Cultura de placer y tradición

La bebida nacional se ha transformado para satisfacer gustos y cautivar a las nuevas generaciones. Así ha logrado sus objetivos.

Una taza de café siempre será una excusa en Colombia para entablar una conversación. A su alrededor se construyen amistades, se concretan negocios o se comparte en familia. El café está presente en lo simple y en lo profundo, desde el primer momento en la mañana hasta cuando cae la tarde. Más del 89% de los colombianos lo consideran la bebida nacional y por eso no sorprende que alcance una penetración en los hogares del 82% en las principales ciudades del país, de acuerdo con el último estudio de Synovate para el programa Toma Café.

Se trata de un producto que no puede faltar en las góndolas de las grandes superficies y además tiene una presencia del 86% en las tiendas de barrio, en las cuales se comercializa más del 60% de alimentos en el país, según un estudio de Nielsen de Colombia. Y mientras en los estratos 2 y 3 los hábitos de consumo están asociados a la tradición y a la costumbre, en los sectores medios y altos tomar café se relaciona con la experiencia gustativa. No obstante, los consumidores coinciden en que el café es sinónimo de bienestar y de sentido de pertenencia.

“El café negro o tinto está asociado a una arraigada tradición que nos ayuda a sentirnos cerca de los demás, es un generador de conversaciones, ayuda a sentir impulsos de energía y vitalidad, mejora el estado de ánimo y a muchos los relaja. Es la bebida del anfitrión en el hogar y en el trabajo, y hace que quien llega se sienta bienvenido y acogido”, asegura Ana María Sierra, coordinadora ejecutiva del programa Toma Café.

El consumo del café, explica, se inicia durante la adolescencia, en los espacios de socialización en la universidad o en la etapa productiva y se incrementa con el paso del tiempo, siendo los mayores consumidores las personas que superan los 30 años.

La evolución

El consumo, sin embargo, sufrió un estancamiento hace dos décadas. Desde entonces la industria tuvo que llevar a cabo una estrategia para reactivar el crecimiento. De esta forma, se introdujo una variedad de preparaciones de café en tiendas especializadas, como el capuchino, los frappés y otras bebidas con base en el café expreso para cautivar a los más jóvenes. Y lo lograron, ya que las nuevas tendencias han representado un incremento sostenido en la ventas del 2,7%. Poco a poco se fue extendiendo la fiebre del café a las cadenas de comidas rápidas, donde es cada vez más común encontrar cartas de bebidas calientes.

A su vez, lo que los consumidores prueban en los lugares especializados lo han replicado en sus casas. Al tinto y al café con leche se suman el granizado, el moca o el capuchino. La industria encontró allí una oportunidad para seguir creciendo al crear productos instantáneos y listos para tomar en cualquier lugar.
Pero las motivaciones de consumo de los colombianos están relacionadas también con factores psicológicos que varían con cada ocasión.

“Hay bebidas que nos hacen sentir liberados, otras que nos hacen sentir parte de un grupo y nos invitan a compartir, bebidas que nos reafirman en nuestro yo, dándonos argumentos de reconocimiento y estatus y que nos hacen sentir seguros y bajo control”, concluye Sierra.

A fin de cuentas, sin importar sus propiedades o su sabor, alrededor de una taza de café los colombianos construyen su identidad, socializan y además edifican el futuro.

 

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