El gran 'tahúr' de la televisión

Estas son las palabras de Pilar Castaño y del presentador J. Mario Valencia, que retratan a un hombre amigable y solitario.

Fernando González ‘Pacheco’ durante una grabación en 1971. Su carrera comenzó en 1957 en el programa ‘Agencia de artistas’. / Fotos: Archivo - El Espectador

Pilar Castaño, periodista

Él era una persona muy solitaria, pero muy amigo de sus amigos, tenía amistades entrañables desde que llegó a la televisión. Su gran amigo fue la ‘Chiva’ Cortés, compartían un terreno en el campo y se veían todos los fines de semana. Compartían su obsesión y entrega por el Santafé. Él era bohemio, un hombre que adoraba cantar, le gustaba cantar en lugares extraños. No jugaba póquer, ni iba a los casinos. Les gusta decir que era tahúr, pero no. Era dedicado a los automóviles. No se preocupaba mucho por la moda, era bastante descomplicado, una persona completamente original. Pacheco siempre se veía totalmente informal. ¿Cómo era realmente? Era un hombre histriónico, le fascinaba actuar, y lo hizo muchísimo en telenovelas y películas. Y que fuera tan bueno animando, tan bueno presentando, era porque era un buen actor, actuaba siempre.

Yo presenté con él mi último reinado de belleza, fue mi compañero y lo que aprendí con él no lo aprendí en 11 años, lo que había estado presentando el reinado. Era un presentador alucinante, un hombre de calidez, espontaneidad, el hombre que deja el mayor legado en la televisión colombiana. Y se querían con mamá (Gloria Valencia) porque eran por completo opuestos. Mamá era elegancia, formalidad; él era desabrochado, informal. Pero tenían el mismo amor por los animales, el mismo compromiso de entrega con la televisión, en vivo y en directo. Eran absolutos investigadores con cada personaje que entrevistaban. Eran respetuosos, coherentes, dejaban en alto a los entrevistados. Tenían un profesionalismo absoluto.

En sus últimos años, estaba muy malito. Cuando falta la salud, ya estos personajes se van disminuyendo hasta que nos dejan. Cuando mamá se fue, hace tres años, Fernando estaba malísimo. Eran grandes amigos con mi padre (Álvaro Castaño), adoraban el Santafé, y Pacheco se integró a todos los amigos del equipo. Ambos amaban la bohemia y la música.

Jota Mario Valencia

Pacheco era una persona jovial, querendona, sentimental, la persona que todos vimos en televisión. Sabía entregarse a los demás y era un hombre de ilusiones permanentes, que parecía inacabable. Amigo en las buenas y en las malas, un buen consejero. Un ser humano especial, metido en ese cuerpo grande, viejo, pero con una mente de niño. Todo era divertido, simpático, todo tenía un toque especial, todo con él era para morirse de la risa fácilmente. Era un hombre muy solitario; los últimos diez años de su vida fue muy solitario. Y al final no quería que los televidentes que lo conocieron en su esplendor lo vieran en decaimiento, entonces se ocultó algo huraño. A la mayoría de personas no les respondía. Todo esto empezó con una depresión por el secuestro de su primo La Chiva Cortés y una serie de situaciones que fueron llegando. Todo eso hizo que se deprimiera mucho. Hasta su muerte lo acompañó esa depresión. El resto vino a sumarse después. Empezó a deteriorarse todo Pacheco. Era un hombre que sabía lo que quería y que deseaba vivir. 

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