El joven llanero que fue invitado a la entrega del premio Nobel

Jhoan Sebastián Hurtado de 23 años estará en primera fila durante la entrega del Premio Nobel de Paz a Juan Manuel Santos, este sábado.

Archivo EFE

A sus 23 años, un sencillo joven villavicense va a cumplir un sueño que en realidad no estaba entre sus planes: el 10 de diciembre estará presente en la ceremonia de entrega del Premio Nobel de Paz al presidente Juan Manuel Santos.

Y no es que vaya a estar en un salón contiguo al escenario principal, ni tampoco en una sala de prensa, su tarjeta de invitación está reservada para el Oslo City Hall, el teatro donde se realizará la ceremonia central.

No se trata de un destacado diplomático, tampoco un político influyente, ni mucho menos un familiar del mandatario colombiano. Es Jhoan Sebastián Hurtado Moreno, uno más de tantos voluntarios anónimos de la Cruz Roja en el Meta que por más de seis años ha trabajado en ese organismo de socorro, pero que a fuerza de persistir, a comienzos de este año, terminó en un programa de intercambio en Noruega.

“Me vinculé a la Cruz Roja cuando era menor de edad. A mi colegio, el INEM Luis López de Mesa de Villavicencio, llegaron a hacer la invitación para quienes deseaban ser parte del voluntariado. La verdad como no tenía nada que hacer los sábados, me uní”, recuerda.

Después de terminar el colegio, le dedicó más tiempo al voluntariado. Al ingresar a estudiar comunicación social a la Uniminuto no dejó de ser voluntario. De ahí en adelante solo han sido talleres, cursos de preparación, actualización y capacitaciones en casi todas las áreas, teniendo en cuenta que las necesidades humanitarias cambian. 

Pero estar en el Oslo City Hall el sábado es una cadena de hechos no fortuitos sino fruto de la persistencia de Sebastián, quien de todas formas, al ser voluntario, nunca olvidó que debe ofrecer sin esperar nada a cambio.
 
“La Cruz Roja Colombiana tiene un proyecto de intercambio laboral con la Cruz Roja Noruega. Yo me presenté dos veces y en ambas fui rechazado. Para la tercera le dije al doctor (Eduardo) Rozo (presidente de la Cruz Roja en el Meta)  y contar con su aprobación. Era la última vez que iba a intentarlo y lo logré”, dijo a El Espectador Johan Sebastián, quien desde febrero pasado llegó al país nórdico.

Uno de los requisitos es saber hablar inglés, segunda lengua en la que se comunican todos los noruegos. El villavicense pertenece a Paz, Acción y Convivencia de la Cruz Roja, programa en el cual se realiza el proyecto de intercambio. De  tantas cosas que le han sorprendido destaca el nivel de desarrollo social de este país, en el que, según él, “existe un verdadero espíritu de fraternidad entre sus habitantes, en el que se respetan los derechos de las demás personas”.

La temperatura para este latino tropical por estos días está en menos cuatro grados centígrados, pero el invierno aún no llega y teme que será peor, pues las horas de Sol se reducirán. Lograr los hábitos de sueño también ha sido novedoso, pues le es difícil acostumbrarse  a acostarse a dormir cuando a simple vista parece que aún es mediodía.
“Los noruegos no tienen un sistema jerárquico tan riguroso. Han adquirido el sentido de la responsabilidad muy bien. Sabes que tienes que trabajar y cuáles son tus responsabilidades. En tu trabajo eres libre, cumples horario, pero también tienes unas metas para cumplir. Cada uno sabe lo que tiene que hacer. El noruego tiene todo planeado y eso se ve en el nivel de desarrollo y de calidad de vida de sus habitantes”, describe Jhon Sebastián.

Efectivamente, Noruega ocupa el primer lugar en el índice de desarrollo humano de la ONU. Los noruegos tienen una esperanza de vida al nacer de 81,3 años, un promedio de escolaridad de 12,6 años y su ingreso bruto per cápita del año pasado fue de 48.688 dólares. Niger (África), que es la última, tiene un ingreso per cápita de 701 dólares, una tasa de escolaridad de 1,4 años y la esperanza de vida es de 55 años.

Así llegó a la ceremonia

El metense dice que la invitación a la ceremonia del Nobel se la debe a dos factores: Uno, pertenecer al Programa Paz, Acción y Convivencia; y dos, a los contactos que tiene su jefe inmediata en Noruega. Gracias a ello tuvieron acceso a uno de los miembros del Comité del Nobel, quien al darse cuenta que era colombiano; perteneciente de la Cruz Roja; proveniente de una región que ha estado en conflicto pero que es un joven que trabaja por la paz, decidió extenderles la invitación especial a la entrega.

“Fue una sorpresa cuando llegó la invitación. Estar aquí es ya un sueño, imagínese ahora estar en vivo y en directo viendo un  momento histórico para el país. Las próximas generaciones lo recordarán y yo podré decirles que estuve ahí”, cuenta emocionado y con su estilo jovial Johan Sebastián y ya tiene listo su traje para la ceremonia.

Su regreso a Colombia está previsto para junio del próximo año, por lo que será la primera Navidad que pase sin su familia (sus padres y su hermana), a la que dice extrañar mucho, pese a todas las experiencias que está viviendo.

“Aunque el noruego es colaborador y no tiene envidias, son fríos, no son calurosos como el latino. Extraño mucho mi casa. Seguro la época de Navidad me dará duro, pero el sacrificio vale la pena”, aseguró el joven quien vive en Villa Juliana, de Ciudad Porfía.

Y agrega: “Todo en la vida se hace con esfuerzo y disciplina. Estoy aquí por constancia, porque no me di por vencido. Soy de una familia humilde, pero que lucha por lo que desea, que busca las oportunidades. La gente no puede olvidar sus sueños, esa es la clave.

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