"Creo ciegamente que a Samper lo eligieron dineros del narcotráfico"

El general (r) Harold Bedoya sostiene que no le dio golpe de Estado a Samper porque quería que la justicia lo metiera a la cárcel.

El general (r) Harold Bedoya Pizarro. / El Espectador

Hace 20 años, durante el difícil cuatrienio de Ernesto Samper, el general Harold Bedoya cumplió un controvertido papel y llegó a rumorarse sobre un golpe de Estado. Hoy, desde el retiro, pero polémico como siempre, en entrevista con Los Informantes del Canal Caracol, Bedoya recuerda esos difíciles momentos y otros que vivió en los 47 años que estuvo vinculado a las Fuerzas Militares.

¿En qué momento se decidió por la carrera militar?

En 1955, en Cali. Tenía 15 años y el presidente era Rojas Pinilla. Me llamó la atención el Ejército porque lo estaba haciendo bien y había paz. La guerra entre liberales y conservadores se había acabado, las guerrillas del Llano también; mi papá admiraba a Rojas. Entré al Ejército y estuve 47 años. Mi grado de oficial lo obtuve en 1959, justo cuando Fidel Castro se tomó el poder en Cuba.

¿Y cuáles fueron sus primeras experiencias?

Con Guillermo León Valencia, el presidente de la paz que acabó con bandoleros como Sangrenegra, Desquite, Tarzán o Pedro Brincos, uniendo al pueblo con sus Fuerzas Militares. Después aparecieron las Farc, el Eln y el M-19, hasta que llegó un presidente que los trancó: Julio César Turbay Ayala.

¿Cómo vivió esos años con Turbay?

Como comandante de un batallón de inteligencia en Bogotá. Me tocó participar en la captura de guerrilleros del M-19, del Epl, hasta de unas monjas de algo que se llamaba Fuerzas Unidas de Acción Guerrillera. Con el Estatuto de Seguridad combatí organizaciones criminales y terroristas de altísima peligrosidad.

¿Y qué pasó después de Turbay?

Vino Belisario Betancur que hizo lo contrario. Sacó de las cárceles a los guerrilleros y se tomaron el Palacio de Justicia. Las Farc, que en ese momento podrían tener 13 frentes, llegaron a 30. Nunca vi tan abandonado al Ejército como en esa época.

¿Dónde vivió esos años?

En Guardia Presidencial y en el Palacio de Nariño, porque fui jefe de la Casa Militar. Me tocó recorrer muchas regiones y vi situaciones dolorosas. Los soldados tenían los vestidos remendados, no había raciones de campaña ni gasolina, los helicópteros no podían maniobrar. Después llegó el gobierno Barco, que tuvo lucidez en sus comienzos. Le pedimos un estatuto de seguridad para enfrentar a la mafia y creó uno de orden público. Luego vino Escobar con su terrorismo, sus secuestros y sus alianzas con la guerrilla.

¿Cuáles alianzas?

La del M-19 que se tomó el Palacio de Justicia con plata del cartel de Medellín. Luego vino la reforma de 1991, cuando Gaviria les entregó en bandeja a Escobar y a los Rodríguez la opción para que no fueran extraditados. Por andar siempre en eso de amnistiar e indultar es que el país está como está. Así desaparece la justicia.

Y llegamos al gobierno Samper. ¿Cómo lo recuerda?

Las Farc tenían paralizado al país, a Colombia se la consideraba de narcotraficantes y se decía que el presidente había ganado con dineros de la droga.

¿Usted qué pensaba?

Que era un gobierno ilegítimo. Después el Congreso lo absolvió y murió la justicia. Al señor no le pasó nada y sigue por ahí de pontífice del país.

¿Y cómo hizo para ser comandante del Ejército en un gobierno que consideraba ilegítimo?

La situación de Colombia era grave y había que enfrentarla. Recibí el cargo a conciencia de lo que me iba a tocar, pero le dije al ministro Botero, cuando me llamó a Washington, que no estaba de acuerdo con muchas cosas: “Dígale eso al presidente para que sepan en qué palo se van a trepar”.

¿Y al presidente Samper qué le dijo?

El día que me pidió la renuncia le dije que el que tenía que irse era él. “Usted es el responsable de todo lo que le pasa al país”, le contesté. “No renuncio, usted es el comandante, así que tome decisiones”. Él temblaba porque es cobardón, porque cuando a los bandidos se les habla de frente tiemblan.

¿Cómo fue esa reunión?

Me citó a la Casa de Nariño y me dijo que iba a reformar las Fuerzas. Le contesté que me acababa de nombrar y no podía estar cambiando la línea de mando; además, que el problema del país no eran las Fuerzas Militares sino él.

Hubo rumores de golpe de Estado.

Hice lo que me dictó la conciencia para defender las instituciones, la patria y hasta el Congreso. Yo no estaba para dar golpes de Estado.

¿Pudo haberlo dado?

Pues claro. No lo di porque quería que la justicia metiera a la cárcel a Samper. Pero el Congreso absolvió, el Consejo Electoral absolvió, el Consejo de Estado absolvió, todos absolvieron. Qué podía hacer un comandante militar con tantas absoluciones. Desde ese momento supe que había que transformar al país desde la justicia y me hice candidato.

Pero a raíz del asesinato de Álvaro Gómez volvieron los rumores del golpe.

Eso fueron inventos de los medios. Nunca hablé con Álvaro Gómez ni con nadie de ese tema. Ni asistí a reuniones, ni me invitaron a nada.

¿Cómo recuerda otro episodio crítico, el del primer despeje militar para liberar secuestrados en 1997?

El caso de Las Delicias en el Putumayo. La guerrilla secuestró a 60 militares y mató a 26. Quería además que les despejáramos todo el Caguán. Me opuse porque uno no puede permitir que por medio de un delito se cometan otros y los militares terminen siendo responsables de afectar la integridad territorial. Justo lo que quieren hacer ahora con esas zonas campesinas que se están inventando en Cuba.

Y se opuso al nombramiento de Guillermo Alberto González como ministro de Defensa.

Porque alguien me dijo que también andaba metido en vainas. Es que en el Proceso 8.000 había como 30.000 cheques girados a políticos corruptos, pero el fiscal Alfonso Gómez Méndez los desapareció después.

Pero ¿hubo o no ruido de sables?

El único ruido de sables fue cuando llegué al comando del Ejército y el Gobierno quería hacer un despeje en La Uribe. Me reuní con un grupo de asesores de alto calibre y les dije que eso era traición a la patria. Se hizo un informe que se volvió público y fue escándalo. Pero qué ruido de sables iba a haber si el golpe de Estado ya lo había dado Samper con el cartel de Cali.

¿Cómo ve hoy a las Farc?

Las Farc han querido tomarse el país desde que aparecieron, pero el Ejército no lo ha permitido, ni algunos gobiernos, como los de Guillermo Valencia, Julio César Turbay y Álvaro Uribe, que se pararon en la raya. Por eso es que hay que votar por quien defienda a la patria y a sus soldados.

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