“Dulce y salada”, un retrato de la cotidianidad de la Ciénaga Grande de Santa Marta

Como resultado de un trabajo de nueve años, el antropólogo y fotógrafo colombiano Jorge Panchoaga presentará este jueves, 16 de mayo, en la Cinemateca Distrital un cortometraje que retrata la vida de las familias que habitan en medio de la ciénaga y su relación con el agua.

“Dulce y salado” recoge un trabajo de nueve años que documenta la dinámica social de lo humano y lo natural en dos puntos principales: El Morro (también conocido como Nueva Venecia) y Buenavista.Cortesía

Como una reflexión sobre la relación que tiene el ser humano con el agua, así surge el proyecto “Dulce y salada”, dirigido por el fotógrafo y antropólogo colombiano Jorge Panchoaga, y que retrata la cotidianidad de las familias de pescadores que viven en medio de este líquido natural.

Luego de hacer un seguimiento a los ríos y quebradas del país y de acercarse a las comunidades, en 2010 el fotógrafo fue a parar a la Ciénaga Grande de Santa Marta, un pequeño paraíso que llamó su atención por la particular forma en que su gente se conecta con el agua.

“Había un montón de preguntas que me interesaban sobre el lugar y comencé a visitarlo durante varios años. Quería descubrir su historia, entender cómo un grupo de personas decide vivir en medio de un cuerpo de agua teniendo en cuenta las complicaciones que eso significa, cuáles eran las problemáticas de la ciénaga y cómo entendían ellos al río”, contó Panchoaga a El Espectador.

Con 34 años, Panchoaga ha publicado en medios reconocidos como el New York Times, National Geographic, El País de España, L’oeil de la Photographie de Francia, GUP Magazine de Holanda y Pagina 99 de Italia. Asimismo, sus obras han sido vistas tanto a nivel nacional como internacional, en países como España, Argentina, Chile, Guatemala, Irlanda, Lituania, Ecuador, Francia, Brasil, Estados Unidos y Alemania.

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“Dulce y salado” recoge un trabajo de nueve años que documenta la dinámica social de lo humano y lo natural en dos puntos principales: El Morro (también conocido como Nueva Venecia) y Buenavista.

Sobre todos los recuerdos del fotógrafo, uno de los que predomina es el nombramiento de los vientos. “El camión del helado”, “El burro” o “El serrucho”, este último nombrado así porque arrasó con algunas viviendas (todas las casas de la Ciénaga están construidas con madera), son algunos de los nombres que se llevan las brisas que visitan la zona y que varían dependiendo del lugar de donde provengan.

El proyecto, además de presentar un cortometraje de 15 minutos, también se compone de una plataforma web, un libro y una banda sonora que consta en una recopilación de ocho años de paisajes sonoros (sonidos de lluvias, cascadas, olas, fuego, caminatas, etc.). La “columna vertebral”, como lo menciona Panchoaga, de todo el trabajo es la fotografía.

La producción contó con el apoyo de las organizaciones Fundación Chasquis, Croma Taller Visual y Orgánica Ideal.

El manejo estético también es muy particular. El blanco, negro y rojo son los colores protagonistas que de alguna manera busca distraer al espectador de lo bello y llamativo para que voltee su mirada hacia una realidad -muchas veces- no tan agradable.

“A mí no me interesaba lo bonito y pintoresco porque es una capa muy superficial. Me interesaban otros niveles de reflexión que el color no permite”, explicó el fotógrafo.

Frente al color rojo, el antropólogo mencionó que, durante un recorrido que hizo en el Magdalena en 2016, las “historias de terror” de violencias, masacres y cuerpos inundaron el río.

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Nueva Venecia fue el epicentro de un ataque paramilitar que tuvo lugar en la madrugada del 22 de noviembre del año 2000 cuando más de 60 miembros de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) asaltaron el pueblo y, según el reporte oficial, 39 personas fueron asesinadas. 

“El Magdalena es una fosa común de los residuos de guerra, de los desperdicios de industrias y de la minería. El rojo surge en contraposición de las mariposas amarillas de ese realismo mágico que nos cuentan y que no va acorde con el caos en el que en realidad está inmerso”, agregó.

El nombre del proyecto es tomado del fenómeno natural en el que un río llega al mar y las consecuencias que tiene sobre un ecosistema. En este caso, el río utiliza a la ciénaga y la inunda, lo que provoca que el agua se endulce y especies de peces visiten las corrientes que antes eran saladas. Esto ocurre cuando las aguas crecen por condiciones como las temporadas de lluvias. A medida que el tiempo pasa y que el agua deja de ingresar, las corrientes se vuelven a salinizar y toman un color verdoso.

Cada plataforma del proyecto ofrece una mirada y una reflexión metafórica, poética, y profunda que cambia dependiendo de las personas y su entendimiento con respecto al tema central que plantea la obra.

A las 6 p.m. de este jueves, 16 de mayo. el cortometraje, que fue grabado en un 70% con película y el 30% restante en formato digital, será presentado en la Cinemateca Distrital de Bogotá. Aunque será la última oportunidad en que los ciudadanos puedan verlo proyectado en esta sede, el libro será distribuido en varios puntos de la ciudad y la página web quedará a disposición de los curiosos.

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Daniela Vargas / [email protected]

Nacional

“Dulce y salada”, un retrato de la cotidianidad de la Ciénaga Grande de Santa Marta

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