Por: Columnista invitado EE

El presidente Duque no puede derrotar al Eln y tampoco controlarlo

Por: Luis Eduardo Celis

En estos días se cumple un año del ataque del Eln a la Escuela de Policía General Santander, con su infausto drama humano: 22 muertos y más de 60 heridos. Con este acto, el Presidente Duque, dio por cerrado, cualquier posibilidad de un proceso de diálogos con el Eln y arremetió contra Cuba, pidiendo la extradición de la delegación negociadora que se instaló en La Habana, por solicitud del Gobierno del Presidente Santos. Un total exabrupto, que fue rechazado por el Gobierno Cubano, con el respaldo de los gobiernos de Noruega y Alemania, que han pedido respeto por un protocolo de ruptura, donde están detalladas las condiciones para el retorno seguro de la delegación del Eln a territorio Colombiano o Venezolano. Este gobierno desconoce torpemente estos procedimientos.

El Eln permanece como una fuerza de perturbación en el 10% de los municipios del país. Desde hace cinco años viene creciendo y ese ciclo de expansión no ha finalizado. Tiene recursos, persigue conflictos mal tratados por el estado colombiano y se ha beneficiado de la salida de las Farc y de la incapacidad y falta de políticas adecuadas del Estado colombiano para ser legítimo y efectivo en estos territorios.

El año se inicia con ataques del Eln a la base de la Fuerza Aérea en Yopal, al Batallón del Ejercito Nacional en Tame, un hostigamiento a un puesto policial en Santa Rosa en el Sur de Bolívar, un policía asesinado en Samaniego, Nariño. Además, acciones de propaganda armada en La Guajira, el Valle, en el Catatumbo, en Risaralda, el Chocó y una grave crisis en la región de Bojayá, donde las comunidades han denunciado confinamientos, expansión de minados en el territorio y toda una crisis humanitaria. Solo por lo visto en estas dos semanas de enero, hay evidencia concreta y palpable que el gobierno del presidente Ivan Duque, como los últimos 11 presidentes que lo precedieron, no ha podido controlar y mucho menos derrotar a un Eln que tuvo dos grandes crisis en su historia de 55 años: la de los años 70, que remontó en los 80; y su debilitamiento entre 1992 y 2002, donde perdió tres cuartas partes de sus capacidades en presencia territorial, mandos y combatientes. Una verdadera debacle, que procesó, cambiando su proyecto de pretensión de poder global, por su actual proyecto de resistencia armada y desde hace cinco años en un nuevo ciclo de expansión y crecimiento de la guerrilla, que reafirma la tesis de que es un fracaso los intentos por derrotarla. Quizá ciertas élites políticas se sientan cómodas con esta violencia.

La estrategia de resistencia armada del Eln es derrotable, pero se requiere una acción de ampliación de la democracia y construir con las comunidades un desarrollo incluyente en los municipios. Donde permanece la guerrilla, municipios que coinciden en buena medida con los 170 municipios donde están los 17 Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial –PDET- que están en el acuerdo de paz firmado con las Farc y cuya concreción está por verse y que todo indica que van muy lento (para ser generosos y no afirmar que van mal), falta economía legal –superación del narcotráfico-, desarrollo rural, infraestructura, agua potable, salud, educación y respeto por la vida y los derechos humanos. Todo esto que incluyen los PDET no va en buena forma y hay muchas dudas de si este gobierno va a integrar estas regiones, donde está la mayor marginalidad económica y social. Además, es donde la violencia permanece; todo eso evidencia que la estrategia de resistencia armada del Eln tiene aire para mantenerse y crecer, no mucho, pero crecer.

Varias voces le hemos insistido al Presidente Iván Duque que busque la forma de abrir una mesa de negociaciones con esa guerrilla. Que si no lo puede controlar, se aplique al precepto constitucional que mandata que la paz es un deber y un derecho de obligatorio cumplimiento, que busque alternativas para las comunidades que sufren por la acción armada del Eln. Hay que proteger a las comunidades hoy vulneradas en sus derechos y que sufren, pero esas voces no son escuchadas. Este gobierno al igual que los once que lo han precedido no podrá ni controlar ni derrotar al Eln.

Esa guerrilla no tiene ningún afán. No tiene en sus prioridades una negociación, prefiere esperar un nuevo gobierno y demostrar que sigue como fuerza activa y hace las cuentas de “la lechera”, regocijándose con la protesta ciudadana, que lee como apoyo a sus tesis de resistencia, pero una cosa es la resistencia armada y otra la protesta ciudadana, profundamente civilista y que en su inmensa mayoría no tiene ninguna simpatía ni solidaridad con el proyecto de resistencia armada que agencia el Eln con sus estragos sobre comunidades.

El año pasado inició con la terrible acción del Eln, en el que murieron los 22 policías e herieron a otros 60. Luego el Eln gota a gota asesino a otros 22 integrantes de la fuerza pública y de la Policía. Este año ya va un policía muerto y ocho heridos. Así seguirá la historia de sufrimiento, tema no resuelto y que todo indica que este gobierno no va a resolver.

900313

2020-01-17T17:26:40-05:00

column

2020-01-17T17:26:40-05:00

dcarranza_74

none

El presidente Duque no puede derrotar al Eln y tampoco controlarlo

66

5444

5510

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Columnista invitado EE

Conexión y dispersión urbana

Estanislao Zuleta, 30 años después

Cartagena después del Hay Festival

Falacias para penalizar el aborto

Reforestar no sirve de mucho