Ernesto Guhl, una mirada intima

Al cumplirse un centenario del nacimiento de uno de los grandes maestros de la U.Nacional, el Espectador habló con uno de sus hijos. </p><br><div class="block-title-gray"><a href="http://www.elespectador.com/noticias/infografia/100-anos-del-padre-de-ge... el especial aquí</a></div><br>

Cortesía

 En su paso por el país, Ernesto Guhl dejo una familia numerosa y amplia que ha seguido su legado. Ernesto Guhl Nannetti es el mayor de los cuatro hijos de uno de los precursores de la geografía moderna en el país. Le sigue Susana, antropóloga que vive en Alemania, Isle que es médica, y Felipe - el menor-, biólogo y experto en el mal de Chagas. En entrevista con El Espectador, Guhl Nannetti nos ofrece una mirada intima de su padre.

¿Qué recuerda de su niñez?

En mi casa de infancia y juventud abundaban los mapas y libros. Mi padre era una persona que trabajaba permanentemente, porque el tema geográfico era vital para él. Cuando llegó de Alemania encontró un mundo nuevo y diferente, absolutamente variado lleno de vitalidad, que le interesaba estudiar y comprender.

Como muchos de sus contemporáneos interesados en las nacientes modernas ciencias humanas…

Tenía un grupo de amigos relacionados con otros temas geográficos, antropológicos, etnográficos y sociológicos. El grupo de amigos se reunía periódicamente, en tertulias, turnándose el lugar de reunión en las casas en las que trataban diversos temas de acuerdo con sus intereses. Entre ellos recuerdo a Roberto Pineda y Virginia Gutierrez de Pineda, Jaime Jaramillo Uribe, Luis Duque Gómez, Miguel Fornaguera y Milcíades Chávez entre otros, con los cuales tenía una muy buena relación intelectual y personal que se originó en la vieja Escuela Normal Superior de Colombia. También hacían salidas de campo donde toda nuestra familia participaba, porque mi madre también, además de artista, tuvo una gran pasión por el medio ambiente.

Cuéntenos un poco más de la esposa de Ernesto Guhl.…

Ana Luisa Nannetti Concha nació en Popayán, su abuelo era un italiano idealista y republicano, como buen garibaldino. Llegó a esa ciudad del suroccidente del país, en un viaje épico, como todos los de la época, a mediados del siglo XIX y se dedicó a las actividades agrícolas y comerciales. Allá se casó con mi bisabuela. Mi mamá llego a Bogotá muy pequeña y fue de las primeras mujeres que estuvo en la Orquesta Sinfónica Nacional, en la cual se desempeñó cómo violinista. Fue el gran apoyo de mi Padre.


¿Qué les contaba de su vida antes de llegar al país?


Las personas que vivieron en carne propia los horrores de la primera guerra y las consecuencias de enfrentamientos ideológicos con el régimen nazi antes del inicio de la segunda guerra, vivieron épocas muy dolorosas y difíciles. Incluso los llevó a tener que abandonar su patria y no les gusta hablar de esos temas. Mi padre no era una excepción en éste silencio.

Cómo aplicó todo lo que aprendió con su padre en la vida profesional…


Estudié ingeniería civil que tiene mucho que ver con el medio ambiente y la riqueza natural. En mi profesión y en mis actividades académicas he aplicado siempre el bagaje herencial relacionado con la geografía. Desde hace muchos años me he dedicado a los temas ambientales. Como anécdota le cuento que estando en el colegio, mi padre me decía que tenía una expedición a uno u otro lugar y pedía permiso para que lo acompañara. Varias veces me lo dieron, gracias a Don Agustín Nieto Caballero, un hombre excepcional, rector del Gimnasio Moderno. Claro, con el compromiso de que al volver tenía que presentar un trabajo escrito, con descripciones, imágenes y dibujos de lo que habíamos hecho. Gracias a ello tuve la fortuna de conocer buena parte del país con esas excursiones y las que organizaba el colegio.

Entonces las salidas de campo de su familia eran cosas cotidianas…

Las salidas de campo eran fundamentales. Los fines de semana con muchísima frecuencia íbamos a los cerros y páramos orientales, en especial al paramo de Sumapaz que le causaba a mi padre una atracción inmensa. En 1982 publicó un libro que ahora se está reeditando con el Jardín Botánico, sobre los páramos circundantes de la Sabana de Bogotá, que es un clásico.

¿Qué les contaba su padre de su labor docente?

La labor docente era parte fundamental y permanente de su vida, al igual que las salidas de campo con los estudiantes. Recibía muy frecuentemente visitas de los estudiantes en su casa, para profundizar sus conocimientos y aclarar sus dudas. También recibía muchas visitas de geógrafos y otros científicos nacionales y extranjeros con lo cual mantenía un contacto estrecho con los avances de su campo. La Universidad Nacional fue su casa.

Si bien el mundo ha ido avanzando en desarrollos científicos de las herramientas informáticas geográficas como los SIG, ¿qué rescataría de la obra de su padre hoy?

Creo que hay varios aportes que son fundamentales, entre ellos el conocimiento directo del territorio. Me parece que si bien existe un gran avance tecnológico con los programas e instrumentos modernos como los sistemas de Información Geográfica y las imágenes satelitales, para que estos sean realmente útiles deben apoyarse en una labor de campo muy fuerte. Ese conocimiento directo del territorio, con sus características y problemas, es un aporte fundamental que mi padre hizo, sobre todo desde la docencia, porque sus cursos eran muy prácticos. Él les decía a sus estudiantes ‘No pueden viajar como bultos de papa tienen que mirar, observar y aprender. Uno no ve sino lo que conoce’. Si uno habla con los discípulos, recuerdan que siempre hacia énfasis en viajar y tocar los paisajes y sus problemas con sus propias manos.

Frente a la geografía como ciencia y su forma de abordaje, ¿qué rescataría?

Siempre insistió en la relación entre el medio físico y la sociedad, es decir, el énfasis en la geografía humana. Ello era fundamental para él y repetía “La geografía somos nosotros. Donde no hay gente no hay geografía”. La relación hombre naturaleza es algo que destacó con mucha fuerza.

Después de su exilio, ¿nunca volvió a Alemania?

Claro, viajó muchas veces y mantuvo una conexión con su país. Una hermana mía vive en Alemania. El interés por la relación sociedad -ambiente, también se manifiesta en mis hermanos; Felipe es un biólogo muy destacado, trata el tema de las enfermedades tropicales. Mi hijo Andrés es ingeniero civil y, tiene un doctorado en geografía en los Estados Unidos y otro nieto, Juan Felipe está cursando un doctorado en antropología en la Universidad Nacional. Como ve además de sus discípulos, hay una transmisión de sus enfoques e intereses a lo largo del tiempo en tres generaciones de su familia.

¿Qué cree que deben aprender de él los estudiantes que se forma profesionalmente en las escuelas de geografía?

Me parece que lo que deberían enfatizar mucho es en la visión compleja. La geografía no puede ser segmentada por campos, debería ser una. Una ciencia mucho más holística, más integral, con relaciones con todas las disciplinas, porque que tiene que ver con las relaciones entre la sociedad y el territorio, entre la humanidad y el planeta. Creo que esa visión compleja es fundamental para que los estudios geográficos avancen en beneficio de las personas de una manera más integral.