A dejar los pañales

La atención a los niños entre los cero y los cinco años en Colombia ha aumentado en cobertura, pero un reciente informe presentado en Fedesarrollo señala preocupaciones en materia de calidad. Cualificación de los maestros es la prioridad.

Hace dos meses pasó desapercibida una publicación científica que siembra inquietudes acerca de la transformación de la política de primera infancia en Colombia. El estudio, realizado por la experta Raquel Bernal, y publicado por Fedesarrollo, señala que el plan de transformación de la educación para los niños de 0 a 5 años, aún no refleja mejoras en esta población en términos cognitivos y emocionales.

El estudio analiza algunas investigaciones previas, dentro de las cuales llaman la atención los resultados preliminares de dos de ellas que aún son inéditas: una es la evaluación de impacto del programa de Jardines Sociales y Centros de Desarrollo Infantil del ICBF, realizada por la misma Bernal y otros científicos en 2012. La otra es un estudio sobre la calidad de la educación ofrecida por jardines privados y cofinanciados (es decir, jardines privados en donde el Distrito paga la matrícula de un cierto número de niños) para los estratos 1, 2 y 3 en Bogotá, firmado por Carolina Maldonado y Elizabeth Votruba-Drzal.

Desde 2009, el programa evaluado por Bernal se ha encargado de trasladar niños atendidos en hogares comunitarios hacia Jardines Sociales y, desde 2012, a Centros de Desarrollo infantil (CDI). Según el documento publicado por Fedesarrollo, el equipo evaluador no encontró beneficios evidentes (excepto por cierta mejora del estado nutricional) en el traslado de una modalidad de atención a la otra. “Esto es preocupante porque el costo de atención es cuatro veces mayor al hacer la transición”, afirma Bernal, quien dirige el Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico de la Universidad de los Andes (CEDE). Mientras un niño en un hogar comunitario le cuesta anualmente al gobierno cerca de $900.000, el servicio de un CDI cuesta unos $2´800.000.

La investigación de la directora del CEDE no observó efectos significativos en el desarrollo cognitivo y socio-emocional de los niños e, inclusive, los hogares comunitarios arrojaron puntajes superiores por la calidad de las interacciones entre los niños y sus cuidadores.

Entre tanto, Carolina Maldonado, quien es directora de proyectos académicos de Los Andes, encontró en los jardines de su muestra pocas situaciones en que las profesoras proponen actividades que desarrollan habilidades de pensamiento. Su conclusión es que el desarrollo de los niños “parece estar dependiendo de sus familias”. Además, asegura que los jardines no están aportando mucho más que mantener a los chicos seguros mientras sus padres trabajan.

Ninguna de las modalidades de atención estudiadas por Bernal y Maldonado superó un puntaje de 3 sobre 7, correspondiente a “calidad mínima” en la escala de medición empleada. “Esto implica que en los estratos uno y dos no se cuenta con un ambiente pedagógico propicio para el desarrollo de los niños”, concluye Bernal, aunque añade que “la cobertura de atención a niños menores de cinco años en Colombia es de las más altas de Latinoamérica. Los estudios revelan, sin embargo, que la calidad de los programas existentes limita su potencial”.

Los hogares comunitarios aparecieron como programa del ICBF en 1986. En ellos, una líder comunitaria recibía en su casa a unos 13 niños para alimentarlos, cuidarlos y educarlos. Sin embargo, en los últimos años comenzó a revaluarse esta modalidad de atención a la primera infancia, a partir de algunas dificultades que fueron detectadas. Por ejemplo, las condiciones de sanidad en algunas de las viviendas eran deficientes e incluso se registraba hacinamiento. La madre comunitaria trabajaba tiempo completo, sin asistencia de nadie y recibiendo de parte del ICBF solo el 70% del salario mínimo vigente y no más que el 30% del requerimiento nutricional diario para cada infante.

El debate planteado por las investigadoras de la Universidad de los Andes llega en un momento crucial. Por un lado, cada vez son más las voces que aseguran que no basta con garantizar la cobertura de la atención a la primera infancia en materia de infraestructura, sino que hay que invertir en todas las dimensiones que afectan su calidad. Por el otro, el movimiento de la sociedad civil Todos por la Educación, una coalición de diversos actores que busca presionar por mayores y mejores políticas de educación en el país, ha declarado que los programas de primera infancia en Colombia deben integrar “cuidado, afecto, respeto, salud y educación”.

