El último baile de Gloria Castro

El incumplimiento de un fallo judicial que ordenó el reintegro a ese instituto de una exfuncionaria que había sido declarada insusbsistente, provocó que ésta entablara una demanda que al final determinó la salida de la fundadora de la compañía artística, por edad de retiro forzoso.

Gloria Castro dejó su cargo de directora de Incolballet el pasado lunes. / Fotos: Jaime Arias

Gloria Castro quiere seguir enseñando a danzar. A sus 76 años recién cumplidos, once más de los que admite la ley para ocupar un cargo público, esta consumada bailarina a quien en Cali llaman “maestra” se sigue poniendo trusa y enseñando los secretos de la danza a casi 500 alumnos del Instituto Colombiano de Ballet.

Incolballet, como se conoce este colegio público de formación artística, fue fundado por la maestra Castro en octubre de 1978. Entre sus logros se destacan la democratización del ballet y el circuito virtuoso que ha generado “con la escuela, donde los chicos estudian el bachillerato mientras se convierten en bailarines integrales y profesionales, y con la creación de la Compañía Colombiana de Ballet, para que los estudiantes y egresados desarrollen lo aprendido y representen al país en eventos internacionales. Finalmente, buscando la sensibilización y la formación de públicos para ampliar el rango de acción, le dimos vida hace siete años al Festival Internacional de Ballet, el más importante a nivel nacional”, explica Castro.

Pero tal vez el mayor aporte de la maestra y su proyecto de formación artística sea la transformación de varios cientos de jóvenes que, tras pasar por sus exigentes manos, han surgido como bailarines o empresarios del arte y la enseñanza.

Por ese enorme deseo de continuar sacando muchachos de las barriadas populares para darles otra oportunidad, como es el caso de Óscar Chacón y Fernando Montaño, figuras en las compañías Béjart Lausanne y Royal Ballet, respectivamente, es que a Castro le cuesta aceptar que el Juzgado 17 Administrativo de Cali haya ordenado su remoción como directora de la entidad por haber cumplido la edad de retiro forzoso en el servicio público, es decir 65 años.

La decisión, que considera injusta y que además es tardía, pues hace once años superó ese límite, proviene, según dice, de una venganza.

El otro lado

 La retaliación a la que se refiere la maestra Castro tiene relación con las acciones legales emprendidas por María Fernanda Dávila Cifuentes, una egresada de Incolballet que además es trabajadora social e instructora de ballet en el jardín infantil Niños Bilingües de Cali.

La animadversión entre profesora y alumna comenzó en abril de 2001, cuando Dávila ingresó a laborar en Incolballet como asistente académico administrativo, cargo cuyas funciones, entre otras, incluían las de jefe de disciplina.

En ese puesto, que de acuerdo con la ley es un nombramiento en provisionalidad para suplir un cargo de carrera administrativa, Dávila permaneció hasta agosto de 2005, cuando Castro la declaró insubsistente mediante una resolución en la cual no menciona la motivación que la llevó a tomar la decisión.

Ante la negativa a explicar las razones del despido, Dávila demandó a Incolballet y solicitó que se anulara la resolución con que la despiden, que la reintegren a su empleo y le paguen los salarios, prestaciones y demás sumas a las que tiene derecho.

La acción jurídica prosperó y tanto el Juzgado Tercero Administrativo de Cali, en primera instancia, como la sala laboral del Tribunal Administrativo del Valle fallaron a su favor condenando a Incolballet a reintegrarla a un cargo igual o superior al que tenía, así como a cancelarle los salarios y demás prestaciones que dejó de recibir durante el tiempo que permaneció sin cumplirse su reintegro, con los correspondientes intereses.

“Aunque hasta ahora, casi una década después, desconozco las razones por las que me sacaron, creo que la causa tiene que ver con que a Gloria nunca le ha gustado que la critiquen y en muchas ocasiones me tocó enfrentarla porque quiso pasar por encima del estatuto de Incolballet, lo cual no podía permitir”, explica Dávila.

Castro dice que eso no es cierto. “Muchas veces las personas que trabajan o han trabajado conmigo me dicen que tal cosa no se puede hacer y yo les respondo que si hubiera hecho caso la primera vez que escuché esa respuesta, hoy no existiría Incolballet. Entonces les exijo creatividad para resolver los inconvenientes”, explica.

Pese a que el fallo quedó en firme el 27 de junio de 2013 y el monto de la contingencia judicial para esa fecha se calculaba cercano a los $200 millones, Incolballet todavía no ha reintegrado a Dávila a su cargo ni le ha pagado los salarios ni las prestaciones a que tiene derecho, aunque dice haber intentado algunas salidas.

La maestra Castro, en respuesta a una tutela que interpuso su exalumna, emitió una resolución el pasado 24 de junio en la cual responde al Tribunal Superior de Cali que le ordena cumplir en el término de 48 horas la sentencia definitiva proferida un año antes en contra de la entidad que dirige. Dicho documento declara la “imposibilidad de reintegrar (a Dávila) en el cargo de asistente académico administrativo porque éste fue suprimido de la planta de cargos y no existe uno equivalente o superior para ser restituida; además, porque rechazó el puesto de secretaria que le fue ofrecido para cumplir la condena”.

