El brazo largo de Ramiro Suárez

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El brazo de Ramiro Suárez Corzo (¿Hay que hablar otra vez de Ramiro? ¿Hay que recordarle al lector que Ramiro está preso en La Picota por homicidio, y que desde allí maneja los hilos invisibles de la política de Cúcuta? Se aburre uno, se aburre el lector) mide 556 kilómetros (que es más o menos la distancia de Bogotá a Cúcuta) y puede quitar y poner los funcionarios que quiera. Puso al presidente del Concejo, Nelson Ovalles, que es su mensajero, su correveydiles, su factótum. Y también puso al vicepresidente de la misma corporación. Y ahora puso a la contralora, Martha María Reyes, su brazo derecho, su brazo izquierdo, su hígado, su voz.

El presidente del Concejo es el encargado de leer las cartas que Ramiro envía desde la Picota. El vicepresidente, las aplaude y las pone a circular. Y ahora la contralora será la encargada de tapar las investigaciones que se avecinan contra su gente.Ella misma tiene cinco investigaciones en la Procuraduría, motivo por el cual debió declararse impedida éticamente. Pero estamos en Colombia, señores, aquí nadie renuncia, nadie se declara impedido y todos se atornillan en el puesto para prolongar el poder dinástico de mafias que solo piensan en la acumulación de la riqueza personal. ¿Por qué todo alcalde de Cúcuta, cuando termina su periodo, sale con un incremento patrimonial no justificado?

Los más de 500 kilómetros de largo que mide el brazo de Ramiro Suárez hizo posible la elección del alcalde anterior, César Rojas. Casi toda su parentela tenía un puesto en esa alcaldía. Su esposa, Omaira González, o sea, la esposa de quién ordenó un asesinato, fue la secretaria de víctimas. Su amiga íntima, Isabel Márquez, fue la secretaria de Equidad de Género. Su hermana, sus hijas, su círculo personal tuvo asiento en la alcaldía pasada sin importar si tenían méritos o no para ocupar los distintos cargos que les fueron asignados desde la cárcel.

Ahora, Martha María Reyes, su hígado, tendrá la responsabilidad de ocuparse de las investigaciones e irregularidades del ramirismo. Por ejemplo, el exsecretario de Planeación fue el encargado de nombrar a una hija de Ramiro Suárez, que apenas contaba con el bachillerato, para realizar estudios técnicos del Plan de Ordenamiento Territorial (POT).

¿Cómo hará la nueva contralora para lidiar con las investigaciones de su propia sangre política? ¿Quién controla a la contralora? La Contraloría General de la República, y sus políticas de transparencia, deberían poner sus ojos en Cúcuta. Este círculo vicioso, del investigado que se investiga, es la explicación de por qué en Cúcuta (y en todas las regiones del país) las cosas no avanzan.

El Concejo (una buena parte del concejo) es manejado por Ramiro Suárez, lo que significa que con la llegada del nuevo alcalde, el ingeniero Jairo Yáñez, las cosas no van a cambiar mucho. No lo van a dejar trabajar. Solo le quedan dos opciones: o se amarra los pantalones y trabaja con la coherencia que prometió, o entra a negociar con lo que no se debe negociar, y entonces todo esto se lo llevan los vientos amargos del carajo grande porque no se pueden alcanzar fines nobles con medios innobles. Es difícil, lo sé (pero es que tampoco nadie dijo que iba a ser fácil), administrar una ciudad cuyos alcaldes anteriores la han tratado como una zona pre-pago.

Cuando Martha María Reyes se desembarace de Ramiro Suárez (o, por lo menos, cuando impida que ese brazo largo la siga manoseando), y cuando los concejales ramiristas empiecen a pensar por sí solos, y no a seguir órdenes, la ciudad podría atenuar un poco sus problemas. El Concejo debería ir de la mano del alcalde y no de ese brazo ensangrentado que, desde hace una década, estrangula lentamente a la ciudad.

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