Constanza Alarcón, coordinadora de De Cero a Siempre, la estrategia intersectorial del gobierno de Juan Manuel Santos para la atención integral a la primera infancia, defiende el aumento del presupuesto y asegura que 16.000 madres comunitarias han sido tituladas como pedagogas y que las 62.800 restantes reciben el 100% del salario mínimo. Añade que en los CDI los niños ya cuentan con el 70% del requerimiento nutricional diario y son atendidos en infraestructuras que cumplen estándares de calidad donde están al cuidado de un equipo profesional interdisciplinario. La estrategia ha logrado la cobertura de 1´200.000 niños, que es la mitad de la población vulnerable menor de seis años en Colombia.

De acuerdo con Alarcón, hoy existen unos derechos laborales y nutricionales, y unas condiciones higiénico-sanitarias básicas que no son negociables en términos de conveniencia presupuestal. “Que a una mujer le paguen una bonificación o un mínimo y que un niño reciba el 30% o el 70% del requerimiento nutricional son cosas que no se pueden someter a un análisis de costo-efectividad: eso es dignidad”, argumenta. Además, la funcionaria considera errado interpretar los resultados preliminares del documento de Fedesarrollo como el rasero para determinar la efectividad de De Cero a Siempre, pues durante el lapso de tiempo en que las académicas de la Universidad de los Andes hicieron sus observaciones la nueva política gubernamental apenas comenzaba a ser implementada.

Por su parte, Natalia Velasco, directora de primera infancia en el ICBF, añade: “Los instrumentos internacionales que (Maldonado y Bernal) están utilizando nos puntúan mal y eso hay que reconocerlo, pero hay que hacerle una crítica a la academia: como el estándar está alto y nosotros estamos por debajo, no nos permite ver cuáles son los beneficios y las acciones convenientes para la mejora dentro de la diversidad de nuestras modalidades de atención”.

Sin embargo, el reporte preliminar de Raquel Bernal también destaca los efectos positivos de un CDI. aeioTú, empresa social de la Fundación Carulla, logró progresos significativos en el desarrollo lingüístico y psicomotriz de sus niños. Esta institución se distingue por medidas como “el requisito mínimo de carrera técnica para las maestras, mejores tazas adulto a niño (un adulto por cada trece niños), capacitación inicial al personal docente, monitoreo del progreso de los niños y la utilización de una metodología pedagógica estructurada”, reporta la investigadora.

Tres padres de familia cuyos hijos fueron trasladados de un hogar comunitario a la sucursal de aeioTú en Sopó fueron consultados acerca de la calidad de ambas modalidades de atención. Todos ellos se declararon satisfechos con la atención que sus hijos recibieron en el hogar comunitario, cuya calidad calificaron de un nivel medio, y también coincidieron en afirmar que sus hijos están mucho mejor desde que fueron trasladado a aeioTú, CDI que califican como una institución de alta calidad.

Luis Eduardo Guancha y Gloria Fuelagán afirman que este CDI cuenta con instalaciones espaciosas y herramientas didácticas que han aumentado el aprendizaje de su hija. Además, cuentan que la madre comunitaria que estaba a cargo de ella anteriormente fue también trasladada a aeioTú–Sopó y desde entonces su desempeño como maestra ha mejorado. Guancha añade: “Sí se ha notado una diferencia, sobre todo en la integración. Ahora se adapta más fácil a ser cuidada por otra profesora, antes no lo hacía”.

Para Dora Cortés, aeioTú ofrece más oportunidades que el hogar comunitario para que los padres se involucren en la vida que los niños llevan dentro del CDI y para aprender cómo cuidarlos. “A nosotros, como padres, aeioTú nos ha ayudado a crearles independencia”. La madre reporta que su hija, quien tiende al bajo peso por haber nacido prematura, se ha mantenido en el rango saludable de peso desde que fue trasladada a aeioTú.

Maldonado y Bernal recomiendan que se implementen mejoras en la formación, supervisión y acompañamiento de los maestros. Tanto las investigadoras y el gobierno parecen estar de acuerdo en que la nueva postura que ha tomado Colombia frente a la primera infancia es trascendental y desde ningún punto de vista desdeñable. “Vamos en la dirección adecuada. Reversar este esfuerzo sería una gran equivocación”, concluye Bernal.
 

Temas relacionados