El jesuita que entiende la muerte digna

En Colombia hay mucha gente que valora el trabajo que el exmagistrado Carlos Gaviria, quien murió el pasado 31 de marzo, hizo para despenalizar el homicidio por piedad. El padre Alberto Múnera es uno de ellos.

Además de ser amante de la música clásica, el padre Múnera es fanático del baloncesto. Cristian Garavito

En la selección de discos que tiene en su computador el padre Alberto Múnera, tiene desde los conciertos de Brandeburgo de Johann Sebastian Bach, hasta Rhapsody in Blue, de George Gershwin. Siempre lo acompañan en su oficina en la Universidad Javeriana, en donde prepara sus clases de teología de la moral, organiza las reuniones de los tres pregrados que dirige y escribe los libretos para el programa religioso que lidera en la emisora Javeriana Estéreo.

Estas tareas son apenas un abrebocas del trabajo que el padre Múnera le ha dedicado a la enseñanza de la teología y a predicar la palabra de Dios dentro de la comunidad jesuita que tuvo de cerca desde muy pequeño en el Colegio San Bartolomé. “Nunca dudé de mi fe y de lo que quería hacer. Por eso, en 1952, ingresé al seminario de los jesuitas en Zipaquirá. Ya en 1966 me ordené como sacerdote mientras cursaba la maestría en filosofía y letras”, comenta este antioqueño de 78 años, quien agrega que hace poco sus familiares encontraron un vínculo de sangre con la madre Laura, canonizada por en mayo de 2013.

“Yo lo conocí hace 40 años. Lo empecé a admirar en las clases por la claridad de su discurso”, cuenta uno de sus amigos más cercanos, el jesuita Carlos Novoa, que asegura que su maestro habla con fluidez latín y conoce casi de memoria los textos que predica. “Desde que el padre estuvo en la facultad tuvo un apoyo incondicional con el papel de las mujeres dentro de la teología que nunca había tenido la universidad”, señala su alumna Consuelo Vélez, quien recibió una beca mientras el padre Múnera era decano de la Facultad de Teología de la Javeriana.

Estando al frente del Instituto Pensar, el padre Múnera fue uno de los jesuitas que se opusieron a que la Javeriana cerrara el Ciclo Rosa —un evento académico para analizar temas de la comunidad LGTBI—, tal cual lo exigió un sector ultraconservador de la Iglesia católica que hasta cartas envió al Vaticano y tal cual sucedió. Polémicas como estas ha enfrentado toda su carrera. “Cada vez que nosotros hablamos en público siempre salen los de extrema derecha y dicen que sólo decimos barbaridades y somos herejes”, comenta el padre.

Llegó a la organización Derecho a Morir Dignamente por su amistad con la fundadora, Beatriz Kopp: “Participo como asesor externo para apoyar los principios que rigen a la Fundación: el respeto a la vida y a las personas. Es la defensa de principios éticos relacionados con los derechos humanos y es un derecho que a la persona no la obliguen a padecer por resolverle la enfermedad. No analizo casos, si alguien viene a consultarme un dilema, eso ya es confesión”. Añade que cada vez que se refiere a temas controversiales se basa en documentos de la Iglesia, como el Concilio Vaticano II, que tiene en su biblioteca. “En mi posición en el debate sobre morir dignamente, por ejemplo, me baso primero en el derecho mismo que tiene una persona a elegir si quiere seguir sufriendo o descansar en paz”.

En palabras de Múnera, se trata de una elección entre dos males que sólo debe tomar la conciencia, lugar de encuentro con Dios, según el Concilio Vaticano II. “Sólo Dios juzga la conciencia y nadie más puede hacerlo”, dice el padre con el texto en mano. A partir de esta explicación, su trabajo como asesor ético de la Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente resulta novedoso para muchos. “Es absolutamente importante su presencia porque los pacientes y las familias encuentran en él un apoyo fundamental al momento de tomar una decisión”, según Carmenza Ochoa, directora ejecutiva de la Fundación.

“La vida hay que respetarla, pero no es un principio absoluto: por ejemplo, Jesús dio su vida por nosotros. No soy liberal ni de vanguardia, pero si con eso nos referimos a que sigo las disposiciones del Concilio Vaticano II, pues soy vanguardista”, agrega el padre Múnera, quien reconoce el valor de la ponencia que Carlos Gaviria elaboró para que se aprobara la eutanasia. “Por esa sentencia de la Corte Constitucional es que puedo hablar del derecho a morir dignamente”, dice el sacerdote, de quien se podría decir que ya ha hecho más que el Congreso de la República, el cual va para 18 años sin hacer lo que la Corte le ordenó: reglamentar el derecho a morir dignamente.