Encuentro internacional de indígenas LGBT se realizó en Colombia

Seis panelistas de Colombia, Venezuela, Bolivia y Estados Unidos se reunieron en Barranquilla para conversar sobre cómo las comunidades indígenas asumen la diversidad sexual de sus miembros.

Ronald Céspedes fue el primer líder gay indígena visible en Bolivia.Cortesía

De comunidad a nación indígena. De comunidad a población LGBT. Hablar de temas LGBT conjugados con los grupos étnicos es una tarea necesaria y, a la vez, una que exige precisión en el lenguaje para reconocer la gran diversidad de estas personas que se denominan indígenas o negros y gais, lesbianas o transexuales.

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El pasado 23 de agosto, llegaron a Barranquilla Ronald Céspedes, activista quewa de Bolivia; Virtud Epieyu; activista de las mujeres wayuu; Lucelly Torres, lideresa arhuaca de la Sierra Nevada; y René Lindarte, líder gay wayuu de La Guajira, para tener ese diálogo que debe ganar cada vez más espacio en la sociedad.

Ellos, junto a expertos y otros invitados especiales, protagonizaron el conversatorio Contrastes: diversidad sexual y de género en las comunidades indígenas, un evento inédito en el país sobre un tema del que poco se ha hablado en la academia y en la jurisprudencia: indígenas lesbianas, gais, bisexuales, trans y, en el caso de Ronald Céspedes, quewa, su identidad ancentral.

Ese término en quechua con el que se identifica Céspedes, quien también es consejero de la Red Gay Latino, no tiene traducción al español, pero se interpreta como “dos espíritus”. Con esa identidad fue con la que se reconoció desde niño.

“Hurgar en mi historia familiar y hurgar en mi historia colectiva me permitió sanar y comprenderme plenamente como parte de toda la cosmovisión”, manifiesta Céspedes, quien dice ser homosexual para facilitar su reconocimiento dentro de la población LGBT. Hacer esa búsqueda en la historia de su nación indígena y defender su inclusión en la comunidad, sin importar su orientación sexual, lo animó con el tiempo a convertirse en vocero de la diversidad y a luchar para que cada ser humano observe su cuerpo como un territorio en el que convergen las identidades sexual y cultural.

“En el contexto latinoamericano no hay que salir solo del clóset como gay, sino también hay que salir como indígena o como negro. Quien se reconoce con alguna identidad cultural carga de por sí con un peso histórico de opresión y marginalidad, y si se le suma la comunicación de una orientación sexual diferente a la relación hombre-mujer, la exclusión es otra manifestación con la que tiene que lidiar la persona. Estas categorías no hacen más que generar prácticas neocoloniales que se percuten sobre nuestros cuerpos y corren el riesgo de volverse en hegemonías que intentan dominar una visión única y legítima, cuando existen múltiples colores en la realidad”, aseguró Céspedes a este diario.

Para sanar la marginalidad y la exclusión, el activista boliviano aboga por la comprensión de la historia, del entendimiento de por qué la genealogía indígena fue sometida, para luego apropiarse y reconstruir el significado de ser indígena, negro, obrero o campesino con una connotación lejana al de ser el oprimido. Junto a este autoconocimiento, es importante visibilizar estas causas que buscan eliminar todo rastro que se impuso en el pasado con otras formas de pensamiento. En el caso latinoamericano, se trata de reconocer la diversidad preexistente a la llegada de los europeos al territorio.

Sin embargo, la exclusión a la diversidad no es solo del pensamiento europeo. Por ejemplo, que una mujer wayuu manifieste que le guste otra mujer o que un hombre se sienta atraído por alguien de su mismo sexo es atentar contra la cosmovisión del pueblo indígena. Esto les acarrea a quienes manifiestan su orientación sexual burlas, violencia simbólica, física y hasta la muerte. Por tal motivo, muchas de estas personas optan por huir a zonas urbanas donde puedan expresar libremente quiénes son.

“Si es mujer y no aspira a estar con un hombre, reproducirse y preservar el legado cultural wayuu, entonces representa una vergüenza para la comunidad: no sirve como mujer. De lo contrario, si el hombre no sostiene a ninguna mujer –incluso por su orientación sexual- resultará ser (también) una vergüenza social”, explica el estudio de Identidades e interseccionalidades: yo soy…, de la organización Caribe Afirmativo, que busca el reconocimiento de los derechos de la diversidad sexual e identidades de género.

Evitar escenarios de violencia de cualquier tipo como a los que se ven expuestas las personas wayuus, se convirtió en un objetivo para Ronald en su lucha por los derechos de la población LGBT. Durante 2006 y 2007 fue vocero del movimiento en la Asamblea Nacional Constituyente en Bolivia, país que tiene constitucionalmente prohibida cualquier forma de discriminación por la orientación sexual o identidad de género. A pesar de que esto se cumple en la carta política, no se materializa del todo en la práctica.

“Soy un firme convencido de que es posible otro mundo donde quepan otros mundos, que requieren la lucha individual en clave de lucha colectiva. Me reconozco como parte de una colectividad en situación de discriminación, marginalidad y opresión y, por consecuencia, desde ese espacio, desde ese territorio en resistencia, intento hacer mi aporte a ese mundo posible. Considero que, al dar mi vida por una causa noble como esta, estoy permitiendo dar un pequeño aporte en la larga historia colectiva de las luchas de nuestros pueblos, para que otros seres humanos continúen y disfruten de mejores condiciones de otra América posible”, sueña Céspedes. 

A pesar del avance que ha habido en materia de los derechos de la población LGBT, para Céspedes aún no se llega a ese mundo posible que sueña. Reconoce que sí se están generando las conversaciones pertinentes para visibilizar el tema, pero es indispensable repolitizar y reideologizar el ser indígena y el ser gay, lesbiana, trans o quewa para habitar un continente donde la diversidad sea antónimo de marginalidad y opresión.

 

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Natalia Tamayo Gaviria - @nataliatg13

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