El acero, en busca de paz con las cuentas

Después de años de estar sumidas en una crisis del sector, Acerías de Paz del Río por fin parece estar recuperándose.

Deshorne de coque, materia prima para la producción del acero. /Andrés Torres

Desde que en 1942 se descubrieron yacimientos de mineral de hierro en cercanías del municipio de Paz de Río, en Boyacá, la siderurgia ha sido parte importante de la tradición y el desarrollo del departamento. La historia se ha escrito especialmente a través de la empresa más grande de la región, Acerías Paz del Río.

A las afueras de la planta en Belencito, a 30 kilómetros de Paz de Río, hoy se leen grafitis que reclaman el progreso que se prometió cuando la brasilera Votorantim, octavo productor de cemento en el mundo, adquirió el 52% de la compañía en 2007. Actualmente ese conglomerado tiene el 82%. Según Vicente Noero, presidente de Paz del Río, los resultados positivos desde la compra no se han podido ver, pues hubo una coincidencia con la crisis económica del 2008 y con una situación crítica para el mercado mundial del acero.

Durante el periodo de 2009 a 2011, la crisis desaceleró la construcción de vivienda e infraestructura, es decir, la demanda de acero disminuyó automáticamente. Mientras tanto, la oferta venía de un crecimiento sostenido por la vertiginosa instalación de plantas siderúrgicas, sobre todo chinas, alrededor del mundo. Todo ha resultado en una sobreoferta mundial de acero cercana a los 600 millones de toneladas. Para hacerse una idea, Colombia consume anualmente tan solo dos millones de toneladas de aceros largos (alambrones, refuerzos para concreto, entre otros).

Todos esos excedentes de acero, según Noero, están encontrando en Colombia un paraíso y están llegando con competencia desleal. “Paz del Río le ha solicitado al gobierno que nos defienda, no que nos subsidie”. En octubre pasado, el gobierno dictó una salvaguardia provisional para proteger la producción nacional de acero, algo que incidió en el aumento del 7% en ventas de Paz del Río durante el primer semestre de este año. La medida, sin embargo, aumentó los precios al público y ha generado malestar entre los productores nacionales, pues no se sienten en capacidad de competir con Votorantim.

“Podíamos sentarnos a llorar, pedir ayuda, gritar o cerrar”, dice Noero. Según él, sin embargo, la alternativa que escogieron fue enfocarse en reducir costos, primero invirtiendo US$104 millones en modernización de la planta y, luego, mejorando los patrones operacionales. Todo resultó en un ahorro del 12%. En lo corrido del año, la compañía ha registrado ingreso bruto por $22.000 millones, $24.000 millones más que el segundo semestre de 2013, y una pérdida neta de $6.000 millones. La cifra anterior había sido de $175.000 millones.

El camino, entonces, se empieza a despejar para la compañía que en el país cubre el 28% de la demanda de aceros largos y que trabaja principalmente con mineral de hierro en vez de chatarra. “La reservas (de mineral) no son la preocupación”.

Por el contrario, lo que pide Paz del Río es prestarles atención a las desventajas que hay en comparación con los competidores mundiales. La energía en Colombia es 20% más cara que en México y el costo de fletes, 163% más alto que en ese país. Lo clave es también hacerle frente a la competencia desleal. Noero resalta la importancia de campañas como la que lanzaron la Andi, Camacol, la Superintendencia de Industria y Comercio y el Ministerio de Vivienda para promover el uso de acero certificado en sismorresistencia.

Por su parte, Paz del Río, en medio de la sequía, asegura estar cumpliendo su compromiso con la Corporación Autónoma de Boyacá, Corpoboyacá, de reducir el consumo de agua de la laguna de Tota para el enfriamiento en un 60%. Afirman haber logrado el primer 30% y estar trabajando en la reducción del otro 30%. Esto, implementando sistemas de reciclaje de agua, abastecimiento del río Chicamocha y haciendo control de fugas.

Élber Tibaduiza, trabajador de la siderúrgica desde hace 27 años, afirma que si bien las cosas han cambiado, la empresa ha avanzado en asuntos como la cultura de prevención de accidentes. “Nos hemos concientizado de que para el trabajo tenemos que tener las normas de seguridad”. Según Paz del Río, de 657 accidentes incapacitantes que se presentaban en 2006, hoy solo se registran 6.

Hoy, de Acerías Paz del Río dependen 15.000 familias boyacenses. Sin embargo, el regreso de la edad de oro de Belencito parece estar muy lejos todavía. Muchas de las casas en la zona residencial, donde se llegaron a alojar más de mil personas, entre trabajadores y familiares, se encuentran en ruinas. Se calcula que el número de residentes se ha reducido a cerca de 400. Por demás, la Clínica de Belencito, una de las más emblemáticas de la zona, fue cerrada hace casi cuatro años.

 

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