El fervor católico de ayer en la capital de Antioquia

Devoción más allá de las fronteras

Entre los más de 800 mil fieles paisas que presenciaron la misa campal en el aeropuerto Olaya Herrera, estaban miles de personas llegadas de diferentes partes de Colombia y de países cercanos como Ecuador y Venezuela.

Multitudes también celebraron ayer en Medellín la visita del papa Francisco. / AFP

Diecisiete horas antes de que el papa Francisco llegara a la ciudad de Medellín para seguirle enviando al pueblo colombiano un mensaje espiritual, se encontraba Jorge Luis Mora González con los ojos cerrados, reposando su cabeza en un bolso. Aunque parecía dormido, sus sentidos estaban conectados con la alabanza que cantaban sus compañeros feligreses: “Yo sé bien lo que has vividooo, yo sé bien por qué has lloradooo, yo sé bien lo que has sufridooo, pues de tu lado no me he idooo, pues nadie te amaaa como yooo, pues nadie te ama como yooo…”.

Con la intención de contagiar de felicidad a la gente del barrio, Jorge Luis, líder del grupo juvenil de la parroquia Jesús de Nazaret, emprendió un viaje a pie de dos horas desde el corregimiento Altavista hasta el aeroparque Juan Pablo II con el resto de sus compañeros. Su objetivo se cumplió a cabalidad, pues cuenta que comenzó la larga caminata a las 12 p.m. con unas 20 personas y terminó llegando a su destino con unos 45 seguidores de la religión católica aproximadamente a las 2 p.m.

Mientras de su cuello cuelga una medalla que indica su consagración al Inmaculado Corazón de María, el cual aprieta con ambas manos mientras conversa, afirma que se siente ilusionado por saber que el sumo pontífice los va a “contagiar del amor de Dios, pues le trae un mensaje a Colombia de reconciliación, de paz, de unidad, no queremos una paz de gobierno, queremos una paz en Dios, en Cristo, pues él es la paz de todo”, afirmó Jorge, entusiasmado, mientras en el fondo se seguían escuchando las alabanzas entonadas con una guitarra, “…mira la cruz, esa es mi más grande prueba, nadie te ama como yooo”.

Las calles que rodean el aeropuerto Olaya Herrera se encontraban repletas de personas llenas de fe que lo expresaban con camisas que tenían mensajes como “Jesús, yo en ti confío”, “Bienvenido papa Francisco a Colombia” e incluso frases del día de la ceremonia de asunción del máximo representante de la Iglesia católica: “El odio, la envidia y la soberbia ensucian la vida”, citaba una camisa blanca con el mapa de Colombia en el fondo.

Entre más caminábamos por entre la multitud, más historias salían a flote. Parado en una esquina, con una gorra para protegerse del sol, un bolso a su espalda, en una mano un cartón con varios botones con el rostro del papa; en la otra, camándulas de madera y en su cuello unos diez medallones colgaban. “A dos mil los botones y las camándulas, a diez los medallones, colabóreme, el papa el papa, lleve el recuerdo del papa”, gritaba Yéferson Vélez, un joven de 21 años, quien aprovechó la fe para ganarse unos pesos. “Traje 50 botones, 50 camándulas y 30 medallones, como estoy sin trabajo, pues aproveché para rezar y ganar platica”.

Yéferson no era el único, los cientos de vendedores sobresalían entre los fieles. A unas pocas cuadras estaba Any Ramírez, quien junto a su esposo también aprovechó la multitud. “Conseguimos estas medallas con la cara del papa por un lado y el Corazón de Jesús o la Virgen por el otro. Uno tiene que buscar otros ingresos y las estamos vendiendo a cinco mil y trajimos 500, ojalá las terminemos todas”.

“Hay mucho ventero, entonces la competencia es brava. Estoy vendiendo las banderitas a tres mil y ahí vamos, aunque las capas para el agua son las que más se venden, son a tres mil, pero si empieza a llover suben a cinco o a diez mil”, explica Alcides Móvil.

