El riesgoso sexo en prisión

Alerta en Popayán por propagación de la enfermedad entre los internos. Promiscuidad sexual y depresión, las principales causas.

En cada cárcel el tiempo es un gran maestro. A veces enseña y otras reprende. Pocas veces mata. Ese cuarto de rejas es el espacio terrenal en el que viven agazapados los pecados humanos. Allí, se intenta vivir en medio de la certeza de que los castigos del hombre o de la naturaleza tarde que temprano pueden llegar.

En el centro penitenciario y carcelario San Isidro de Popayán viven privados de la libertad más de 3.000 hombres por delitos que van desde violaciones hasta homicidios. Allá muchos sobreviven. La razón, porque tienen enemigos dentro de la cárcel o, quizá, porque su cuerpo muere lentamente con SIDA o, peor, porque su mente agoniza recordando que contagió a la esposa, a la amiga o a la amante.

Y casos se han presentado. Un recluso de la cárcel San Isidro tenía a su esposa en la Magdalena, la cárcel de mujeres de esa ciudad. Ambos querían y se les permitieron las visitas conyugales. Luego, cuando la Secretaría de Salud Municipal hizo las pruebas, la pareja estaba contagiada con el virus del VIH.

Según Mavis Martínez, enfermera jefe del centro penitenciario de hombres, actualmente existen identificados ocho casos con SIDA. Dos más con enfermedades como herpes genital y gonorrea. Por su parte, en la cárcel de mujeres hay 140 reclusas y hasta el año pasado había dos casos con VIH identificados por la Secretaría de Salud de Popayán.

Sin visitas conyugales

Las causas para contagiarse del virus del VIH en un centro de reclusión pueden variar. En la cárcel de hombres, las visitas conyugales en cada patio son cada quince días. El riesgo que se corre, según la enfermera Mavis, es que las personas que llevan mucho tiempo de abstinencia, cuando consiguen una visita conyugal, por las ansias y la alteración hormonal, olvidan colocarse el condón. “De acuerdo al examen médico que se les realizó recientemente a los portadores del virus, se ha detectado que en su mayoría éste se adquiere dentro de la cárcel”, asegura Mavis.

Sin embargo, hay otro problema, la promiscuidad sexual. “Es más probable que una persona sentenciada a muchos años de cárcel, hombre o mujer, inicie relaciones sexuales con sus compañeros, y es más posible que se infecte o infecte a los demás”, dice María Virginia Pinzón, bacterióloga de la Universidad del Cauca y encargada de dirigir el proyecto de promoción y prevención de las ETS.

En el caso de la cárcel de mujeres, ellas comparten celdas con al menos dos personas más. Lo que también las hace vulnerables, ya que la concentración del virus del VIH no sólo está en la sangre, sino también en las secreciones genitales.

La prevención a tiempo

“Hay que disminuir el estigma y la discriminación para el VIH, porque si la gente siente que hay rechazo, nadie se va a hacer la prueba. La Organización Mundial de la Salud recomienda dirigir la orientación a una población específica que se denomina población con muchas relaciones sexuales y/o con cambios constantes de pareja. Si el virus se detecta a tiempo se pueden iniciar los tratamientos necesarios y evitar que se propague”, explica Pinzón.

Pero si se quiere evitar todo tipo de riesgo es indispensable tener en cuenta que casi siempre el virus del VIH se contagia por contacto sexual, pero más aún cuando hay promiscuidad sexual. “Hasta ahora, dentro de estos dos centros de reclusión de Popayán no se ha presentado ningún caso por laceraciones en la piel que exponga la parte sanguínea”, concluye la enfermera del centro de carcelario de Popayán.

Con el desarrollo de estas campañas entre la Universidad del Cauca y la Secretaría de Salud Municipal, se espera que los internos tomen decisiones adecuadas y responsables frente a su vida y la de su pareja.

 

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