Desarrollo vertical en Valledupar

A partir de la reactivación de la construcción en el país y a causa de sus economías coyunturales, la ciudad ha respondido a las necesidades de su cadena productiva.

Valledupar crece cada día en número de población, en oferta de servicios y, de manera proporcional, en los metros cuadrados construidos. Al cierre de 2014 la inversión en vivienda nueva aumentó 108% respecto a igual período del año anterior, de acuerdo con datos de Camacol.

No obstante, según Fundesarrollo (Fundación para el Desarrollo del Caribe), el sector edificador de la ciudad está impulsado por la construcción de centros comerciales y de áreas no habitacionales. “En el primer trimestre de 2014 se licenciaron 48.345 metros cuadrados con destino diferente a vivienda, mientras que en 2013 en total fueron 26.555”, precisa un documento de la entidad.

A la pregunta ¿cuál es el atractivo de la capital mundial del vallenato que incide de manera directa en las decisiones de inversión en obra y vivienda?, Rosalía Núñez, gerente de Camacol regional Cesar, responde que “se debe a la solidez del sector, representada en empresas de gran trayectoria y en la experiencia en la construcción; a la política de vivienda del Gobierno en materia de VIS y VIPA; a la oportunidad de desarrollo que marca nuestra región por sus áreas de influencia minera y a la posibilidad de la expansión urbana”.

Virtudes que hoy le permiten ubicarse en el tercer lugar del ranquin de las ciudades con mayor inversión en el sector, gracias a sus $471 mil millones, después de Cúcuta con $551 mil millones y Villavicencio con $502 mil millones.

Para Sandra Forero, presidenta de Camacol, “la fuerte dinámica en estas ciudades es consecuencia de un estímulo no solo a la demanda, vía programas de vivienda social del Gobierno, sino también a la oferta. Los constructores están viendo en estas regiones grandes oportunidades para el desarrollo urbano y el crecimiento de mercados inmobiliarios con características similares a los de las grandes capitales”.

De esta manera, el reto es “seguirle recordando al gremio no perder de vista el deber reflexivo que exige cada ejercicio en atención al comportamiento de las economías que influyan directamente sobre el poder adquisitivo de vivienda y sobre los costos de los proyectos”, agrega Núñez.