El freno a las noticias de sangre

Así eran los días en los que el periodismo comenzaba a tomar distancia de los directorios políticos y El Espectador decidió que la publicidad política debía pagarse.

Los años finales del Frente Nacional trajeron múltiples cambios en El Espectador. Uno de ellos causó polémica pero al final le dio la razón a los directores del diario. Era la época en que el periodismo comenzaba a tomar distancia de los directorios políticos y, en particular, El Espectador decidió que la publicidad política debía pagarse. La decisión causó un enorme ruido porque la costumbre era que los periódicos entregaran esos espacios gratuitos. Con el paso de los años se volvió un de los métodos primordiales de financiación de los diarios en tiempos de elecciones. (Vea el especial 30 años sin Guillermo Cano)
 
Otra decisión muy polémica fue la de reducir la llamada “Crónica Roja” o la información relativa a asuntos judiciales a lo estrictamente indispensable, para darle prioridad a los reportes de las Cortes, los tribunales y los juzgados. La creciente urbanización del país y los azares del orden público habían incrementado las noticias de esta naturaleza, pero se había impuesto un estilo amarillista con toda clase de detalles inconvenientes. Por esta razón, a pesar de que el género daba audiencia y crecían las ventas, El Espectador tomó el liderazgo de abrir la controversia. (Vea la lucha de Guillermo Cano por la libertad de prensa)
 
El 11 de mayo de 1967 anunció oficialmente que en adelante las noticias de policía iban a quedar desprovistas de excesos sensacionalistas. De paso invitó a los lectores a opinar sobre esta decisión. El 17 de junio de 1967, en una reunión realizada en Barranquilla, los directores de los principales periódicos del país respaldaron la iniciativa y acordaron “una mayor discreción en las informaciones de índole policial, como una forma de contribuir a la eliminación gradual de los crímenes en Colombia”. La Declaración de Barranquilla fue una manera de buscar que los violentos no tuvieran audiencia. (Lea: Así fue el cubrimiento de El Espectador en el surgimiento de las Farc y el Eln)
 
Al tiempo que caía el telón de los años 60 en Colombia, también se habían incrementado notoriamente los dilemas de la seguridad. Los grupos guerrilleros, sobre todo, a través del secuestro, amedrentaban a las comunidades en varias regiones del país; el paramilitarismo ya dejaba ver algunos anuncios de una violencia contrainsurgente de peligroso crecimiento; la delincuencia organizada protagonizada en asaltos bancarios o hurtos calificados; y en general el orden público estaba cada vez más quebrantado. El esfuerzo de los diarios por aminorar la información judicial fue también una forma de tratar de que no creciera el mundo del delito. (Lea: El regreso de la Unión Patriótica al Congreso)