El recuerdo de Guillermo Cano por Inés Gutiérrez de Montaña

En su Libreta de Apuntes el director de El Espectador rememoró el paso de esta gran dama del periodismo colombiano por El Espectador.

Luto en la librería
 
Esta libreta está hoy teñida de luto. La muerte de dos mujeres admirables, con diferencia de solo veinticuatro horas, ambas tan vinculadas a “El Espectador” y a nuestras familias, se agrega a la increíblemente larga sucesión de ausencias definitivas ocurridas este año de personas ligadas por lazos de sangre y de amistad, que hacen para todos en esta casa de 1981 un extraño año bisiesto. (Vea el especial 30 años sin Guillermo Cano)
 
Doña Inés Gutierrez de Montaña, la gran dama del periodismo colombiano como la calificara ayer editorialmente este diario, ciertamente no necesita presentación pública, porque su nombre pertenece más que a ella millones de colombianos que recibieron el beneficio de su inteligencia, de su sensibilidad, de su templanza y de su bondad. Doña Tulia Gil de Osuna, acaso menos conocida que doña Inés, porque su vida quiso sucederse en el silencio del hogar y en la creación íntima de su vena artística que trasmitió a su hijo, Héctor Osuna, el pintor y caricaturista genial, y a sus hijos hechos a su limpia semejanza. (Lea: Héctor Osuna y Guillermo Cano: inseparables)
 
Ambas han viajado a la eternidad en olor, ciertamente, de santidad. A ambas les rendimos el homenaje de nuestra incancelable admiración y las dos perdurarán en la memoria. (Lea: El legado de Inés Gutiérrez de Montaña en El Espectador)
 
“Hasta que la muerte nos separe”
 
Sobre doña Inés de Montaña, por todo lo que hizo en su vida periodística, se va a escribir, ya se está escribiendo su historia, tan colmada de realizaciones, tan vibrante y tan útil a Colombia. A “Caimital” fuimos una tarde, también de luto, a acompañarla cuando Gabriel Montaña, “El Gato”, su esposo, falleció repentinamente y se esperaba todavía tanto del periodista, del patriota y del liberal. Oportunidad triste, ciertamente, pero oportunidad también para profundizar todavía más en la fortaleza del espíritu de doña Inés que venía de pronto, en un instante fatal, desmembrando el perfecto hogar que ellos formaron. (Lea: Así nació el periódico El Vespertino)
 
Años más tarde, desde “Caimital”, en Honda, me llegó una carta sorpresa, la cual di respuesta dictada por el corazón y como un mandato profesional. Esa correspondencia, que hoy rescato de mis archivos, acaso diga más, mucho más, de lo que quisiera decir sobre doña Inés. Los lectores me perdonarán, pero creo que entenderán, que estas tres cartas que a continuación trascribo, reflejan la profundidad de vinculaciones que, aun después de la muerte, continuarán indelebles. Las cartas dicen así:
 
“ ‘Caimital’, febrero de 1979. Guillermo (no señor Director):
1949: año en el cual por una casualidad, para mí afortunada, llegué a ‘El Espectador’.
1979: año que marca la hora de pedir que, discretamente y sin comentarios, sea retirado el lingote que lleva mi nombre en la Sección B. Ahí deben figurar quienes —con mis íntimos afecto y admiración— están a su cargo.
 
Mi solicitud no quiere decir que yo me ausente de esta casa. ¡Jamás es posible decir adiós cuando se encuentran tan hondo las raíces del corazón y se ha recibido tanto!
También creo tener el derecho de afirmar que he dado, con lealtad permanente, todo lo posible de mí misma. Y, mientras ustedes lo deseen seguiría con la columna de IM CONTESTA, escribiría cuando encuentre temas interesantes y me hago la ilusión de no sentirme, como ‘metida’ cuando esté en Bogotá y vaya a la redacción.
No es fácil mirar frente a frente la realidad, pero es necesario hacerlo con el convencimiento de que, cuando se va viviendo largo, no es posible evitar lo inevitable.
En los últimos 30 años ‘El Espectador’ ha sido parte de mi vida y ahora siento que lo será hasta siempre.
 
