Eros, el debate entre erotismo y pornografía

Un sacerdote pederasta observará de manera distinta a una adolescente núbil y desnuda a como lo haría un apasionado del arte.

“En el erotismo el deseo se manifiesta mediante el olor, el sabor, la textura y la observación de la danza.”/ 123rf

“Arte y erotismo” fue el tema central de la Feria del Libro de Guayaquil que se llevó a cabo en octubre del año que acaba de morir. Un poco antes, los medios registraron la noticia sobre la inauguración del primer museo del erotismo en Polonia, país que durante varias décadas estuvo cerrado a las expresiones liberales de la sexualidad.

En ambos casos el tema volvió a ser el erotismo, esa expresión metafórica del cuerpo humano que, en el fondo, oculta instintos sublimes matizados con estética y creatividad; pero, en muchos casos, estigmatizado con el calificativo de pornografía. La relación entre uno y otra —erotismo y pornografía— aún no es clara y, pese a definiciones hechas desde la lexicografía, se entrecruzan como piernas sobrepuestas en un instante amatorio.

En el ámbito de la literatura erótica, la distinción frente a la pornografía estaría dada por la calidad de los sustantivos, los adjetivos y las descripciones que se utilicen. En el plano cinematográfico, la diferencia se establecería a partir del grado de crudeza y el volumen de agresividad de la imagen en el momento de exhibir la sensualidad.

Sin embargo, la diferencia está en la imaginación, la cual procesa, mediante la mirada, un vistazo muy personal, según quien lo realice: un sacerdote pederasta observará de manera distinta a una adolescente núbil y desnuda a como lo haría un apasionado del arte, quien excitará sus sentidos a través de la electricidad que le transmiten aquellos ángulos en desventaja, las líneas sutiles de caderas y muslos, los senos apuntando a un cielo que desciende y la feminidad toda imitando al arte.

“En el erotismo el deseo se manifiesta mediante el olor, el sabor, la textura y la observación de la danza y la melodía del cuerpo del otro. Es una necesidad de sentir y ser sentido”, señala Mónica Mancera en un reciente texto que estudia las diversas formas de expresión del erotismo en el siglo XXI.

En la frase citada no hay discriminación en cuanto a género, una de las formas culturales entronizadas en el erotismo que todavía subsiste, pues aún son distintas las miradas masculinas respecto a las femeninas. Quiero decir: desde ciertas formas de feminismo, en muchas ocasiones y de manera inconsciente, se ofende al erotismo en sus más variadas formas.

Para entender lo anterior habría que recurrir a Georges Bataille, cuyo texto, Erotismo, glorifica la desnudez y despoja al hombre y a la mujer de toda individualidad para darles paso al deseo, a la fantasía sexual, al juego entre pieles, al placer, al delirio y, si se quiere, a la lujuria. Y todo ello, mediante el rompimiento de prohibiciones que desde las religiones y la falsa cultura se han impuesto a lo largo de la historia de la humanidad.

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