¿En el idioma de quién?

MINTIC desarrolló ‘En mi idioma’, una plataforma para la enseñanza de lenguas indígenas. Sin embargo, sin una gestión coordinada con otras instituciones, dicen expertos, los resultados de este tipo de iniciativas no serán los esperados.

Se han entregado 135.973 computadores en municipios con población indígena. / Cortesía Mintic

No han podido acabarnos porque cargamos en la sangre códigos colectivos”, dice, en lengua nam trik, un dibujo animado de un fruto de maíz que personifica a un miembro del pueblo misak o guambiano, que habita mayormente en el departamento del Cauca. El maíz se dirige a otro fruto que ha sido modificado genéticamente en un laboratorio. La mazorca mutante amenaza a los misak con acabar sus cultivos ancestrales. De fondo, suena una canción de la banda alemana de metal Rammstein.

Ese es uno de los productos audiovisuales que se han hecho por medio de la plataforma En mi Idioma, desarrollada por el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (Mintic). La herramienta, que se realizó con apoyo de la Unesco y en trabajo conjunto con Colnodo, es, según el Mintic, un medio “de apropiación educativa y cultural para los pueblos indígenas y palenqueros, que busca preservar las lenguas y el patrimonio cultural de esos pueblos”. Las dudas han surgido, entre otras cosas, al hacer un acercamiento a los métodos de enseñanza de lenguas que utiliza la plataforma, pues algunos podrían considerarlos inadecuados.

A través de En mi Idioma, miembros de las comunidades embera chamí, kichwa, misak, motilón barí, nasa, wayuu y palenqueros de San Basilio han podido registrarse y generar contenidos audiovisuales y tutoriales de sus lenguas.

Se abre, entonces, el interrogante de lo conveniente que es aplicar estándares prestablecidos, como cuestionarios de selección múltiple luego de lecciones de vocabulario, en la enseñanza y preservación de lenguas y culturas que, de hecho, son muy distintas una de la otra y de gran riqueza oral.

“Cada lengua es un asunto aparte. Por más que haya lenguas emparentadas, familias lingüísticas, todos los casos son diferentes”, dice Olga Ardila, profesora del Departamento de Lingüística de la Universidad Nacional, quien conoce de cerca la diversidad lingüística colombiana, a través de trabajos sobre comunidades como los uitoto y los tucano.

Ahora bien, hay universales lingüísticos. Todas las lenguas tienen vocales y consonantes, por lo tanto se podría hacer un curso de wayuunaiki, así como se puede hacer un curso de francés o inglés. "Este tipo de plataformas son para difundirlas de pronto entre los hispanohablantes, pero para los indígenas no veo que sea tan adecuada, porque creo que ellos necesitan otro tipo de enseñanza", agrega Ardila.

Pero, ¿cómo saber cuál es la forma adecuada de abordar la tarea? Para la lingüista, “este tipo de esfuerzos son muy importantes, pero se necesita del acompañamiento de especialistas. Un antropólogo y un lingüista me parecen indispensables”.

Durante el evento de presentación de En mi Idioma el pasado 30 de julio, la viceministra TIC, María Carolina Hoyos, afirmó que “no hay ninguna persona en el Mintic experta en el tema de etnias ni preservación de la cultura porque somos entes rectores de la tecnología”.

Entre los expertos hay consenso, además, en que la necesidad no es solo de un antropólogo o un lingüista, sino de uno que sea conocedor de la lengua de la comunidad con la que se está trabajando, o, a lo menos, que haya trabajado en la región. “Mintic tiene muy buena voluntad, ellos tienen el conocimiento formal, pero detrás tiene que haber un equipo de expertos asesorando y, por supuesto, la comunidad”, dice Ardila.

La pregunta ahora es la del diálogo entre ministerios y de estos con instituciones competentes. “No hubo ningún contacto con el Ministerio de Cultura”, dijo Julián Casasbuenas, director de Colnodo, que se encargó de la capacitación digital para las comunidades. Según él, la aplicación de la estrategia en Colombia se hizo replicando un modelo similar que se implementó en Canadá y Guatemala, también con apoyo de la Unesco.

La idea, de acuerdo con Casasbuenas, es que “estas comunidades se apropien (de la plataforma) y sean ellas quienes desarrollen las lecciones”. El acompañamiento, en ese sentido, ha sido mayormente en la familiarización con las herramientas digitales. Según Colnodo, a través del portal se han capacitado 17.851 personas y las estadísticas de navegación dan cuenta de más de 3.000 usuarios.

En materia de alfabetización digital, entre 2010 y 2014, el Mintic, por su parte, ha trabajado con 24.602 indígenas en el país, con una inversión aproximada de $983 millones.

Santiago Aparicio, director de Apropiación del Mintic, afirma que “no es tan fácil coordinarnos todos”. De acuerdo con Aparicio, la cartera a la que pertenece es la encargada del despliegue tecnológico, que este nuevo cuatrienio está enfocado a reducir la pobreza. Entonces, es fundamental entablar diálogo entre ministerios, pues, por poner un ejemplo, “los que más saben de educación son el ministerio de Educación, los que más saben de plagas es Corpoica”. Mintic tiene la tecnología, pero, ¿quién tiene el resto del conocimiento?

Desde la Dirección de Poblaciones del Ministerio de Cultura, consultada por El Espectador, se han dispuesto cartillas de carácter público como la del Programa de Incorporación del Enfoque Diferencial y la Acción sin Daño, que da orientaciones a funcionarios y otras personas que estén interesadas en desarrollar proyectos dirigidos a poblaciones indígenas.