Gracias, gracias por todo. —Inés de Montaña
 
 
*
 
“Bogotá, 17 de febrero de 1979.
 
Mi querida doña Inés:
He recibido con emoción y con angustia su hermosa carta desde ‘Caimital’ en este febrero de 1979. Digo que con emoción, porque sus palabras me llegan, nos llegan a todos los Cano y a todos los de ‘El Espectador’, a lo más profundo de los sentimientos. Y digo que con angustia porque, aunque ese no sea exactamente el sentimiento de su solicitud, tan discreto como elegante, para que retiremos el lingote que lleva su nombre en la Sección B, ella es como una petición de divorcio o de separación de cuerpos entre quienes existe desde hace 30 años una plena identificación de afectos y de ideales, de esfuerzos y de lealtades.
 
No he tenido necesidad de consultar los términos de mi respuesta a su carta con quienes ciertamente tienen tanto o más derecho que yo a conocer sus deseos. Y no la he tenido porque estoy absolutamente convencido de que todos ellos, desde mi Papá hasta mi esposa y mis hijos y con ellos mis hermanos y sus esposas, comparten mi petición de que usted retire esa solicitud. No debemos, no queremos, no podemos suprimir el ‘lingote’ con su nombre. Es que ya pertenece a la historia de ‘El Espectador’.
 
Y cuando le digo lo anterior es porque estoy convencido de que entre usted y ‘El Espectador’ existe el indisoluble sacramento del matrimonio, es decir que están unidos hasta que la muerte los separe. ‘Y que el día esté muy lejano’.
 
Su nombre, a la cabeza de la Sección B, es no sólo una necesidad sino una inspiración. Usted, presente o ausente físicamente en la redacción del periódico, es guía y faro para quienes colaboran en esa y en todas las secciones editoriales de ‘El Espectador’ y, por consiguiente, su consejo, su crítica, su orientación serán siempre, como siempre lo han sido, bienvenidos.
 
Le ruego, mi querida doña Inés, que acepte estas observaciones, inspiradas en la admiración y el cariño incancelables que le profesamos, y que nos conceda una vez más el privilegio de contarla, espiritual y materialmente, entre las directivas de ‘El Espectador’ aun a sabiendas de que lo que le pedimos representa para usted nuevos sacrificios y acaso nuevos y no pocos contratiempos. (Conzoca la faceta de Guillermo Cano como Director)
 
Con todo cariño. —Guillermo Cano
 
*
 
“ ‘Caimital’, febrero de 1979. Mi querido Guillermo:
 
Quisiera decir, pero no encuentro cómo expresarlo, qué estoy sintiendo con su carta, la más maravillosa que ha llegado a mis manos.
Cuando se fue Gabriel encontré, después del naufragio, mi ‘puerto’ en ‘El Espectador’. Pasaron los años y teniendo en cuenta la ley —que llaman de la vida— empecé a pensar en que un día todo tendría que cambiar. Esa era la que creía mi triste verdad. (Lea algunos textos de Guillermo Cano)
 
Ahora su generosidad, su afecto y sus palabras me han hecho saber que estaba equivocada. Que ya no tengo que ‘arrancar’ de esa casa. Que la ley no es inexorable. 
Grato es borrar de mi futuro la hora de ‘levar anclas’ porque la realidad es que ‘El Espectador’ sí es mi puerto definitivo. ¡Un regalo tan grande, tan grande ha sido su carta!
Así es que ‘hasta que la muerte nos separe’ y mi infinita gratitud. —Inés de Montaña”.
*
 
La muerte de doña Inés, que ella adivinaba y esperaba sin dejar de vivir y trabajar un solo instante, con alegría y gratitud por todo lo que había tenido y tenía hasta el viernes en la mañana ha roto el “vínculo matrimonial” entre ella y “El Espectador” y nosotros, pero sólo en su aspecto material. Porque en el espiritual continúa desde anteayer por los años y los años…