Juan Pablo II llegó el 1° de julio de 1986

El último papa que vino al país

Juan Pablo II llegó al país en medio de la superación nacional por dos hechos desafortunados ocurridos en 1985. Hoy Francisco arriba para invitar a la reconciliación y la paz.

El papa Juan Pablo II visitó el país en 1986 y estuvo siete días. / Archivo

Fue un 1° de julio, hace 31 años, la última vez que un papa visitó Colombia. Era Juan Pablo II, en el año 86. El país apenas empezaba a asimilar dos eventos trágicos de la historia patria: el holocausto del Palacio de Justicia y la avalancha de Armero. Ambos costaron miles de vidas. Estuvo siete días y recorrió una decena de poblaciones. Pasó por Bogotá, Chiquinquirá, Cali, Popayán, Tumaco, Medellín, Bucaramanga, Armero, Barranquilla y Cartagena, y dejó un mensaje de esperanza y resurrección.

“He venido para sembrar en vuestros corazones de creyentes palabras de esperanza: Sí, soy portador del Evangelio, que desde la fe proyecta su luz sobre el misterio del sufrimiento y abre perspectivas inconmensurables de consciente resignación, de ánimo, de paz. Quisiera llegar con mi condolencia y afecto a cada uno de vuestros hogares para compartir vuestras penas y deciros: volved vuestro rostro doliente al Señor, a Jesús crucificado y resucitado, que es fuente de consuelo y de esperanza pascual”, dijo sobre las ruinas de Armero, sepultada por un desastre natural provocado por la erupción del volcán Nevado del Ruiz, el 13 de noviembre de 1985, que dejó 20.000 personas muertas.

El entonces presidente, Belisario Betancur, estaba a poco más de un mes de terminar su período en la Casa de Nariño, desde donde había impulsado un intento de paz con las guerrillas, que había alcanzado un cese al fuego en 1984, pero que se desmoronó cuando los carteles del narcotráfico empezaron a sembrar el terrorismo, y el paramilitarismo empezó a tomar forma. Un tiempo en el que el conflicto armado se regó en el país, desaforado por los bríos de la droga.

A pesar de lo que ocurría, el papa vino a esta tierra de sufrimientos, como hoy, para sembrar un mensaje de paz, en uno de los países más creyentes del mundo. Y así fue recibido, las imágenes tomadas desde un helicóptero son memoria de cientos de personas corriendo al lado del papamóvil por la avenida 26, en Bogotá. O las fotos de una multitudinaria misa campal en el parque Simón Bolívar y la muchedumbre que asistió a la misa en Chiquinquirá.

Tres décadas después las imágenes prometen repetirse. Así, por lo menos, fue la llegada, ayer, del papa Francisco a Colombia. Llegó a las 4:10 de la tarde, tras más de 12 horas de vuelo sobre el océano Atlántico. Sobre la pista lo recibió el presidente Juan Manuel Santos, con su esposa María Cristina Rodríguez, y lo condujeron por un río de invitados especiales, entre funcionarios de Estado, personalidades, religiosos, víctimas, niños y actos de folclor nacional. Ante lo cual el papa respondió con gestos y palabras agradecimiento: “No pierdan la alegría, no pierdan la esperanza”.