El rey desnudo

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El comandante de la policía metropolitana de Cúcuta, coronel José Luis Palomino López, dice que Wilfredo Cañizares (director de la Fundación Progresar y quien lleva cerca de 30 años denunciando la violación a los derechos humanos en Norte de Santander), es el “jefe de comunicaciones de los bandidos”. La afirmación la hace el coronel en una rueda de prensa luego de que Wilfredo divulgara un panfleto para alertar a las autoridades sobre una posible alianza entre las autodefensas gaitanistas, la oficina de Envigado, la oficina la terraza y los pepes de Medellín para iniciar una ola de violencia y terror en la frontera. El panfleto circula por las calles de Cúcuta sin que las autoridades le presten atención. El coronel Palomino, en átomos volando, condenó a Wilfredo por publicar en su cuenta de twitter el boletín intimidatorio. El coronel no condena las asociaciones perversas que se están gestando en la ciudad, sino a quienes señalan con valentía a las bandas criminales.

No es la primera vez que el coronel tiene estas salidas en falso. Ya ha sido denunciado por sus propios subalternos de acoso laboral, tortura sicológica y abuso de poder. Pero tampoco son salidas en falso. El coronel es un hombre curtido en la institución: lleva 30 años de servicio en la policía y fue jefe de la SIJIN en Bogotá, de modo que sabe muy bien lo que hace. No se trata de un novato, sino de alguien que sabe, orwellianamente, que “la guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza”. Por eso dice sin empacho y con toda la boca, que “el que critique –a la institución- es amigo de los bandidos”.

Al coronel, como a todo político colombiano, le gusta la imagen. Es un coronel maxfactorizado. No le importa que haya crímenes, sino que se sepa. No que la oficina de Envigado anuncie que va a iniciar una guerra en Cúcuta, sino que Wilfredo lo diga públicamente. Por eso es enemigo de las cifras de violencia que contradicen las suyas. Eso es una forma velada de la criminalidad: ocultar el verdadero desbordamiento de la frontera, el incremento de violencia, de inseguridad y señalar a los defensores de derechos humanos como enemigos; es algo que solo hace el jefe de comunicaciones de los bandidos.

Bajo su reinado (porque esto de Palomino parece más reinado de belleza que de comandancia policial: micrófonos abierto, entrevistas en televisión, declaraciones a la prensa, maquillaje de cifras, cocteles, reuniones sociales, celos, arrebatos de histeria, pataletas de ahogado), bajo su reinado, digo, aumentaron los homicidios en Cúcuta. Por eso todo el que se atreva a controvertirlo es declarado enemigo de la institución.

Dijo John Anzola, exsubsecretario de Seguridad de la alcaldía, en su cuenta de twitter:

-El homicidio en Cúcuta ha aumentado a tasas que no se veían hace años y el comandante de la Policía llamando “amigos de los bandidos” a quienes lo critican. En mi caso, como subsecretario de seguridad, en privado me llama “enemigo de la policía”.

También lo hace con sus subalternos que no son de su simpatía. El coronel Palomino es un tipo irresponsable: asociar a defensores de derechos humanos con la delincuencia que él no combate puede traer consecuencias atroces. Por eso su disculpa pública (presionada por la crítica feroz que le cayó por redes sociales) es insuficiente porque no es sincera.

Dice Wilfredo Cañizares: “En 29 años de defensa de derechos humanos, he recibido decenas de amenazas e intentos de asesinato, siempre manejados con la mayor reserva. Hoy quiero decirlo por primera vez públicamente: temo por mi vida”.

No sólo Wilfredo teme por su vida. En Cúcuta, y a pesar de la cuarentena, los homicidios han aumentado, a 31 de julio, en un 20% más con relación al mismo periodo del año pasado. En esta cifra no entran las masacres de marzo, ni las cuatro de la semana pasada (porque las cuentan como extraterritoriales), ni la masacre de ayer.

Esa estrategia de perseguir al pequeño distribuidor, al carterista, al jíbaro de esquina, al marihuanero del parque, pero dejando actuar a sus anchas a los líderes de las bandas de microtráfico no solo es perverso, sino cobarde. Mostrar resultados en la prensa ensañándose con el eslabón más débil es una eficaz maniobra de marketing que haría cualquier jefe de comunicaciones de los bandidos.

Ese vacío que deja el desmañado y frívolo coronel Palomino lo llena Wilfredo Cañizares desde la Fundación Progresar. Desde allí se hacen estudios, investigaciones, monitoreo sobre el incremento de la violencia en el departamento y la alianza entre la delincuencia y la clase política y empresarial de la ciudad. Wilfredo sabe que hay un sector de la Policía que convive con la criminalidad y por eso su voz molesta.

A ningún reyezuelo (o, a ningún Palomino) le gusta que le critiquen su pasarela, pero, como en el cuento de Andersen, Wilfredo Cañizares es el único que se atreve a gritar que el rey va desnudo.

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