Educar para el conflicto como garantía para la paz

Pequeños grupos de estudiantes y excombatientes de toda Colombia se forman como futuros mediadores en la resolución de conflictos en un programa del Centro Cultural y Educativo Español (CCEE) "Reyes Católicos".

Archivo El Espectador.

La paz se construye desde muchos lados. Lo sabe bien Luis López, rector del Centro Cultural y Educativo Español (CCEE) "Reyes Católicos", quien encabeza un esfuerzo de la institución para la formación de mediadores en conflicto en colegios de todo el país.

Como parte de sus iniciativas de trabajo en apoyo a la paz, a partir de un trabajo con el Instituto Carlos Casares, de la provincia española de Ourense, y las universidades Católica de Colombia y Fundación Universitaria Andina, y el Observatorio Social de América Latina, desde el 2012 adiestran a personas en el difícil arte de encontrar la solución a los problemas. El Centro Reyes Católicos considera a este programa como su aportación gratuita y concreta al proceso de paz desde el ámbito escolar.

San Andrés, Cartagena, el Valle del Cauca y Bogotá son algunos de los espacios en los que han trabajado esta revolucionaria propuesta, y recomiendan involucrar hasta un diez por ciento de los alumnos totales de los centros escolares. A través de un curso de quince horas, se les enseña que a los futuros mediadores que no pueden dar la solución, aunque la tengan; la idea es que faciliten el diálogo entre las partes, hasta que estas lleguen a una solución. Cualquier centro puede solicitar ser parte del programa, siempre que se comprometa a cambiar efectivamente la dinámica, añade López.

La metodología es sencilla: poca teoría, lo básico acerca de qué es un conflicto, sus fases y actores; y luego un uso intensivo de la dramatización como herramienta pedagógica. A través de la simulación de conflictos, y su mediación, van mostrando a los participantes cómo solucionar conflictos que se pueden encontrar en la realidad.

“Lo que queremos es cambiar la visión del conflicto dentro de estos colegios”, explica, “que este se vea de manera positiva, no como algo a evitar sino como algo a saber resolver. El programa le otorga el protagonismo a los propios estudiantes quienes, con la guía del profesor, dirimen los asuntos. “Aprovechamos el conflicto para enseñar, no queremos enseñarlo en abstracto sino que trabajamos con conflictos reales, conflictos que pueden ser una pelea por una chica, los malentendidos entre adolescentes, una pelea por un balón entre los más pequeños. Esos conflictos, que los adultos decimos que son tontos, hay que aprovecharlos para enseñar a resolverlos; aprendemos a partir de lo más sencillo, y después quizás podamos resolver conflictos más complejos”, añade el rector del CCEE.

La propuesta, si bien su modesto alcance hasta el momento, ha sido bien recibida por estudiantes y maestros, según López, porque estos encuentran que si bien hay mucha literatura respecto a la paz, en la práctica no saben cómo la enseñamos. “Las matemáticas y la lengua tenemos claro cómo las enseñamos; con la paz lo que hacemos son solo discursos morales, teóricos, que no llegan”, ejemplifica. Así, la mediación se ha convertido para los involucrados en el programa en una herramienta muy útil para trabajar el conflicto, en la realidad y en la práctica.

No obstante, López reconoce que “cuesta mucho en la práctica diaria cambiar el chip, y cuando están en el patio decir ‘ven acá, tus compañeros van a hablar de este tema’. Lo seguimos resolviendo igual, con el juicio, en donde yo te digo esto y te sanciono, pero así no aprendemos; el problema del juicio es que no hace responsable al alumno, el juicio lo hace un adulto y no aprenden. El programa es bien admitido, pero luego muchos colegios no lo adelantan porque implica una revolución en cierto modo dentro de la escuela”.

En esta campaña de educación para la paz, hace unos meses han llegado a una nueva etapa, cuando una empresa del Cauca, el Parque Tecnológico e Innovación del Café “Tecnicafé”, los convocó para que formaran trabajadores suyos en la resolución pacífica de conflictos. Trabajar con adultos de por sí es un reto, pero si a eso le sumas que son excombatientes, el asunto es más complejo aún.

A pesar de sus miedos y prejuicios, el equipo encontró que los conflictos de estos excombatientes, pese a pertenecer a tres grupos radicalmente diferentes en la fase de guerrilla, eran mucho más sencillos de lo que uno podría pensar, cosas de chicas y rivalidades de fútbol.

“Mi pregunta desde afuera, ¿realmente esta gente no tiene conflictos?”, dice López. “Me daba la sensación de que no, que habían sido parte de algo en donde habían hecho lo que les habían dicho”.

Aún es demasiado pronto para poder saber con certeza cuál será el legado de este proyecto, pero Luis López confía en la semilla que va quedando. “Creo que lo mejor para desescalar un conflicto, lo primero, es hablar y decir lo que sientes. En ese sentido sí hemos notado mejoría en los climas de comunicación”.

“Hay modelos educativos marcadamente políticos, y creo los puede ser porque la educación es política, e incluso creer que la escuela no cambie es política, pero este proceso no es excesivamente político, sencillamente se trata de aprender un esquema muy básico para resolver un conflicto y luego aplicarlo para resolver todos los casos. Aunque no tiene grandes pretensiones, evidentemente sí desea contribuir una nueva sociedad, pero si todos los conflictos se arreglan así, definitivamente va a haber cambios más grandes”.