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hace 3 horas

Esto era lo que pensaba Guillermo Cano sobre ir al cine en la década de los 40

El 10 de junio de 1946 Guillermo Cano publicó esta crónica.

¿Quiénes van al cine, dónde y cómo?
 
Si a usted se le ha ocurrido visitar un cine con el único propósito de ver, no la película que pasa por la pantalla, sino todo aquello que sucede alrededor, en la oscuridad de la sala, podemos asegurarle que se habrá divertido mucho más que si hubiera puesto toda su atención en el desarrollo de la cinta. Efectivamente, es curioso, interesante y hasta risible cambiar cada cinco minutos de sillas y recorrer el teatro colocándose detrás, junto o delante de unas personas, y más divertido aún, hacerlo cerca de una pareja de enamorados. Los cines, por lo común, son el lugar de cita para los novios. La oscuridad protectora y el interés de todos los que los rodean por ver la película les dan la seguridad de que todos sus actos dentro del teatro pasarán inadvertidos para la gran mayoría. Pero, entre esa gran mayoría, habrá posiblemente uno que se estará fijando en usted, que estará siguiéndolo y escuchándolo, no para interrumpirlo en sus coloquios amorosos, o en su plácido sueño, sino simplemente por curiosidad  y hasta por algo de maldad. Uno de esos curiosos escribe esta crónica, después de haber dedicado una semana entera a visitar diferentes teatros con el único propósito de enterarse de lo que pasa dentro de la sala oscura de los cinematógrafos… (Vea el especial 30 años sin Guillermo Cano)
 
Para que la gira por los teatros le sea bastante agradable, usted debe comenzar pos situarse en la entrada de los cines.
 
Desde allí podrá estudiar la personalidad de quienes compran las boletas y recogen a aquellas personas que les pueden hacer más interesante su gira en la oscuridad. (Lea más textos de Guillermo Cano)
 
Si ha escogido usted un viejo calvo, con cigarro en la boca, debe situarse en la parte trasera del teatro. Ese viejito será un présbita y por consiguiente ocupará las últimas filas. Siéntese junto a él y seguramente lo divertirá… 
 
El humo del tabaco que exhala el anciano incomodará a los vecinos, que cuchichearán suavemente y lanzarán una que otra indirecta: 
 
-Qué bueno que en los teatros prohibieran fumar…
-O que solo permitan fumar cigarrillos…
 
El anciano los mirará, no dirá nada, pero aspirará una mayor cantidad de humo y lo dejará escapar con dirección a quienes le han incomodado la exhalación deliciosa de su fuerte tabaco. 
 
Si la película es cómica, el viejo estará en constante expectativa y dejará escapar una que otra carcajada grotesca, que retumbará a deshora en todo el teatro. Si es de misterio, su cara se contraerá constantemente en nerviosa reacción. Exhalará mucho más humo de tabaco, y las manos le temblarán ligeramente. Finalmente, si la película es romántica, el viejo dormirá plácidamente, hasta que un poco de ceniza caliente le caiga en las manos y lo despierte, sobresaltado. Botará el puro, cuidándose de que caiga encendido cerca de sus vecinos, a quienes ha martirizado durante toda la película, y volverá a dormir tranquilamente. 
 
***
 
Escoja a la entrada del teatro a dos solteronas. Estas le harán pasar el rato más agradable de su vida. Mirando a uno y a otro lado, entrarán al teatro. Escogerán dos sillones en la mitad de la sala. Sus sombreros son casi siempre estrafalarios, altos, de grandes plumas. Acomodadas en sus sillones se dedicarán, mientras la luz esté encendida, a mirar hacia todos los rincones. 
-Allí está fulanita con fulanito… 
-El viejo verde de la última fila me siguió  el otro día por la calle. 
-¡Mira qué feo vestido el de aquella jovencita pretenciosa!…
-Aquél joven es muy simpático… Sonríele
Y así, en diálogo constante, las dos solteronas esperan el principio de la cinta. Cuando las luces se han apagado , dirigen la vista inmediatamente a la pareja que han divisado detrás de ellas, con el objeto de asistir a las reacciones de los enamorados. Nueva serie de cuchicheos durante los cortos. Otra vez la luz encendida, nuevos comentarios y, finalmente, el comienzo de la película. Las solteronas se tranquilizan un poco… Pero… Ese sombrero de plumas no deja ver a los de atrás. Un joven galante le dice a una de las solteronas:
-Podría hacerme el favor de quitarse e sombrero?
-Mire, joven… Si no ve, cámbiese de puesto… -le responde enfurecida, mientras, bajando la voz, le dice a su compañera-: ¿viste qué impertinente es el jovencito?
-Sí, mi amor; no le hagas caso… Es que los muchachos son muy mal educados. 
 
Y la solterona del sombrero de plumas, igual que el viejo regañón del cigarro, comienza a mover la cabeza de un lado para otro, con el único objeto de que el antipático joven de la fila anterior, sufra por la noche de los efectos de la tortícolis
 
El miope es otro tipo curioso. Con anteojos que dejan ver lentes de aumento bastante más anchos de los que usan en los telescopios, entrará precisamente a sentarse en las dos primeras filas… Estirará las piernas lo más que pueda, se recostará, y quedará mirando hacia lo más alto. Si nadie se le sienta en frente, pasará sus piernas por encima el asiento, para bajar un poco más la cara y no sufrir el dolor de cabeza que produce el tener que asistir a una película a menos de cuatro metros del telón. El miope es serio y gusta generalmente de toda clase de películas. Es un cineasta perdido. Le causa dificultad leer los letreros, y su atención se dirige únicamente a las escenas de la pantalla. No habla. Fuma de vez en cuando, como chicle, ríe, se divierte, llora o suspira, pero nunca habla. Es el cineasta silencioso de las primeras filas. 
 
*** 
Un grupo de jóvenes, cuatro o cinco, es siempre interesante de seguir en la oscuridad de un teatro. Juntos se sentarán en la mitad o en las ocho primeras filas. Mirarán descaradamente a las muchachas jóvenes que estén cerca de ellos. Echarán piropos  a la que les queda al lado. Dirán frescuras a la de adelante: comentarán la película, y muchas veces exclamarán:
-¡¡ Que <<lapo>> de mujer esa de la película!!
 
Silbarán cuando sale en la pantalla una actriz de esas que quitan el sentido. Carraspearán cuando se besan los actores. Botarán sus cigarrillos por encima de la cabeza de quienes se han sentado al frente. Comerán dulces o sándwiches. Se reirán a carcajadas o llorarán con fingimiento, haciendo reír a sus vecinos. Uno de ellos, el del extremo, si tiene cerca a una muchacha, descuidadamente intentará cogerle la mano. La muchacha se enfurecerá, y sí la cosa va bien, no pasará de una mirada asesina. Pero si va mal… escuchará todo el teatro el estallido característico de una cachetada… Es este el momento más delicioso de una gira por la oscuridad. La niña cambiará de puesto, el muchacho disimulará tapándose la mejilla herida, prenderá un cigarrillo y reirá nerviosamente. No hay duda de que se ven cosas raras en un teatro a oscuras.