El ‘Maestro’ Guhl que conocí

Luis Eduardo Celis, reconocido analista político, a través de este corto texto, señala su experiencia como estudiante del precursor de la geografía moderna en el país. </p><br><div class="block-title-gray"><a href="http://www.elespectador.com/noticias/infografia/100-anos-del-padre-de-ge... el especial aquí</a></div><br>

Ernesto Guhl en salida de campo con los estudiantes de la Universidad Nacional./ Derechos Fondo Ernesto Gulh Centro de Archivo y documentación Universidad Nacional de Colombia- Ernesto guhl nannetti

 Ha llegado el centenario del natalicio de Ernesto Guhl, quien vivió la mayor parte de su vida en Colombia dejando huella en muchas generaciones de jóvenes. Quienes tuvimos la gran oportunidad de compartir con un maestro apasionado por la vida, la comprensión del territorio y sus vericuetos, en travesías por una Colombia tan diversa, que el recorrió a pie y conoció de manera profunda en las cinco décadas que permaneció en esta Colombia, que pocos han caminado como él.

Lo vi por vez primera en el año 83, cursaba primer semestre de sociología en la Universidad Nacional en Bogotá –donde llegue siguiéndole la huella a Camilo Torres Restrepo-. Guhl era el maestro de Geografía Física y recuerdo muy bien de ese primer encuentro fue una frase que me quedo sonando; “no se aprende geografía sino se camina, entonces vamos a salir a caminar” y a fe que ese semestre caminamos.

El ejercicio que nos propuso fue hacer un perfil de altura, climas, vegetaciones, con el mayor detalle que pudiéramos, trazando una línea entre la vertiente oriental de la cordillera oriental y su vertiente occidental. Tuvimos cerca de siete salidas. Recuerdo que fuimos al Paramo de Sumapaz, del cual era un experto y un apasionado. También a Honda, Villa de Leyva y Villavicencio. En cada salida debíamos enriquecer nuestra capacidad de describir con el mayor detalle todo lo que observábamos y encontrábamos. Eran unas salidas maravillosas, por su capacidad de captar y motivar nuestro interés por la geografía.

En segundo semestre, debíamos seguir el ejercicio con el maestro Guhl, en una segunda materia; geografía humana. Nuevamente con la premisa de que debíamos salir y comprender la relación entre el espacio, sus complejidades y las comunidades que lo habitaban, transformándolo, viviendo en armonía o en conflicto con él. Cada clase era un despliegue de conocimiento, sencillez y compromiso con ese grupo de jóvenes provenientes de muchas regiones de Colombia que habíamos optado por las ciencias sociales, no pocos con la pasión de tener mejores herramientas para trasformar una Colombia que considerábamos –y muchos seguimos considerándolo- tenía mucho por transformar.

El maestro Guhl, era un hombre totalmente sensible al ejercicio de formación de cada nueva generación de jóvenes que pasamos por esas aulas de la Facultad de Ciencias Humanas y algunos de otras facultades atraídos por su aureola de buen maestro y buen hombre, creía en la ciencia como transformadora de la sociedad, sabía que en nuestros corazones latía las ganas de comprender y transformar, recuerdo que una vez, cuando nos enredábamos leyendo los mapas, con sus curvas de nivel, nos dijo con total naturalidad: “aprendan a leer los mapas, para cuando se vayan a la guerrilla, no se pierdan”, eso me impactó, porque era un hombre que tomó total distancia de las opciones armadas, por eso huyó de su natal Alemania cuando fue controlada por el nazismo y el avizoró lo que se venía y la historia le dio la razón. Pero el sabia distinguir entre la historia que él vivió en Alemania y la rebelión armada en Colombia, la cual vio con distancia pero con respeto desde su lugar privilegiado de maestro. Profesión que le dio espacio para conocer a cientos de jóvenes y otros no tanto, como su amigo Camilo Torres Restrepo, que terminaron en el torrente de la acción política con los fierros.

El Maestro Ernesto Guhl, fue determinante en los estudios sobre el territorio y su geografía, dejó no sólo una huella en la formación universitaria sino una obra, que bien valdría la pena que fuera nuevamente publicada por la Universidad Nacional de Colombia.

En este centenario, espero que su obra se estudie no solamente en los Departamentos de Geografía, sino en todas las facultades de Ciencias Sociales del país. Fue un maestro, un académico que en este su natalicio, merece ser recordado y apropiado por una país que quiso e hizo suyo.

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