¿Qué pasó con el protagonista de "El niño y el papa"?

El Espectador habló con el mexicano Christopher Lago, hoy de 41 años, quien actuó en la película “El niño y el papa”. Ahora es chef.

Christopher Lago fue actor durante su niñez y adolescencia. Ahora vive lejos de las cámaras y es chef. Cortesía

El 2 de julio de 1986, el papa Juan Pablo II realizó una multitudinaria eucaristía en el parque El Tunal de Bogotá. Era el segundo de los diez días que permanecería en Colombia, pero el único que tenía el director Rodrigo Castaño para rodar una de las escenas finales de la película que venía preparando desde hacía más de seis meses. (Vea el especial de la visita del papa Francisco a Colombia)

Había pocas credenciales para acceder a la zona donde se movería el papa. Cada una se identificaba por un color que daba paso a ciertos anillos de seguridad y quienes tenían mayor acceso eran Carmenza Duque y Christopher Lago, los protagonistas de la película El niño y el papa.

Aunque la escena iba a ser totalmente improvisada, pues no sabrían si el papa se acercaría al niño, todo estaba previamente calculado. La producción trasladó ocho cámaras al lugar para cubrir todos los ángulos. No podían darse el lujo de que alguno de los personajes diera la espalda; además se habían dado indicaciones a los dos actores para responder en el momento.

“A pesar de que estaba concentrado en la posición de las cámaras, porque ya había recibido instrucciones hacia qué lugar debía mirar y cómo debía evitar darles la espalda, fue una sensación especial. Estaba concentrado en la escena, pero además muy emocionado”, dijo Christopher Lago, el actor que personificó al niño.

La toma se logró. Además de que el papa Juan Pablo II se acercó a los dos actores, se agachó y le dio un beso en la frente al menor. De acuerdo con Lago, “él irradiaba una vibra muy especial. Aparte, era sorprendente el lugar (El Tunal), tanta gente vibrando y con tanta energía positiva. Ese instante se convirtió en una especie de emoción que hizo catarsis, que no alcanzaba a dimensionar y que obviamente no voy a olvidar”.

Para el momento, Christopher Lago era un pequeño actor de 11 años con una destacada trayectoria en la televisión mexicana. Comenzó a los siete, en la novela Vanessa, y posteriormente se destacó en otros proyectos, como Bianca Vidal, Guadalupe, Mi nombre es Gatillo y Montecalvario, pero la principal razón por la que lo ficharon para la película colombo-mexicana fue su aparición en la novela La Fiera, que meses antes de la llegada del papa a Colombia era sensación en el país.

Según Lago, tanto el director, Rodrigo Castaño, como el productor, Felipe López, buscaban un niño que representara la niñez latinoamericana. El acercamiento se hizo en 1985 y pronto comenzaron las grabaciones de la película en México. Como argumento se tuvo el terremoto que dejó más de 10.000 muertos en Ciudad de México. Lago interpretó a un niño que en medio del desastre no encontraba a su madre y por ello empezaba una travesía para encontrarla y, según él, no había mejor forma que a través del papa.

Lago llegó a Bogotá meses antes de la visita del papa. “Estuvimos bastante tiempo en la ciudad y fue maravilloso lo afectiva que fue la gente. Recuerdo muchísimo que nos quedamos en el hotel Cosmos y que el olor de las cafeteras me despertaba. Ese aroma me encanta. También recuerdo mucho el mercado en el que grabamos, las papitas criollas y unos costillares que me encantaban. Las bandejas paisas, las arepas, casi todo lo disfruté”, dijo el actor.

La película se estrenó en febrero de 1987 y desde entonces Lago no ha vuelto a Colombia. En su adolescencia apareció en otros seriados mexicanos, como El hijo del pistolero y Perros de presa, hizo teatro y algunos comerciales para Estados Unidos. “Luego empezaron a salir las exclusividades de los actores con los canales y le perdí un poco el interés”, asegura.

Es por ello que cambió su rumbo y se dedicó a la cocina. “Desde niño me gustó mucho”, manifiesta. Hizo carrera, tuvo un restaurante en Cancún por cuatro años y ahora tiene una empresa de catering y banquetes.

Vive lejos de las cámaras y les dedica todo el tiempo a su empresa y sus dos hijos. Aunque ha crecido y ha cambiado, considera que esa película no termina de darle sorpresas. Constantemente recibe correos de gente de toda Latinoamérica.

Un adulto me escribió diciéndome que se identificaba mucho con la película, porque su historia con su madre era similar a la que vivió Ángel, el niño de la producción. Me dijo que me agradecía. Esas son cosas que van llenando cada día y quedan. Eso te cambia, tan es así que la gente me escribe y me dice que cuando vaya a Colombia podemos hacer una convivencia porque quieren verme”, asegura Lago.

Con sus hijos ha experimentado una historia similar. Uno de ellos no conocía su pasado actoral y un día que estaban viendo televisión encontraron la película. “Mi hijo se quedó viendo la pantalla se volteó y me dijo: ‘Papá, ese niño de la tele se parece mucho a mí’. Después ya le expliqué que de pequeño había sido actor”.

Aunque no tiene por lo pronto planes de volver a Colombia, sí recalca su interés por volver al país a encontrarse con los actores con los que estuvo en la película. De su única visita aún le quedan gustos —“soy un gran tomador de tintico”— y lugares por conocer.

En cuanto a la actuación, no descarta volver a hacer algo, pues aún es una de sus pasiones. “A lo mejor un día voy a Colombia y visito amigos productores a ver si planeamos algo”, concluye.