Homicidios aumentaron en un 75 %

"Estamos caminando por senderos de muerte": Leonard Rentería

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El líder juvenil de Buenaventura habla de la crisis de seguridad que se vive en el municipio portuario por cuenta del fortalecimiento y el reacomodo de estructuras ilegales asociadas al negocio del narcotráfico.

Hace apenas una semana, la alcaldesa de Buenaventura, Maby Yineth Viera, lanzó un llamado de alerta al presidente, Iván Duque, y al ministro de Defensa, Guillermo Botero, por el aumento de la violencia en ese municipio del Valle del Cauca, poniendo sobre la mesa, además, la posibilidad de militarizar las calles del puerto.

Y no es para menos, pues de acuerdo con cifras entregadas por la Gobernación del Valle, en Buenaventura el homicidio aumentó en un 75 % y la situación de las comunas 10 y 12 es casi insostenible. El tema fue abordado el pasado 29 de mayo durante un Consejo de Seguridad en el que la gobernadora, Dilian Francisca Toro, designó un grupo de inteligencia, anunció la llegada de fuerzas urbanas especiales para apoyar las labores de la Policía y solicitó asistencia militar.

El objetivo de fondo es tratar de desarticular las estructuras armadas ilegales que se están reconfigurando en el territorio y que se han fortalecido por medio de los combos que se disputan el control territorial y de las rentas ilegales en los barrios. En algunas zonas, de hecho, han establecido toques de queda y horarios de tránsito y movilización para los residentes.

En la zona, por su ubicación como ciudad puerto y conexión entre el Pacífico sur y Chocó, hay presencia de las Autodefensas Gaitanistas, disidencias de las Farc (con la Fuerza Unida del Pacífico) y algunas estructuras del Eln. Sin embargo, según un informe de Indepaz, el grupo denominado La Empresa sigue siendo la estructura predominante, asentado principalmente en los barrios Caldas, Unión de Vivienda, Nuevo Amanecer, Progreso y parte del Carlos Holmes. De ahí la influencia de estas organizaciones en los combos y pandillas que se mueven en las comunas.

Un tema que preocupa, sobre todo, por los impactos que está teniendo la situación en los jóvenes del municipio, que son quienes, en la mayoría de los casos, están engrosando las filas de los grupos delictivos. La situación ha llegado a tal punto que incluso la semana pasada la Universidad del Pacífico tomó la decisión de suspender clases por ocho días, pues las balaceras y los problemas de transporte estaban ocasionando la inasistencia de muchos estudiantes al centro educativo. De hecho, la universidad también redujo en media hora el horario de los programas académicos nocturnos, para evitar que los estudiantes salieran de clases a altas horas de la noche.

El Espectador habló con Leonard Rentería, líder juvenil de Buenaventura, quien asegura que la falta de cumplimiento del Gobierno a acuerdos establecidos para ayudar a paliar la crisis tiene al puerto en un estancamiento.

¿Qué hay detrás del aumento de la violencia en Buenaventura?

La situación que más preocupa es el tema de seguridad en el territorio, han venido ocurriendo un sinnúmero de hechos violentos. Desde abril la situación empezó a agudizarse, con algunas muertes en la comuna 12. Lo que dicen las autoridades locales, y lo dice también la comunidad, es que esto obedece a la reconfiguración de algunas bandas del territorio. Al parecer podía haber la existencia de un nuevo grupo armado y eso es lo que está ocasionando la inseguridad en el territorio. El problema es que actualmente es muy difícil saber cómo están los grupos o quiénes son exactamente. En Buenaventura desde la época en que estaba la guerrilla para acá ha habido muchos cambios en nombres de grupos, aunque en el fondo sigan siendo los mismos.

¿Pero hay presencia de autoridades y Fuerza Pública?

Lo que pasa es que después de la captura —el pasado 24 de mayo— del subcomandante de la Policía Cristian Adrián Torres, señalado de tener supuestos nexos con el Clan del Golfo, también ha generado inquietudes frente al tema de seguridad, porque lo que la gente piensa es que si la Fuerza Pública se relaciona con la ilegalidad, pues tampoco hay garantías para los ciudadanos en el territorio. Hay desequilibrios al interior de la Fuerza Pública.

