Zarpó a principios de junio de este año

El récord que logró el buque escuela ARC Gloria

En la mitad del mar, hace unos días, con la pericia de sus marinos, el buque escuela ARC Gloria logró un nuevo récord cruzando el océano Atlántico: 1.705 millas recorridas a vela, de América a Europa en 10 días y 8 horas.

La tripulación del buque escuela ARC Gloria logró llegar en el menor tiempo y cumplir dos récords en 51 años. Cortesía

Mientras el 20 de julio se hacen desfiles militares, la bandera cuelga en los balcones de la casa y en la tarde se dan discursos, una tripulación de 156 colombianos a bordo del Buque Escuela ARC Gloria navegó por el mar Báltico. Por primera vez en sus 51 años de cruceros van rumbo a Lutania. Un aliado los acompaña. El viento. (Lea: El Buque Gloria cumple 50 años: un viaje al corazón de los marinos)

El Espectador habló con el capitán de navío Camilo Mauricio Gutiérrez, comandante del buque, que hace pocos días zarpó de Francia.Lo primero que señala es la importancia del 20 de julio para su tripulación. Tuvieron una ceremonia militar sobre cubierta y un oficial del Ejército colombiano invitado al buque, el subteniente David Moreno, dio una conferencia. Hubo tiempo de hablar de la llegada a la Luna, escuchar noticias y seguir con su rumbo, del cual el viento ha sido su mejor guardián.

El velero de la Armada Colombiana usa velas y motores. Pero su esencia son las primeras. En términos marineros, un bergantín barca con un aparejo de tres palos, trinquete, mayor y mesana, a cuyas vergas se aferran 23 velas conocidas como cuadras y latinas y que incluyen foques, estayes, cangreja y escandalosa. Algunas noches se apagan los equipos electrónicos y se navega como lo hizo Colón, es decir, a la antigua usanza.

Hace unos días, con la pericia de los marinos, el ARC Gloria logró un nuevo récord cruzando el océano Atlántico, de América a Europa: 10 días y 8 horas para 1.705 millas recorridas a vela. “Como marino tengo un dilema y es que no sé si navegar a vela es un arte o una ciencia. Tiene mucho de las dos. Las velas son la propulsión del velero, ajustar las escotas para más velocidad”, dice el capitán. Afirma que el propósito es buscar el mejor viento y las velas son sinónimo de espíritu marinero, de compañerismo y de trabajo en equipo. “Para cazar una vela o realizar un viraje se requiere que muchas manos cobren, que muchas manos lasquen al mismo tiempo, que lo hagan en el momento exacto en forma organizada, y esto solo se logra con unión, esfuerzo y liderazgo”.

La tripulación, de la cual forman parte 15 mujeres, está muy satisfecha con el récord alcanzado. Pero ¿por qué es importante? El capitán Gutiérrez hace una pausa. Su voz esta algo disfónica y al fondo se escucha un pito marinero. Por estas épocas, el Báltico es tranquilo. (Puede leer: Con un viaje de 119 días, el Buque Gloria celebrará sus 50 años de vida)

Comienza recordando que a inicios de junio se fueron de Colombia, el 24 de ese mes ya estaban en Boston y zarparon para Saint-Malo, a la entrada del mar del Norte, en Francia. “Al principio los vientos no eran favorables. Debíamos navegar a motor porque el itinerario programado debe cumplirse”, dice. Cuenta que después de 900 millas navegadas, unos días a motor y otros a vela, y un seguimiento constante a las condiciones meteorológicas, “los vientos eran favorables para nuestra derrota (rumbo) y decidí que se debía energizar la propulsión principal del buque, es decir, las velas”, y así la historia empieza a construirse, con días en que avanzaron a una velocidad promedio de doce nudos y otros a dos.

Así cruzaron a 120 millas al norte de donde se hundió el Titanic. “Teníamos la sensación de que íbamos a pasar todo el Atlántico a vela sin volver a usar el motor y después de cinco días percibimos un récord para el crucero”. Un tripulante revisó el histórico de millas del buque y se dio cuenta de que el tiempo y la distancia eran justos. “Gracias a la tripulación y el trabajo en equipo logramos llegar en el menor tiempo y cumplir dos récords en 51 años. El primero, 1.705 millas consecutivas navegadas, rompiendo el que el buque tenía de 1992, y el segundo, fondear el velero a vela en aguas cercanas al sur de Irlanda”. Ya podían escribir para la historia recordando a todos aquellos que en el pasado los motivaron a este presente.

El capitán Gutiérrez tiene más de 20 años en la Armada. Considera que cuando navega a vela se aprende a sentir y leer el buque, cómo reaccionan las 23 velas, el equilibrio entre ellas, para no forzar el velero, y tener los cinco sentidos más que despiertos.

El viento ha sido un aliado de muchos y poco de otros. La historia de la humanidad siempre cuenta con este elemento para la navegación. Los fenicios, Magallanes, de quien se dice que hizo la primera circunnavegación del globo terráqueo, Vasco de Gama, los vikingos y ese navegante, Colón, que partió de Palos de Moguer buscando las Indias con la ayuda de las corrientes de Coriolis. Para el capitán Gutiérrez, ellos y muchos más son navegantes dignos de admirar, “aventureros por su pericia, experiencia y el legado. Siempre que navegamos los traemos a mente, cómo lograron hacer estas hazañas en condiciones mas inhóspitas, sin equipos de navegación, sin agua, literalmente a merced del viento y con los conocimientos de los tripulantes antiguos, el firmamento y el ojo marinero para llegar a puerto seguro”.

Para los nuevos marinos colombianos el mar es el segundo hogar. Se extraña a la esposa, los hijos los amigos. El velero sigue su camino para Lituania, pero faltan 72 días de navegación y 19 de puerto pasando por Suecia, Alemania, La Haya, Liverpool y Casa Blanca en Marruecos. En Cartagena los esperan sus familias 18 de octubre. (Le puede interesar: En el ARC Gloria, a los marineros siempre les falta un día)

Terminamos hablando de las tradiciones marineras; el capitán considera que a su regreso de repente el viento le ayuda y puede hacer otro récord. El que ya consiguieron es importante para ellos y está inscrito para ganar seguramente la regata Boston Teapot, un reconocimiento anual que se le da al velero que recorra más distancia en 124 horas navegadas a vela, en octubre si fue el ganador. Mientrastoda esa historia pasa, el pabellón más grande del país sigue ondeando en la popa del velero, una parte de Colombia en los mares del mundo con el viento a su favor. “Los marinos saben que navegar a vela es estar a merced del viento y de esto depende la vida en el mar. Ningún mar en calma hace experto a un marino. Tempestades y vientos fuertes hacen que se enfrente a la naturaleza y con el entrenamiento deben ganar esa batalla, ante momento difíciles, saber cazar las velas y capotear el temporal”.

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Pedro Mendoza / Cartagena

Nacional

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