Estudio busca recuperar el saber ancestral de las plantas medicinales en San Andrés

Cerca de 28 especies de uso tradicional fueron analizadas por investigadores de la U. Nacional.

Cortesía Ana María Mejía

 Un total de 28 especies de uso tradicional para curar diabetes e hipertensión fueron analizadas en una investigación etnobotánica de la Universidad Nacional. El estudio, que pretende recuperar el saber ancestral sobre las plantas medicinales en la isla de San Andrés, recopila los efectos benéficos de las hierbas cultivadas por los raizales para mitigar enfermedades de atención primaria en salud y otras mórbidas como diabetes, hipertensión arterial y problemas respiratorios.

Para ello, la Universidad documentó el uso cotidiano y tradicional de las plantas medicinales por parte de los isleños. Los resultados develaron el uso de 28 especies de plantas pertenecientes a 25 familias, que tradicionalmente son usadas para tratar los altos niveles de azúcar en la sangre.

Petter David Lowy, profesor del Departamento de Biología e investigador principal del estudio, destacó cinco especies que presentaron un uso significativo en la población para el tratamiento de esta afección.

“En nuestro análisis encontramos que el orégano, el nical, el achiote y el rabo de vaca, además del breadfruit, tienen una importancia no solo desde la tradición oral, sino también desde la ciencia, pues presentan componentes activos que contribuyen a disminuir los niveles de glucosa en la sangre”, aseguró.

Otras especies de menos uso, pero con propiedades medicinales, son guayaba, guanábana, melón amargo y almendro.

En cuanto al tratamiento primario de la hipertensión, se encontró que estas comunidades hacen uso de 24 especies en las que se encuentran principalmente el ajo y el limón.

El acceso que las familias raizales tienen a los remedios caseros les evita, en ocasiones, los desplazamientos a los centros de salud en busca de atención médica, donde, según su experiencia, están expuestos a demoras y mala atención por la alta demanda del servicio. Para los investigadores, el acceso a estos remedios los beneficia también desde el ámbito socioeconómico.

En el campo ambiental, conocer la importancia de estas plantas, su utilidad y potencial económico contribuye a valorarlas y conservarlas, creando conciencia y cambios de actitud frente al cuidado de los recursos naturales.

Cabe anotar que la UN Sede Caribe ha venido trabajando en programas de conservación por medio del Jardín Botánico, donde también se realizan investigaciones con plantas de importancia medicinal y se difunde su conocimiento.

El profesor Lowy explicó que el trabajo se basó en una comprobación técnico-científica y una metodología usada en Centroamérica, denominada Tramil.

“Con este método validamos la información etnofarmacológica y analizamos resultados de manera cuantitativa para determinar cuáles plantas tienen más propiedades curativas”, aseguró el docente.

La información se obtuvo también gracias a las comunidades isleñas y a los raizales de La Loma y de San Luis, quienes compartieron sus saberes y tradiciones con la academia, agregó.

Esta metodología relaciona la frecuencia de uso y la importancia relativa, de manera que se puede medir el grado de consenso en el uso de determinada planta y la importancia que esta tiene dentro de la población.

A raíz de estos resultados, la idea es plantear un proyecto agroindustrial que incluya cultivo, cosecha, procesamiento y comercialización de plantas medicinales, donde el orégano, el achiote y el rabo de vaca son las especies con más viabilidad para la implementación del plan de negocios dirigido al tratamiento de la diabetes.

El método indicado para su industrialización es el secado y empaque, gracias a la poca inversión requerida en el proceso.
Por último, con la nueva Sede Tumaco, la investigación se traslada a esta región del Pacífico, donde el primer paso será investigar qué enfermedades existen allí y si las plantas que utilizan las comunidades afro tienen relación con las que se emplean en San Andrés.

 

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