Ahora, cabe recordar que el espacio para el encuentro entre ministerios existe y es el Consejo Nacional de Lenguas, que se creó bajo la Ley 1381 de 2010. Según la norma, el principio de concertación es clave, es decir, se espera que la entidad que desarrolla los programas llegue a un acuerdo autónomo con las comunidades involucradas para la implementación de estrategias y proyectos.

Mintic, Mincultura y Colnodo, concuerdan en que efectivamente se han generado espacios de discusión con especialistas en el trabajo con comunidades indígenas. Mintic y Mincultura hacen parte del Consejo Nacional de Lenguas, en donde Mintic incluso coordina una de las comisiones. Además, han trabajado durante más de un año en la formulación de las políticas de comunicaciones indígenas. Colnodo, por su parte, ha participado del foro de Gobernanza de Internet, en donde se discute sobre diversidad y acceso para las poblaciones.

El Consejo de Lenguas se reúne una vez al año. Sin embargo, según fuentes consultadas por El Espectador, no son muchos los resultados que se han hecho visibles. Un agravante es que los representantes ante los comités han cambiado con frecuencia, razón por la cual es difícil darles continuidad a los procesos. El ente encargado de coordinar proyectos y trabajar por la revitalización de las lenguas fue en su momento el Comité Nacional de Lenguas, en cabeza del Instituto Colombiano de Antropología, (hoy, ICANH). En la actualidad, el consejo creado por la ley del 2010 lo rige directamente el Ministerio de Cultura.

Por ahora, el director de Apropiación resalta que la plataforma es de código abierto y que se espera que evolucione. Colnodo, por su parte, afirma que “mientras más actores haya involucrados, mejor”.

La situación en la que se enmarca la plataforma, para la profesora Ardila, quien además es representante de la Universidad Nacional ante el Consejo de Lenguas, habla de una problemática más profunda. “Las lenguas se están dejando de hablar, porque las generaciones jóvenes prefieren el español”. La enseñanza de la lengua es clave y, por lo tanto, el tipo de iniciativas como En mi Idioma, necesarias.

Pero, “para poder desarrollar esas tareas lo primero es haber estudiado las lenguas. Si no hay información sobre ellas, nada se puede hacer”, dice Ardila. En Colombia todavía faltan estudios básicos sobre muchas de las más de 60 lenguas que se hablan en el país. “Hay lenguas de las que no hay información”. Tener un panorama general sobre el estado de la diversidad lingüística en Colombia es vital para definir prioridades. “Lo que se haga tiene que hacerse ya o será muy tarde”.

Para que los presupuestos y los esfuerzos no se subutilicen, los expertos están de acuerdo en que hay que tomar como ejemplo casos internacionales que muestran avances en revitalización lingüística, como México. “El caso de la revitalización del euskera en España es muestra de que es necesario el trabajo con un grupo de especialistas”, asegura Ardila. La situación colombiana es compleja por su diversidad de lenguas, de las cuales muchas tienen menos de 1.000 hablantes.

La inquietud también es a quién le están, o estarían, llegando las iniciativas. Es decir, con las condiciones de infraestructura, conectividad y dispositivos del país, ¿el servicio realmente puede llegar a las comunidades indígenas? La idea es que sí.

Según el Mintic, a la fecha se han entregado 135.973 computadores y 13.510 tabletas en municipios con población indígena, con una inversión de $198.000 millones. Para finales de 2014, la meta es conectar a la red troncal de fibra óptica a 151 municipios que también comprenden a este tipo de población. Con esto, según el ministerio, se estaría cubriendo el 85% de la conectividad para las comunidades. El porcentaje faltante (34 municipios) se incluyó en el Proyecto de Conectividad de Alta Velocidad.

Sin embargo, personas que trabajan de cerca con las comunidades no lo ven tan claro, sobre todo porque difícilmente se puede sacar todo el provecho de herramientas digitales cuando las necesidades básicas no están satisfechas. La hermana Rubiela Marín, misionera laurita y vicaria provincial que ha trabajado de cerca con población indígena en Antioquia, afirma que: “lo más importante son los servicios de agua potable, salud y educación. Es cierto que durante estos años eso se ha venido impulsando, pero todavía hay muchas comunidades que los carecen”.

Ramiro Epiayuu Morales, fundador de la Asociación de Autoridades Tradicionales Wayuu Achijirawaa, afirma que con el uso de En mi Idioma “el status de los maestros ha cambiado”. Sin embargo, agrega que “hay un problema por resolver y es la conectividad. La zona rural es muy dispersa”.

Durante el evento de lanzamiento, Solmery Casseres, en representación de las comunidades palenqueras de San Basilio, también contó su experiencia con la herramienta. “(Los niños) hacen sus cuentos, los mitos, las leyendas. Y se emocionan, se interesan por la lectura, la lengua palenquera y las costumbres que se han ido perdiendo (…) Desafortunadamente no contamos con todas las herramientas necesarias, como equipos de trabajo”.

Misael Domicó, gobernador mayor de las comunidades indígenas de Dabeiba, a pesar de ser líder embera, no tenía conocimiento de la plataforma. El Espectador intentó contactar a la representante embera chamí que participó en el desarrollo de En mi Idioma, pero no recibió respuesta. Domicó, sin embargo, afirma que proyectos semejantes “se requieren y se necesitan”. Cree que serían un complemento para “defender lo que hemos ido perdiendo: la cultura, la lengua y el territorio”.

 

El panorama general es diciente de ruidos en la comunicación entre ministerios, instituciones e incluso con la población, que no es poca. Según cifras del Dane, en Colombia la población amerindia representa el 3,4% del total, es decir, son aproximadamente 1.378.884 personas.