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hace 2 horas

La Comuna Ocho tendrá dos metrocables

Cerca de 135 mil habitantes esperan ansiosos la llegada de este sistema de transporte. Uno de los cables empieza a operar en diciembre y el otro en el primer semestre de 2016.

Así avanza la construcción de dos metrocables en la Comuna 8 de Medellín. / Luis Benavides

A los habitantes de la Comuna 8 de Medellín, cerca de 135.000 personas, les llegó la hora de tener metrocables. Algunos habitantes no ocultan su emoción cuando hablan sobre la obra que, según ellos, mejorará la zona: el metrocable Pan de Azúcar (línea M) y el de La Sierra (línea H), dos brazos del tranvía de Ayacucho (línea T), que arranca en el centro de Medellín.

El Metro ya ha cuantificado los beneficios del Corredor Ayacucho. Transportará 82.000 pasajeros al día y, a precios de 2009, les retribuirá $91.000 millones a las tres comunas vecinas del proyecto (10, 9 y 8). Los cálculos surgen del ahorro de tiempo en transporte, la reducción en accidentalidad, la valorización de las casas, las obras de urbanismo, etc.

De la trocha a los cables

A sus 71 años, Rafael Bernardo Escobar se imagina los cambios que tendrá el barrio y dice que no se iría para otro sitio de Medellín, así suba de estrato (de las cerca de 36.000 viviendas de la Comuna 8, 27.000 son de estratos 1 y 2). Recuerda que hace 36 años, cuando llegó, ningún carro entraba allí. Todos los días descendía de la montaña por una trocha para ir al trabajo. En un punto del camino, donde esperaba el bus, se quitaba los zapatos, los metía en el hueco de una barranca donde los vecinos habían hecho especies de casilleros y se calzaba un segundo par de zapatos limpio.

El crecimiento acelerado del barrio, que como otros sectores de Medellín se expandió en las décadas de los 70 y 80 debido a la industrialización y la violencia, motivó a los transportadores a llegar a más rincones. La primera flota, coinciden los habitantes de El Pinal, era de carros “piratas”.

Ahora el transporte de este barrio se transformará con el tranvía, dos metrocables y alimentadores. Los cambios significarán la reducción de 15.000 toneladas de dióxido de carbono por año.

¿Milagro para la seguridad?

Algunos habitantes creen, incluso, que la seguridad, uno de los aspectos más críticos de las últimas décadas, mejorará con la transformación del transporte.

A finales de los 80 estuvieron allí las milicias 6 y 7 de Noviembre, impulsadas por el Eln. A comienzos de los 90 y de la década pasada se establecieron los bloques Metro y Cacique Nutibara de las Autodefensas, al mando, respectivamente, de alias Doble Cero y alias Don Berna. Luego, la zona fue azotada por la disputa de dos facciones de la Oficina.

En los últimos dos años la seguridad ha mejorado. El primer metrocable de Medellín, por ejemplo, habría ayudado a disminuir la violencia. Según un estudio elaborado por la Universidad de Antioquia y la Universidad de Columbia, la línea K —inaugurada en agosto de 2004— y el conjunto de obras que se hicieron después influyeron en la disminución de la violencia en las comunas 1 y 2 entre 2003 y 2008.

En ese período se dio el proceso de desmovilización de los grupos paramilitares y, según Medicina Legal, las tasas de homicidios en la ciudad en 2002 y 2003 fueron de 177 y 107 por cada 100.000 habitantes, respectivamente, y en 2008 y 2009 de 47 y 94.

“El metrocable no hace milagros”

Al primer metrocable para uso comercial de Medellín y el mundo se le atribuyen este “milagro” y otras bondades. Por ejemplo, la línea K, en los primeros 10 años, les ahorró $84.533 millones en pasajes. El impacto ha sido tan alto que, según el estudio Movilidad urbana y pobreza, los cables de Medellín han inspirado proyectos de cable como los de Soacha , Cali, La Paz (Bolivia), Caracas (Venezuela) y Complexo do Alemão (Brasil).

Sin embargo, “el metrocable no hace milagros”, le dijo a El Espectador Peter Charles Brand, docente de la Universidad Nacional sede Medellín y coautor del estudio.

Otro impacto destacado por el Metro y las autoridades locales es que los metrocables han hecho sentir a las comunidades que son parte de la ciudad y han creado otros imaginarios. En las comunas 1 y 2 “lo primero que pintaban los niños era muchachos en moto, bandas, pistolas…. Ahora los imaginarios se reflejan en dibujos de cabinas y trabajos en el Metro”, afirma Carlos Ortiz, jefe de innovación y desarrollo del Metro.

Para Angélica, quien vive a pocos pasos de la estación El Pinal (línea M), los efectos no son modestos. Su casa se puede valorizar en 53% y su entorno cambiará radicalmente. Ahora sueña con el día que abra la cortina y vea por su ventana un nuevo paisaje: un conjunto de 47 cabinas que se desplazan mediante un cable a cinco metros por segundo, entre las estaciones Miraflores y Trece de Noviembre.

En ese punto, muy cerca de donde hace 28 años un deslizamiento mató a 500 personas, el metrocable se conectará con otro megaproyecto: el Jardín Circunvalar de Medellín, que pretende frenar la expansión de la capital antioqueña en sus laderas y transformar estas zonas marginales.

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