El problema de las tierras que midieron los españoles

Todavía existen escrituras en las cuales la extensión de la tierra se calcula, por ejemplo, con base en cuántos tabacos se alcanza a fumar alguien al recorrerla.

Para saber cuánta tierra tenía un terrateniente en La Guajira en 1866, el encargado de hacer la medición debía calcular el número de almudes de grano que podía sembrar el propietario entre los puntos acordados por los vecinos, y a esta unidad la llamaron almud. En otras zonas del país, por ejemplo, se acostumbraba medir la extensión de las haciendas con el tiempo que una persona se tardaba en fumar un tabaco o por el número de veces que un caballo alzaba las patas (alzada de caballo) mientras se recorrían los linderos que establecían los vecinos del lugar.

Este tipo de medidas, conocidas como costumbristas, aparecieron en la época de la colonia, entre 1550 y 1810, para definir el área o los límites de un predio. Era una ciencia, asegura Juan Antonio Nieto, director del Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC), que estaba ligada a la tradición ancestral, al conocimiento español e indígena y a lo que dejara correr la imaginación de los antepasados. El problema es que los títulos que hace más 400 años se establecieron en unidades de tabacos, almudes, alzadas de caballo, entre otros, hoy no tienen un equivalente para saber cuántos metros o kilómetros hay en estos terrenos, y ese vacío terminó detectándose en procesos de restitución de tierras.

Se trata, según el superintendente de Notariado y Registro, Jorge Enrique Vélez, de un fenómeno que hasta ahora se ha evidenciado en la Costa Atlántica por su condición histórica de haber sido el primer terreno conquistado por los españoles. “En zonas como Santa Marta, por ejemplo, existía la tradición de medir el terreno con una cuerda y esto aparece en los papeles como ‘cabuya pisada’. Aunque en Bogotá, Mompox, Santa Fe de Antioquia y Popayán, por mencionar otros lugares, también aparecen escrituras así”, explica Vélez.

Las autoridades no tienen un número exacto de cuántas escrituras medidas de esta manera hay en Colombia, no obstante, en el IGAC calculan que se trata de miles de documentos. La urgencia de tener un único sistema métrico en Colombia es, según Vélez, una medida que ayudaría a evitar la superposición de predios y las interpretaciones que muchas veces afectan las tareas catastrales en el país y trabajos como el que desarrolla el Instituto Colombiano de Desarrollo Rural (Incoder) a la hora de hacer los estudios de los terrenos para procesos tan importantes como la restitución de tierras.

Es por esto que el IGAC, con el apoyo del DANE, ha pedido que se establezca qué entidad es la llamada a desarrollar un estudio para que estas medidas costumbristas tengan su equivalencia en el Sistema Internacional de Unidades (SI), que para medir longitudes solo acepta el metro (m).  Pero no ha sido fácil encontrar al responsable. En consultas y derechos de petición que han saltado desde 2013 de entidad en entidad como la Superintendencia de Notariado y Registro, la Superintendencia de Industria y Comercio, el Instituto Nacional de Metrología (INM), y en lugares como la Academia Colombiana de Historia, nadie ha tomado las riendas del asunto.

Esta situación hizo que el tema llegara hasta la Sala de Consulta del Consejo de Estado. Allí se encuentra, desde comienzos de mayo del año pasado, una petición para que los magistrados determinen cuál es la entidad estatal obligada a establecer las equivalencias de las siguientes medidas costumbristas: caballería, almud, tabaco, alzada de caballo, fanegas y cabuya. La responsabilidad está entre la Superintendencia de Industria y Comercio y el Instituto Nacional de Metrología (INM).

Si bien el estudio todavía no ha empezado, ya existen ciertas pistas que podrían acelerar el proceso de investigación. “De la caballería, por ejemplo, existe un título en la recopilación de las Leyes de Indias de 1680 en la que se encuentra definido a cuánto terreno equivale esta tierra que se les regalaba a los soldados como botín de guerra”, le explicó a El Espectador Álvaro Bermúdez, subdirector de Metrología Física del INM. Sin embargo, el trabajo investigativo va mucho más allá de revisar la reglamentación con la que fueron establecidas las escrituras en ese tiempo.

Los aliados más importantes en este proceso, asegura Bermúdez, serán la Academia Colombiana de Historia y la Sociedad Geográfica de Colombia. “Tenemos que revisar los documentos históricos para definir de qué parte de España venían los colonizadores que llegaron a la Costa, al centro y al sur del país, porque sus unidades variaban si venían de Andalucía o Cataluña. Además, en la medida en que conquistaban territorio, hicieron ajustes para su conveniencia. Por eso una caballería en el Cesar no es lo mismo que una en Bogotá”, agrega.

“Se trata de un hecho histórico, pues el país vive un momento en el que la realidad del posconflicto requiere de una formación y actualización catastral que consulte todas las particularidades del territorio colombiano”, le dijo a este diario el director del IGAC. Así las cosas, todo está en manos de la Sala de Consulta  del Consejo de Estado. Los presidentes de la Academia Colombiana de Historia y de la Sociedad Geográfica de Colombia fueron escuchados en audiencia pública el pasado 22 de julio y la idea es que con su asesoría los magistrados le pongan fin a  este problema para medir las tierras.

 

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