¿Y cómo está la situación de los líderes sociales y defensores de derechos humanos?

Acá el tema está muy difícil , la gente no está segura. Hace poco algunos compañeros recibieron amenazas, la gente está trabajando en un territorio hostil, estamos caminando en senderos de muerte. Hay una clara afectación social de la violencia de antes, que dejó muchas secuelas en la gente y la comunidad, con la violencia de ahora que comienza a renovarse y a tomar más fuerza.

¿Cómo está afectando este convulso panorama la situación de los jóvenes?

La situación de los jóvenes es la más compleja, porque terminan siendo las principales víctimas, pero también los principales victimarios. Están nadando en un mar de falsas oportunidades. Hay un 63 % de desempleo, que afecta mayoritariamente a los jóvenes. Esa falta de trabajo se traduce en una posibilidad de que ingresen a las filas de los grupos armados ilegales. A eso se suma el incremento de consumo de drogas en adolescentes y jóvenes, la falta de acceso a espacios de educación superior y la falta de oportunidades.

¿El problema de fondo sigue siendo entonces la falta de atención estatal?

Buenaventura no tiene hoy, aparte del puerto, otras fuentes que estén generando empleos. Esta situación se va a profundizar si no hay una intervención. Pero no puede ser una intervención militar; debe ser social, que pueda ofrecerles a los jóvenes otras oportunidades distintas a la de tomar las armas y abrazar la violencia. Hay un total abandono, después del Paro Cívico se esperaba que se avanzara en el fortalecimiento del tema de salud, por ejemplo, que está cada vez más complejo. El hospital no tiene insumo, si uno va a que lo atiendan le toca comprar desde la jeringa hasta el medicamento, porque no hay nada. Falta una coordinación real del Gobierno Nacional, que se ha comprometido y ha dicho que tiene la voluntad, pero Buenaventura no necesita solo palabras de voluntad, sino que requiere acciones concretas que busquen salvaguardar la vida y generar oportunidades. De lo contrario Buenaventura se va a convertir en un territorio de fuertes violencias y los jóvenes van a caer por falta de oportunidades.

¿Es la actual situación una consecuencia de la corrupción de la que históricamente ha sido víctima el municipio?

Buenaventura en la última década ha estado controlada por la corrupción. Varios alcaldes han terminado en la cárcel por temas de corrupción que han dejado al territorio devastado, pero el problema es que acá no hay un ejercicio oportuno de los entes de control. El Gobierno anterior terminó de profundizar la crisis de la salud y aunque la alcaldesa encargada está tratando de hacer muchas cosas y la gente tiene esperanza, no podrá lograr en el poco tiempo que tiene transformar lo que ya dejaron dos años de desgobierno. La corrupción es el discurso que ha impedido que la gente pueda acceder a oportunidades y condiciones de igualdad. La política pública de juventud, por ejemplo, ya debía haberse implementado, pero a la fecha no se ha hecho nada, no hay acciones concretas que busquen proteger la vida de los jóvenes.

¿Cuál es el llamado entonces a las autoridades locales y nacionales?

En primer lugar implementar estrategias de carácter social que puedan llegar a los territorios. El arte, la cultura y el deporte deben ser las herramientas y oportunidades que permitan que los jóvenes no lleguen a los grupos ilegales. La Fuerza Pública también debe recuperar su accionar; hay muchas denuncias respecto a la falta de compromiso por parte de la Policía, que no está garantizando el derecho constitucional a la seguridad. Hay que fortalecer, además, las capacidades de las instituciones que trabajan con las uñas en el territorio y que le ganan jóvenes a la guerra. Del Gobierno Nacional se requieren los recursos del Fondo para Buenaventura para empezar a atender las realidades y caminar hacia el desarrollo. Requerimos la presencia de la institucionalidad en todo el sentido.

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