Argumenta Dávila que, tras una reforma que sufrió la planta de Incolballet en 2009, su cargo pasó de ser técnico a profesional universitario. Aunque en el instituto lo niegan. Así las cosas, la demandante sigue sin poder ser restituida en un puesto, pese a que la planta de Incolballet está conformada por 97 personas, de las cuales tres son de carrera administrativa.

La resolución indica también que Incolballet se “abstendrá del pago de indemnización que compense la no reincorporación porque (Dávila) no era funcionaria de carrera administrativa al momento de declararla insubsistente” y agrega que es imposible indemnizarla conforme a la legislación laboral para el despido sin justa causa pues la afectada rechazó esa oferta argumentando que era “empleada pública y no trabajaba en un empresa privada”.

La negativa de Incolballet a cumplir con la sentencia molestó a Dávila, quien decidió entonces interponer una acción de cumplimiento en septiembre del año pasado para que le aplicaran a la maestra la ley de retiro forzoso por haber superado los 65 años. Castro se defendió, pero su salida definitiva fue ratificada el 14 de octubre y jurídicamente es inapelable. El plazo era de diez días hábiles, que se cumplieron el lunes pasado.

En pie de lucha

 En el último día de labores como directora de Incolballet, la maestra Castro dialogó con El Espectador horas antes de salir definitivamente de la que fuera su oficina durante más de tres décadas.

No quiso referirse a los líos judiciales que la enfrentan con Dávila; sólo dijo que la medida “es parte de una guerra a la que he estado sometida toda mi vida y que se agudizó en los últimos tres años”. Con un hilo de voz que por momentos se quebraba, la maestra prefirió hablar de las enormes muestras de solidaridad que ha recibido desde que se conoció la noticia de su retiro.

“Ayer me llamaron desde Europa y Estados Unidos, donde triunfan varios de los muchachos que ayudé a formar. Me dicen que van a venir a Cali para sumarse a una marcha que organizan los bailarines de la Compañía de Ballet buscando detener mi salida. ¿Qué más recompensa quiero yo en la vida?”, dice.

A pesar de los mensajes de solidaridad, la maestra dice sentirse maltratada “por un sector minoritario que desea mi retiro forzoso o forzado. Es lamentable por la forma en que se da y porque deja a la institución en crisis, sin tiempo para preparar una sucesión capaz de solidificar la estructura administrativa y garantizar el desarrollo artístico de Incolballet, evitando los arreglos a medias y, lo que es peor, la burocratización y la politiquería, que son los dos miedos más grandes que tengo”.

La salida de la directora de Incolballet causó el rechazo casi unánime de la comunidad de artistas y el sector cultural de la ciudad, quienes ponderan la obra de Castro y lamentan su retiro forzoso.

El pintor Diego Pombo, que además fundó y dirige el festival Ajazzgo, pidió públicamente al Ministerio de Cultura, dirigido por la vallecaucana Mariana Garcés, “que le tire un salvavidas”. Además, calificó la medida como un “exabrupto” y aseguró que “una artista que ha creado semejante institución, con tanta dedicación, debería ser respaldada por el Estado”.

También se han creado dos grupos de egresados y bailarines que claman ante las autoridades departamentales para que impidan el retiro de la maestra, uno conformado por los que viven fuera de Colombia y el otro por los que están cerca de Cali. Ellos escribieron cartas de protesta y llevaron a cabo una singular marcha ayer para hacer visible su apoyo a la gestión de Castro.

Los firmantes también exigieron “que la maestra pueda ser reincorporada a Incolballet mediante una figura jurídica que la dignifique y le permita seguir siendo el alma de la institución, que el destino inmediato de Incolballet sea discutido y aprobado por ella, impidiendo que los actos de venganza, las malquerencias y los intereses bajos se apoderen de la institución... para evitar el impacto internacional negativo que esta decisión va a tener”.

Mientras en la Gobernación del Valle se estudian fórmulas que permitan la continuidad de la maestra en Incolballet y la dirección jurídica de la entidad soluciona los fallos laborales que comprometen su escaso presupuesto, Castro prepara su último acto antes de que caiga el telón de la obra que resume su vida: lee y repasa en voz alta el final de su discurso de despedida.

“Estoy tranquila porque he cumplido con la misión que yo misma me impuse: brindar oportunidad de formación y desarrollo artístico a todos aquellos que quisieran ser bailarines profesionales, sin distingo de clases sociales... Me siento vital y dispuesta a empezar una nueva vida con la certeza de que el camino de la danza me llevará a hermosos lugares donde encontraré siempre personas con ganas de transformar el mundo a través del arte”.

 

 

 

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Fabio Posada, Cali

Nacional

El último baile de Gloria Castro

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