"El Espectador no está en este premio por condescendencia": Fidel Cano

Afrocolombianos merecen que se les reconozca su papel, pero también deben ser tratados como iguales a la hora de someter sus ejecutorias a la crítica, dice director de El Espectador. Discurso en la gala de los afros de 2013.

 Buenas noches a todos y bienvenidos a esta celebración que, como su nombre lo indica, busca reconocer a los 13 afrocolombianos del año en Colombia.

Se trata de una iniciativa de la Fundación Color de Colombia y El Espectador que busca reconocer las contribuciones que año tras año ofrece la población afrocolombiana a este país. Un aporte que, lamentablemente, no siempre es tan claro para toda la sociedad.

Es este premio, y eso hay que decirlo de entrada, una acción afirmativa planeada a diez años para que al final de ese tiempo, esa es la aspiración, no sea necesario este premio. Se trata de que en ese periodo esta sociedad colombiana tan dada a la segregación logre llegar a un estadio de madurez suficiente para valorar de igual a igual sus contribuciones y las de todos los demás sin ningún distingo.

Sé que es una meta en extremo ambiciosa, pero así mismo necesaria y confiamos en que la existencia de este premio ayude a acelerar ese proceso.

Pero hoy vengo aquí también, en nombre de El Espectador, a mirarlos a los ojos. Porque este año un ganador de este premio en 2010, fue objeto de una publicación que, dependiendo de a quién se le pregunte su opinión, desmitificó, puso en contexto o demeritó de manera infame la carrera científica del profesor Raúl Cuero.

Y por ese artículo, El Espectador ha sido acusado de racismo al punto que una reconocida periodista llegó al extremo de afirmar que nunca, salvo en esa ocasión, El Espectador había dedicado su portada a un afrocolombiano, lo cual ustedes saben muy bien que es falso.

No voy a entrar en el debate de si el profesor Rodrigo Bernal, autor de aquel artículo, tenía suficientes elementos de juicio para escribir lo que escribió ni a hablar de si son exagerados o no los méritos –porque por supuesto que tiene méritos, y muchos— del doctor Cuero. Pero sí me parece importante que a la luz de este caso se entienda esa aparente paradoja de que El Espectador publique un artículo como ese y a la vez sea co-oferente de este reconocimiento anual.

No existe tal paradoja. El Espectador no está en este premio por condescendencia. Creemos que un trato condescendiente, por el contrario, detiene el proceso que estamos tratando de construir con este premio.

Entendemos, sí, que existe la necesidad de una mirada afirmativa al aporte afrocolombiano porque lamentablemente en este país todavía les resulta mucho más difícil llegar que a los demás. Los obstáculos son inmensos y, lo peor, a nadie parece importarle.

Pero una vez han llegado a las grandes ligas, con enorme sacrificio sin duda, lo justo es que tengan un trato de igual a igual, sin provisiones de corte caritativo.

La benevolencia por cuestiones de raza u origen ya en ese nivel no es más que otra forma de discriminación. Con frases como “pobrecito, es que es negro y le ha tocado muy duro”, aspirar a que avancemos hacia la igualdad es una utopía irrealizable.

De manera que no vengo aquí a pedir perdón, ni mucho menos. Vengo, más bien, como les he dicho, a mirarlos a la cara para decirles que aquí estamos como iguales. Que así como en su momento fuimos críticos en El Espectador con las aparentes exageraciones de un exitoso científico como Manuel Elkin Patarroyo, consideramos igual de válido hacerlo otro exitoso científico como Raúl Cuero. Y que una discriminación positiva en favor del segundo, antes bien contribuiría a perpetuar esa mirada de inferioridad hacia todo aporte afrocolombiano.

Excúsenme por haber dedicado esta corta bienvenida a un tema tan particular y más bien molesto, pero me parece que era importante hacerlo para entender el alcance de esta celebración al poder de esta raza. Porque este reconocimiento a ese aporte para que Colombia sea un mejor país tiene ese propósito claro del que les hablaba al comienzo, acelerar el proceso de la sociedad hacia la igualdad.
Y para conseguir ese avance se debe evolucionar de lado y lado, abriendo los espacios allá y asumiendo las responsabilidades acá. Hoy premiamos a estos 13 afrocolombianos –Bueno, en realidad serán 26 pues premiaremos a los de 2012 y a los de 2013–, a estos 26 afrocolombianos entonces, que han logrado llegar y están compitiendo de igual a igual con los mejores en cada uno de sus campos. Y se convierten así en ejemplos para todos, para quienes están comenzando con todas sus dificultades a subir la cima y para quienes están en la cima, o cerca de ella, y siguen creyendo que aquellos no están capacitados para llegar.

Pero, una vez allí, en la cima, todos iguales, para que pueda ser posible realmente que en 2019 este premio no se justifique más.

Bienvenidos.

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Fidel Cano

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"El Espectador no está en este premio por condescendencia": Fidel Cano

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