El Festival Petronio Álvarez resiste, y este año será virtual

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Pese a la pandemia por COVID-19, la XXIV edición del Festival de Música del Pacífico será del 12 al 17 de agosto. El reto es la circulación del conocimiento, la música y las expresiones tradicionales por medio de tecnología.

Desde que nació hace 24 años, el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez ha logrado ganar un espacio importante en el corazón de los asistentes que cada agosto se reúnen en Cali para apreciar la música, el baile y la gastronomía del Pacífico. Sin embargo, este año la pandemia mundial del coronavirus supone un reto para el festival, que ahora debe reinventarse para llegar al público y seguir con su objetivo de preservar, cultivar y mostrar las tradiciones de la región.

“Se ha convertido en una salvaguarda de la cultura: música y tradiciones orales y espirituales. La gente registra el Petronio como el evento más importante de Latinoamérica de música del Pacífico, es una oportunidad para visibilizar a los artistas, pero también una plataforma de integración, inclusión y encuentro”, afirma José Darwin Lenis Mejía, secretario de Cultura de Cali al señalar que se está haciendo todo lo posible para mantener viva la tradición y apoyar a los artistas, sobre todo teniendo en cuenta que el año pasado contaron con 300 mil asistentes y cerca de 7 mil personas estuvieron vinculadas de manera directa.

Ana Copete, directora del festival, asegura que la edición de este año viene en un formato disruptivo, que prioriza la participación de artistas y expositores, “así como la circulación del conocimiento, las músicas y las expresiones tradicionales del Pacífico”. Este año hay 106 agrupaciones musicales inscritas y 429 expositores. Aunque por las circunstancias actuales no se realizará la modalidad de concurso, sí habrá presentaciones por medio de la plataforma Cultura Viral, la televisión abierta y las emisoras comunitarias.

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En la apertura estará la Sinfónica de Cali y la maestra Zully Murillo; se realizarán conciertos de gala con agrupaciones de larga y mediana trayectoria, ganadores de versiones pasadas, y las muestras de expresiones tradicionales se apoyarán en el comercio virtual y las alianzas estratégicas con plataformas de domicilios. “Esta edición generará los espacios para tejer redes nacionales e internacionales que permitan cerrar la brecha de reactivación del sector”, dice Copete. El secretario Lenis señala, por su parte, que también hay un componente territorial que consiste en llevar las expresiones tradicionales del festival y su parte académica a varias comunas de Cali, cumpliendo con los protocolos de bioseguridad.

Juan Epifanio Bazán, representante de la Asociación de Músicos del Pacífico radicados en Cali (Asomupac), cuenta que se ven afectados porque en condiciones normales todo en la ciudad se mueve alrededor del Petronio y hay mayor actividad en discotecas, bares y restaurantes. “Aunque el festival es un concurso y no hay una contratación masiva para nosotros, genera empleo, pues hay una dinámica alrededor de nuestra cultura, donde la música es un elemento central”, dice.

Bazán considera acertado que no se cancele, lo ve como una oportunidad para activar el sector y mitigar el impacto económico, por eso espera que se generen las condiciones para que todos los miembros que trabajan alrededor de la música puedan participar.

En eso coincide Samira Garcés, representante del pabellón de belleza, estética y moda, quien recuerda que desde que era una niña sus padres la llevaban al festival y piensa que debe hacerse todo lo posible para que no se pierda la tradición: “Estas iniciativas son buenas porque nos dan a conocer. La idea es que no se pierda la esencia de mostrar el territorio y evidenciar las prácticas del Pacífico colombiano”.

Para Nidia Góngora, cantora de Timbiquí, lideresa de procesos del Petronio e integrante del subcomité de música, los artistas se preparan todo el año para participar en las preeliminatorias o zonales, y el festival se ha convertido en un espacio dinamizador, de visibilidad y fortalecimiento de las manifestaciones propias del Pacífico colombiano. “Es un escenario para mostrar la riqueza ancestral. La música es el espíritu, pero también es una plataforma de difusión de la gastronomía, las artesanías y bebidas ancestrales”. Además, asegura que el reto es generar un puente entre la ciudad, el territorio y lo autóctono; lograr que estas nuevas exigencias técnicas no generen una ruptura frente a la naturaleza propia de las manifestaciones culturales.

El vocero del sector de bebidas Dimas Orejuela resalta que para las comunidades afrocolombianas la importancia cultural del festival es incalculable, pues el Petronio permitió legitimar y reconocer bebidas ancestrales como el viche. A Orejuela le preocupa que las ventas no sean las mismas al realizarse de forma virtual, ya que la participación presencial y “el ánimo contagioso” les generaban a muchos expositores ingresos para sostenerse varios meses.

Comenta, de igual manera, que económicamente se ven afectadas las personas que participaban en la logística del evento, el sector hotelero, el turismo, etc. Pero al igual que Góngora, considera que es una buena alternativa y espera que el acceso a la tecnología no sea un obstáculo.

Viviana Díaz, una de las representantes del pabellón de Artesanías, dice que si bien es cierto que hay barreras en cuanto al acceso a internet en los territorios y los conocimientos de uso de medios tecnológicos, y que “para muchos es difícil adaptarse”, hay que tener en cuenta que la Secretaría está generando estrategias frente a esas inquietudes.

Un proceso de formación que considera fundamental Nancy Cruz Arboleda, representante de Cocina Tradicional, para quien la cocina es una forma de ritualizar procesos simbólicos y manifestarse a través de platos. Dice que entiende la situación, pero no desconoce la importancia de la presencialidad, compartir aromas y sabores: “El Petronio nos ha permitido visibilizarnos como mujeres negras que en algún momento hemos tenido que salir de nuestro territorio. La cocina es resistencia, lucha por la libertad, es transmitir un legado”, dice.

Según Copete, están realizando un proceso de acompañamiento con las instituciones aliadas “para que el tránsito a lo virtual sea un poco más familiar para los músicos y para la gente”. Desde la Secretaría quieren preservar la esencia, incluir a todos los participantes y que el 70 % del presupuesto llegue a los actores del festival.

Aunque pasar a lo virtual es una tarea difícil, los participantes decidieron aceptarla con la confianza en que este espacio seguirá siendo una plataforma para visibilizar a los artistas, tradiciones y saberes de la región.

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