Una iniciativa del Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural y la Plataforma Diálogos Improbables

Desarrollo rural, la clave para la transformación en los territorios

Expertos se reunieron para discutir la creación de escenarios de diálogo que contribuyan a la construcción de confianza, el logro de consensos y el trámite pacífico de conflictos asociados al desarrollo rural en Colombia.

Cortesía Germán Moreno

Bajo la premisa de que en Colombia la ruralidad no solo refleja una superposición de  intereses de índole político, social y económico, y que la falta de mecanismos de diálogo y resolución de conflictos ha afectado los procesos de desarrollo territorial e incluso ha incidido negativamente en la calidad de vida de sus habitantes, expertos en temas de medio ambiente, tierras y desarrollo rural se dieron cita para dialogar sobre el camino que debería transitar el país en esa materia, de cara a una verdadera transformación en los territorios.

En el encuentro, denominado  “Diálogos improbables: Una Oportunidad para abordar los Conflictos del Desarrollo Rural”, se presentó la experiencia de la Plataforma Diálogos Improbables con los pilotos realizados en los departamentos de Cesar y Meta, y se realizó un intercambio de ideas alrededor de las perspectivas y posturas sobre los conflictos del desarrollo rural en Colombia. El espacio contó con la participaron de los dos exministros de Agricultura, Juan Camilo Restrepo y Rubén Darío Lizarralde; la exviceministra de Medio Ambiente, Claudia Martínez; los expertos en temas de medio ambiente y desarrollo, Santiago Tobón y Gustavo Wilches Chaux.

En general los expertos coincidieron en que Colombia carece de una política pública para el desarrollo rural que promueva la distribución de tierras y la productividad en el campo.

El objetivo era identificar temas para iniciar "diálogos improbables" partiendo de la idea de que buena parte de los problemas de Colombia surgen de los conflictos rurales en los territorios. La idea es que dichos diálogos entre opuestos deriven, en algún momento, en políticas públicas que abran el camino para que se sume la institucionalidad.

Y las cifras en el tema son contundentes. Una buena parte de los conflictos se derivan de la restricción en el uso del suelo. De acuerdo con datos de la Agencia Nacional de Tierras (ANT), el 8% de los municipios rurales y rurales dispersos presenta dos o más figuras de restricción del uso del suelo entre las que se encuentran resguardos indígenas, Parques Nacionales Naturales, Zonas de reserva campesinas o, territorios de comunidades negras, frente a solo un 2% de los municipios que no están en estas categorías.

A eso se suman los conflictos políticos, sociales y económicos a raíz de la existencia de cultivos ilícitos: En Colombia, el 72% de las hectáreas de coca cultivadas en 2017 se encuentra en municipios rurales, un fenómeno que según los expertos limita sus oportunidades de desarrollo rural, a pesar de que su área abarca el 74% de la frontera agrícola y el 82% del área total del país. Eso sin contar las problemáticas asociadas a la minería y la sobreutilización y la subutilización del suelo.

"La creciente conflictividad en los territorios evidencia las diferentes posiciones sobre la gestión de los recursos naturales, el medio ambiente y el territorio, poniendo en disputa el concepto de desarrollo. Para Rimisp, estos conflictos limitan las posibilidades de alcanzar objetivos de inclusión, sostenibilidad ambiental y crecimiento, pero representan una oportunidad para innovar en la gobernanza del territorio y alcanzar esos objetivos de manera pertinente a las condiciones locales", puntualizó Ángela Penagos, directora de la oficina del Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, Rimisp, en Colombia.

Para Diego Bautista, Coordinador Nacional de la Plataforma de Diálogos Improbables, es fundamental establecer espacios de diálogo que congreguen altos liderazgos locales, económicos, sociales y políticos que a pesar de las diferencias profundas, puedan encontrar consensos para el futuro de sus regiones. "Escenarios de diálogo como los que acompañamos actualmente, no sólo pueden lograr menos fricción para un avance genuino de los planes y programas rurales de marras, sino que en Colombia, que está dejando atrás un largo conflicto y está tratando de transformar la cultura de la violencia, cimientan una cultura de convivencia, e impiden que los conflictos sociales en los territorios signifiquen la repetición de la violencia", aseguró Bautista.