El nuevo tumbao de Larry Harlow

Una semana después de casarse por el rito judío, el exintegrante de la orquesta Fania y su esposa están en Barranquilla. “Soy judío y africano, no creo en Jesús”, dice.

Larry Harlow viene de hacer presentaciones en Japón. El domingo se presentará en el Carnaval de las Artes de Barranquilla. / Fotos: David Lara Ramos

Larry Harlow perdió la melena que lucía en aquellos tiempos lejanos de Las Estrellas de Fania, la popular orquesta de música afrocubana de la que fue uno de los primeros integrantes. Los mechones de cabello de entonces se acompañaban de patillas extendidas, anchas y aligeradas, y un bigote húngaro, pero sin pelos estirados hacia los lados. Así aparece en el filme Nuestra cosa latina, de 1971, que marcó el comienzo de una época dominada por un ritmo que llamaron salsa.

Le recuerdo ahora esos momentos y apenas sonríe, atragantado por los recuerdos y la lejanía de una música en la que brilló con grandeza y que sigue cultivando con la misma pasión de tiempos idos, pues, según sus palabras, circula por su sangre judía desde que la conoció arraigada en Cuba y más tarde en su expansión a Nueva York, donde él nació en 1939.

“Fue una época maravillosa”, dice con un español agringado mientras acaricia su frente solitaria y agita las manos para mostrar su alborozo. Habla bastante de los viejos momentos en los que era un rey del piano que compartía trono con Papo Lucca y Ricardo Ray, dos excelsos pianistas por quienes no oculta simpatía y admiración. Tal vez sigue siendo rey y lo demostrará mañana, cuando actúe en el cierre de la octava edición del Carnaval de las Artes que se desarrolla con el fondo de una imagen creada por el pintor Nitho Cecilio en la que destacan Quijote y Sancho Panza, quienes lucen máscaras del disfraz de marimonda y marchan más allá de La Mancha en busca de la Batalla de Flores y de la Gran Parada.

Harlow arribó el pasado jueves a Barranquilla, ciudad que visitó cuando la orquesta de Johnny Pacheco y Jerry Masucci despuntaba con sus grandes descargas. Le pregunto por qué no volvió con la Fania en 1980, cuando la banda musical actuó en el estadio de fútbol Romelio Martínez, y contesta, inicialmente, que estuvo Papo Lucca, director de la Sonora Ponceña, con el que alternaba en varias presentaciones por el mundo. Después aclara:

“Siempre me peleaba con Jerry Masucci, el dueño de la Fania. Nunca fui socio de esa empresa, pero fui su primer integrante. Por esas peleas me negué a venir a Colombia. Después de mí llegaron Bobby Valentín, Ray Barreto, Pete Rodríguez, Santos Colón, Héctor Lavoe, Ismael Miranda, Adalberto Santiago, Cheo Feliciano, Rubén Blades y los demás”.

Papo Lucca y Larry Harlow, junto a Richie Ray, Ismael Miranda, Cheo Feliciano y Rubén Blades, son de los pocos que prevalecen de aquella pléyade de salseros que sedujo a una generación que fue reemplazada por la que hoy ama la champeta y otros aires alejados de la guaracha, el son, la rumba, el chachachá, la pachanga y el guaguancó.

“Esta es mi última mujer”. Larry Harlow está feliz. Hace una semana estuvo actuando en varios sitios de Japón en medio de los recuerdos de Nora, la cantante de la orquesta La Luz, con quien trabajó en algunos cortes musicales. Después voló a Nueva York y ahora está aquí, al frente de la piscina del hotel El Prado, vistiendo una camiseta negra con el nombre Fania en el pecho y la sonrisa a flor de boca.

Hay una razón para que su júbilo se salga de madre. Hace una semana se casó, por el rito judío, con la puertorriqueña María del Carmen Kahn, quien ahora lleva su apellido, pues el nombre de pila de Harlow es Lawrence Ira Kahn.

Ella, a su lado, ríe a carcajadas con las ocurrencias y mofas de Harlow, quien dijo que sólo siete personas asistieron a la boda que repetirá el 21 de junio en Miami, también por el rito judío, pero con el agregado de las siete potencias africanas que, afirma, iluminan su arte.

“Lo conocí en 2003 —explica María—. Fui su fanática desde niña porque en esa época ya me gustaba la salsa. Cada foto de él la cortaba y la pegaba en la pared. Le decían ‘El Pelú’, por su cabellera y sus bigotes. El primer encuentro con él fue en La Habana Club, un sitio de salsa en San Juan de Puerto Rico. Allí tocaba con Júnior González y nunca dejó de mirarme. Hoy celebramos siete días de matrimonio”.

El nuevo tumbao de Harlow. “Yo cambio de look siempre”, dice Larry en medio de su enamoramiento y de esta especie de luna de miel que celebra en Barranquilla. En seguida agrega que a lo largo de su vida ha tenido transformaciones: estilo beatle, grupo de rock que siempre admiró; ropaje de hippie, en la época en la que consumía ácido, y vestimenta de la India.

“Era la época de la guerra de Vietnam y de Woodstock, esa gran fiesta que nos marcó a todos. Es más: sigo siendo hippie. En el 65 comencé mi carrera después de trabajar con Tito Rodríguez y Johnny Pacheco y luego de mis estudios en Cuba. Cuando Fidel entró a La Habana, se acabó la universidad y me fui a Miami”, recuerda.

Harlow agrega que de su estadía en Cuba prevalecieron los recuerdos musicales de la orquesta Aragón, Arsenio Rodríguez, Roberto Fax y Benny Moré.

—¿Ha tenido muchas mujeres? —pregunto.

—Sí, muchas, muchas —responde—. Pero María es la última.

—¿Qué está tocando ahora?

—Salsa. La gente quiere escuchar La cartera, Arsenio, y todos esos temas míos de todos los tiempos.

—¿Influyeron mucho sus padres?

—Sí. Mi padre tocaba música latina, de Texas e italiana. Mi madre tocaba piano y cantaba ópera.

—¿Sigue siendo el “Judío Maravilloso”?

—El apodo viene del cubano Arsenio Rodríguez, a quien le decían el “Ciego Maravilloso”. En Nueva York grabé el tema La cartera, cuyo compositor es Arsenio. Pupi Lagarreta y Tito Puente la habían grabado sin éxito. El arreglo mío fue sofisticado y pegó duro. Al momento de interpretar, Adalberto Santiago gritó: “Ahora viene el Judío Maravilloso”. Así me quedé.

 

Barranquilla

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