad Aplicada (Universidad Complutense de Madrid)