El metro de Medellín mira hacia el tranvía de Ayacucho

Tras 17 años, la línea A del sistema de transporte llega a dos municipios más. El nuevo tramo hace parte de un amplio plan de expansión.

De lejos, esta estación del metro parece un parque biblioteca, así como esas imponentes y atractivas construcciones que han sido construidas en Medellín durante los últimos años. De cerca, es un cubo moderno, cómodo, aireado, chorreado de luz natural, rodeado de jardines y zonas verdes y con estructuras amables y accesibles para quienes sufren alguna discapacidad.

Así, moderna y muy diferente a las que hay de Bello a Itagüí y de San Antonio a San Javier, es la estación Sabaneta del metro, que entrará en operación el 5 de agosto. Así también será en los próximos días la de La Estrella. La obra, que tuvo un costo de $160.546 millones (sin contar los dos trenes, de seis coches cada uno, para atender la nueva demanda en las dos estaciones), transportará a unos 57.000 usuarios nuevos de los municipios directamente beneficiados y de otras comunidades del sur del Valle de Aburrá, como San Antonio de Prado y Caldas, e incluso municipios del suroeste antioqueño.

Aunque el nuevo trayecto es la primera expansión de la línea A desde que el metro comenzó operaciones, el 30 de noviembre de 1995, es un proyecto más de los 27 planeados hasta el año 2030, consignados en el Plan Maestro Integral. La primera gran obra de ese plan fue el metrocable del nororiente de Medellín (línea K), inaugurado en 2004.

Ese cable aéreo transformó en gran medida la realidad de más de 150.000 habitantes de las comunas 1 y 2 (Popular y Santa Cruz) de Medellín, y marcó un precedente porque “nunca antes —lo dice Ramiro Márquez, gerente del metro— se había operado un sistema de cable 20 horas al día y por más de 350 días seguidos al año”. En 2008 fue inaugurado el de occidente (Línea J), que beneficia a unos 120.000 habitantes de tres comunas del occidente de Medellín, y en 2010 la línea turística del Parque Arví (Línea L).

Desde 2008 y hasta 2010, las líneas K y J les habían ahorrado a los usuarios $67.500 millones, según estadísticas del metro.

Ahora, con el proyecto del sur del Valle de Aburrá prácticamente finalizado, el metro enfoca todo su potencial hacia el tranvía de Ayacucho, un megaproyecto que estará listo en mayo de 2014. El sistema, conformado por trenes eléctricos y dos cables aéreos, fue financiado directamente por la Alcaldía de Medellín, a través de un crédito de US$250 millones a 20 años de plazo que le entregó la Agencia Francesa de Desarrollo.

El tranvía, compuesto por 12 trenes con capacidad para 300 pasajeros, estará articulado a la estación San Antonio, en el centro de Medellín, y a dos cables aéreos de un kilómetro, que irán desde Buenos Aires (Comuna 9) hasta los sectores más altos de la Comuna 8 (Villa Hermosa).

Para garantizar la sostenibilidad de la ciudad en los próximos 100 años, es necesario tomar decisiones de esa magnitud, según Thomas Elejalde, gerente de operaciones del metro. Si el Concejo de Medellín de los años 50 no lo hubiera pensado así, dice, al reservar 50 metros de franja de terreno a cada orilla del río Medellín, no hubiera sido posible empezar a construir el Metro más de 30 años después, porque posiblemente habría sido muy costoso comprar terrenos ya urbanizados o invadidos. “Esa fue una decisión consciente y premeditada del Concejo de Medellín de ese entonces, para permitir la construcción futura de un sistema de transporte masivo”.

La experiencia acumulada durante 17 años le ha permitido al metro orientar diversos proyectos dentro y fuera del país. En Colombia ha asesorado iniciativas como el metrocable de Manizales y el del municipio de Soacha (Cundinamarca), y en el exterior, los metros de Panamá, Lima (Perú), Quito (Ecuador) y el metrocable de la zona del Complexo do Alemão (Río de Janeiro, Brasil), entre otros. “Nos han pedido colaboración con mayor celeridad a nivel internacional que a nivel nacional, porque especialmente en Bogotá no han adelantado otro tipo de decisiones”, dice Elejalde.

Pese a la cantidad de proyectos de movilidad sostenible e inclusiva que habrá en Medellín en los próximos 20 años, Elejalde dice que la ciudad aún está muy lejos de los modelos europeos y asiáticos. “Nos falta mejorar en planificación, en institucionalidad, en el pensamiento a largo plazo (…) nos falta mucho para llegar al nivel óptimo”, dice.