Hombre clave en la visita de Francisco

El colombiano que les dictó cátedra a los papas

El embajador ante el Vaticano, Guillermo León Escobar Herrán, conoció a cinco pontífices y se convirtió en uno de los laicos más influyentes.

El papa Francisco y el embajador ante la Santa Sede, Guillermo León Escobar. También lo fue con Juan Pablo II. / Cortesía

Guillermo León Escobar Herrán siempre ha sido un católico ferviente por herencia familiar en Armenia, Quindío. Apostólico y romano se volvió desde que integró uno de los coros juveniles que recibieron en el aeropuerto El Dorado de Bogotá al papa Pablo VI. Era la última semana de agosto de 1968. A su lado estaba otro religioso conservador, su amigo y ahora expresidente de Colombia Belisario Betancur.

La vocación por los temas espirituales lo llevó, cuatro años más tarde, a conocer a Giovanni Montini (Pablo VI) y al entonces cardenal Karol Wojtyla (elegido el papa Juan Pablo II en octubre de 1978). Fue mientras estudiaba para graduarse como Ph.D. en filosofía y letras de la Universidad de Bonn, Alemania, donde también recibió un magíster en teología.

Además, como sociólogo admite que siempre quiso moverse en “los ámbitos de poder”, y la religión y la política se lo permitieron, aunque les da mayor crédito a “la fe y el estudio”. Primero fue profesor de sacerdotes y especialistas en ciencias políticas en la Universidad Javeriana, en los años 80, y terminó formando obispos y cardenales en el Vaticano, en los 90. Como maestro de la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma -donde estudian religiosos de todo el mundo, desde sacerdotes hasta cardenales- enseñaba sociología política y daba un seminario sobre Colombia. Ahora dicta conferencias.

“Belisario fue el que me aventó al mundo del poder político”, reconoce al recordar al expresidente con el que regularmente se encontraban en la Santa Sede hasta hace diez años; Escobar como miembro del Pontificio Consejo para la Vida, y Betancur como miembro de la Academia de Ciencias Sociales del Vaticano.

Durante el gobierno de Belisario (1982-1986) fue nombrado director general de Inspección Educativa. Por esa vía se convirtió en guía intelectual de la curia colombiana y desde 1988 es asesor permanente del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) y de la Conferencia Episcopal.

Pero su obsesión siempre ha sido el Pontificado. Por eso luchó hasta entrevistar al papa Juan Pablo I (Albino Luciani) para una investigación teológica que hoy se puede consultar en la biblioteca Vaticana junto a libros suyos con bendición papal como Brecha entre ricos y pobres. Pensaba invitar a Colombia a Luciani, pero en septiembre de 1978, con un mes de papado, murió a manos de los que Escobar llama “hijos de las tinieblas”, las mafias de la misma Iglesia según se supo después.

En 1986, en compañía de Belisario Betancur, fueron los artífices de la visita de Juan Pablo II a Colombia. Sin embargo, su consagración definitiva vino en 1997 cuando Juan Pablo II lo invitó personalmente a Roma como conferencista del Sínodo de Obispos, para que por primera vez un laico latinoamericano les hablara a todos los cardenales, arzobispos y obispos del mundo sobre “el ayer, el presente y el futuro de la Iglesia ctólica”. Entre los alumnos obispos estaba el argentino Jorge Mario Bergoglio, con quien ya se conocían a través del Celam.

Allí estuvo junto con Belisario Betancur, invitado como oidor, quien no olvida que el profesor Escobar, con su “muy inteligente sentido del humor”, ha sido el único que se arriesgó a llamarle la atención al papa durante una cena privada. “Como conferencista usted tiene derecho a unas palabras”, le dijo Juan Pablo II. “Mire su santidad: quiero preguntarle por qué es tan impuntual”, preguntó Escobar. “Por qué pregunta eso”, respondió el papa. “Porque he sido testigo de que a todas las audiencias llega con cierto retardo debido a que se detiene a hablar con la mayoría de la gente que se encuentra a su paso, desde porteros hasta cardenales”, explicó el colombiano. “Ahí tiene la respuesta profesor: la caridad está por encima de la puntualidad”, anotó el pontífice polaco.

Su influencia sobre los cardenales y la que pareció una imprudencia llevó a Juan Pablo II a designarlo su representante personal para eventos como los 50 años de la Cepal y los 500 años del Descubrimiento de América. Estuvo con él en Israel y es uno de los pocos mortales que se daba el lujo de visitarlo en su residencia privada de Castelgandolfo. Como a los grandes pensadores, Guillermo León Escobar estudia con devoción los discursos papales para citarlos en sus escritos.

En su casa bogotana del barrio La Esmeralda hay una biblioteca católica, apostólica y romana que nadie más tiene en Colombia. Y una de literatura universal, también catalogada a la que concurren desde sacerdotes hasta novelistas. Las dos ocupan dos pisos completos en medio de recuerdos bendecidos por los cinco papas que ha conocido, pues a los citados se suma el alemán Joseph Ratzinger, quien lo llamaba como consultor en el Pontificio Consejo para los Laicos y lo nombró perito pontificio para la cumbre del Celam en Aparecida, Brasil, en mayo de 2007, donde el argentino Jorge Mario Bergoglio descolló como el cardenal latinoamericano con mayor proyección universal. Tanto el hoy papa Francisco como todos los cardenales saludan al colombiano que les recuerda la estampa del tenor italiano Luciano Pavarotti, con un cariñoso y respetuoso “profesor Escobar”.

Estos méritos y una vieja amistad con el conservador expresidente Misael Pastrana convenció al presidente Andrés Pastrana de nombrarlo embajador ante la Santa Sede desde 1998, cargo en el que luego fue ratificado por el presidente Álvaro Uribe y al que volvió en 2014 por nombramiento del presidente Juan Manuel Santos.

A los 73 años de edad sigue siendo una voz influyente en el Vaticano y sus gestiones diplomáticas de bajo perfil ayudaron a que se concretara la visita del papa Francisco a Colombia, así como el papel de la Santa Sede en el proceso de paz con la guerrilla de las Farc. Él define así su camino entre política y religión: “Desde hace cierto tiempo tengo una cierta amistad con la gente del Vaticano y por eso me han montado una especie de cardenalato civil”.

En todo caso vive nueve meses al año en Roma, tiene línea directa con el propio papa y, si está ocupado, con su secretario de Estado. Su trayectoria le permitió ayudar a los expresidentes colombianos Julio César Turbay y Belisario Betancur a que la anulación de sus matrimonios católicos fuera más expedita. Entre los embajadores ante el Vaticano tiene el récord en propiciar comunicados de los papas sobre un país determinado: Colombia. Todos por la paz y condenando desde asesinatos y carros bomba hasta secuestros, pasando por tragedias naturales. A través de este embajador la Iglesia europea ha hecho donaciones para víctimas, por ejemplo del terremoto en Armenia, su ciudad natal, y para sobrevivientes de matanzas como la de Bojayá. (Lea: De Turbay, Belisario y otras movidas matrimoniales).

Colombia ha tenido cardenales realmente influyentes en el máximo nivel de poder de la iglesia católica, como Darío Castrillón y Alfonso López Trujillo, que fueron ministros del gabinete pontificio en materia de clero y familia, pero el cardenal sin sotana Guillermo León Escobar ha sido la voz laica con mayor trayectoria en el Vaticano. Con razón, quienes lo conocen de verdad, aquellos que disfrutan de sus tertulias y de su café del Eje Cafetero, aseguran que más que una embajada “merece una parroquia”.