Unos compran, otros simplemente observan, reparan o se desentienden. La fe los trajo hasta aquí. Algunos equipados con la camiseta del papa, la gorra para protegerse del calor o una simple pañoleta. Siete buses llegaron desde Cúcuta, en uno de ellos Fernando Rey y su familia. No importó la larga noche en la carretera y tener que empatar con otra noche en vela en el aeropuerto, estar cerca del papa bien vale la pena, “vengo movido por la fe, buscar mi espiritualidad. Ojalá pudiera hacer una pancarta que diga -demos el primer paso contra la corrupción-. Es increíble el estado de las vías de Cúcuta a aquí”, se lamenta.

Algunos en actitud de recogimiento, otros simplemente extenuados, pero todos con las mismas intenciones, llenarse de la energía del papa para fortalecer su fe. “Es una ocasión memorable para el país, vine a que me bendiga a mí, es un papa de izquierda muy abierto y más a los jóvenes”, dice Katerin Amaya, de 18 años, quien junto a su mamá, hermanos y tías, esperó paciente el ingreso al aeropuerto. “Si uno se trasnocha bebiendo, bailando o haciendo otras actividades con los amigos, cómo no lo vamos a hacer aquí, esta misa no se vuelve a ver. No siento esto como un sacrificio, es un parche, un disfrute”, explica Karen Amaya.

Más al sur del país, desde Popayán, llegaron 75 catecúmenos en dos buses. Robeiro Álvarez y su esposa Leidy Ruiz hacen parte de la delegación, “estamos aquí porque vino el sucesor de Pedro, la cabeza de la Iglesia, quiero fortalecer la fe. Este viaje es una forma de desacomodarnos, de mirar nuestra fe”, explica Robeiro.

Muchos jóvenes en actitud de oración, muchos adultos mayores impacientes por ver al papa. Tirados en la calle compartían oraciones, imágenes, camándulas. Ninguno estaba aquí por curioso, todos movidos por la fe. “Vine porque quiero sentir ese encuentro con Francisco, él es el puente entre Dios y yo. Sentir esa energía que él irradia, impregnarme de ella”, decía sonriente Luz Dary Gómez.

Con ella su amiga Blanca Garcés, quien vino desde Manizales, y aunque es una persona mayor, la larga jornada poco le importa, “no me importa el trasnocho, si me enfermo o me desmayo, nada, lo importante es estar en la eucaristía con el papa”.

La misa campal no era para Medellín, eso quedó claro, la religión y la fe son capaces de mover masas de distintas regiones, no sólo del país sino de todo el continente. Vestido de blanco como la mayoría, pero diferenciado por el mensaje “Gloria al bravo pueblo”, que tenía estampado en su pecho, se encontraba sentado en una bodega cercana Arles Manuel Pereda Yepes. Venezolano que a pesar de haber llegado a Colombia hace 13 años, busca siempre la oportunidad de mostrar lo regada que está su comunidad a lo largo del mundo. “Esperamos un estimado de 1.000 venezolanos que vienen de distintas ciudades de Colombia e incluso desde Venezuela”. La oración no queda de lado, la comunidad venezolana pretendía pasar toda la noche pidiendo por un cambio en el país vecino.

Algunos de los más fieles creyentes no quisieron correr el riesgo de quedar por fuera de la santa misa y llegaron 48 horas antes de la cita con el papa. Fue el caso Ángel Potosí, ecuatoriano que lleva 20 años en la capital paisa y que confiesa no le importó hacer el “sacrificio espiritual” de llegar el jueves desde las 3:00 p.m., con tal de poder asistir a la ceremonia. A pesar de la cantidad de tiempo que lleva en el país cafetero, Ángel confiesa que no ha podido conseguir un lugar digno para vivir, pero su fe se ha mantenido intacta durante todo este tiempo, por lo que una de sus principales peticiones durante este encuentro será el de un hogar para toda su familia.

Pasado el mediodía de ayer sábado, los mismos que antes habían ingresado ávidos de escuchar las sabias palabras de Francisco, los mismos que cantaron toda la noche y durante la misa hasta donde la garganta aguantó, quienes soportaron la lluvia y el sol inclemente, salieron con sus rostros alegres, recargados de esa energía que transmite el papa, renovados en su fe, sin la más mínima señal de cansancio, con la satisfacción de haber logrado su objetivo: estar cerca del sucesor de Pedro y vivir una experiencia única para los católicos.