Furry fandom, una tribu urbana fan de los animales con semejanzas humanas

Lamer, olfatear, morder, rasgar y apropiarse del animal de su preferencia hace parte de la cotidianidad de los miembros del furry fandom, una tribu urbana que aprovecha espacios como el SOFA (Salón de Ocio y Fantasía) para exhibir su afición.

Revista Directo Bogotá

Federico Arboleda se identifica como un zorro inglés llamado Fibonacci desde 1998, cuando le regalaron una consola Sega Genesis, pues por medio de ella entró al mundo de Sonic, un erizo azul animado que en sus videojuegos está acompañado de otros personajes, como el zorro naranja de dos colas llamado Tails. A Federico le llamó la atención este niño zorro y empezó a buscar en internet sobre la dimensión animada.

En una de esas páginas encontró por primera vez la palabra furry, “pues el diccionario no ayuda mucho; solo dice que furry es ‘peludo’, pero yo me quedé con la curiosidad de qué significaba”, recuerda Federico con la vista perdida a través de sus lentes. Su mirada otra vez encuentra un punto de foco y añade: “La mejor parte es que me enteré de que había una comunidad de hispanohablantes con ese gusto”.

Un venezolano fue el primer cómplice de Federico en su amor por los animales con características humanas, y se comunicaba con los miembros de la comunidad por IRC, una plataforma de chat. Internet fue su medio de aprendizaje, todo el universo del furry fandom se abrió para él, desde nuevas amistades hasta nuevos conceptos: furry, fursona y fursuits fueron denominaciones que harían parte de su vida cotidiana.

Un furry es la persona que hace parte de la colectividad de fans de los animales con semejanzas humanas. Una fursona es el animal antropomorfo que crea la persona, y con este se identifica en la comunidad furry, y el fursuit es el traje completo o disfraz de la fursona, que son hechos de felpa.

Cuando el furry tiene claro cómo va a ser su fursona, decide dibujarla, sin importar su habilidad para este arte. Lo importante es empezar a plasmar y a personificar el personaje, pues de él puede salir todo un universo que tiene su origen en la mente creativa del furry: nombre, personalidad, vestimenta, color, origen, género, entre otras. Por ejemplo, dentro de esas libertades se encuentra fusionar animales o hacer una fursona mitológica, como un unicornio o un dragón.

Zorro solitario

Federico quería conocer a alguien en Colombia que también fuera un furry, pues, a diferencia de otros países, aquí no había un grupo de personas que tuvieran esta afición. Hasta que un día un furry de Argentina le dijo por internet que se había contactado a un furry costeño en Colombia. Ambos intercambiaron mensajes, pero dada la imposibilidad de crear una comunidad en el país, Federico siguió esperando otra oportunidad, la cual se presentó en 2008, cuando conoció a Juan Sebastián en la universidad. Tras conversar se dieron cuenta de que ambos eran furries. ahí fue cuando decidieron fundar el movimiento en el país.

Por medio de internet encontraron otro simpatizante, y entonces convocaron la primera reunión en la Librería Francesa. El furry costeño viajó exclusivamente a Bogotá por esta reunión, los cuatro fueron los únicos asistentes, y a pesar de que no fue inmediato el movimiento en Colombia, ese fue su anclaje. En abril del 2009 se fundó ColombiaFur, el grupo de fans que actualmente tiene más de 655 participantes en internet y cerca de 100 constantes en las distintas reuniones o eventos de la comunidad a lo largo de estos nueve años. Desde que Federico descubrió el furry fandom ha venido forjando la fursona con la que sigue actualmente.

Ya que hay total libertad para la creación de la fursona, desde su aspecto físico hasta su personalidad, uno de los rasgos distintivos de Federico plasmados en su fursona es su doble profesión de matemático y físico de la Universidad de los Andes. Tails, el zorro del videojuego de Sonic, es científico; por esta y otras características que le agradaron a Federico, decidió basar su fursona en él. Así que creó un zorro de color naranja con partes blancas y negras, que se para en dos patas.

Al principio creó una historia para su personaje relacionándolo con el mundo de Sonic, pero de una manera más oscura, en la que su personaje perdía un brazo en la guerra con el doctor Robotnik, que es el villano de Sonic. Sin embargo, con el tiempo decidió ir desprendiéndose de este mundo para adaptarlo a una creación más original; lo nombró Fibonacci, igual que el famoso matemático italiano Leonardo de Pisa, no solo porque comparten la misma pasión por los números, sino también porque, al igual que Fibonacci, nació en Italia. A veces decide dibujarlo con la vestimenta de Doctor Who, serie de televisión británica: un traje de gala inglés, botas de gala y un corbatín. El zorro Fibonacci ahora lleva el pelo largo negro, como lo tiene Federico en la realidad.

“Aunque se parece bastante a mí, hay características que por un lado tomó del zorro de las fábulas, por ejemplo, la sagacidad; del zorro del zoológico, los movimientos y la forma de caminar, y características que he idealizado de mí mismo, como la inteligencia y la fuerza física y emocional”. Tan fuerte es su relación con Fibonacci, que le gustaría verse así en la vida real, con todos los detalles que ha pulido desde el 2002. “Obviamente, no voy a llegar al trabajo en un fursuit, no voy a llegar caminando como zorro, haciendo ruidos de zorro, pero si pudiera, me gustaría hacerlo”.

A sus 31 años pasa la mayoría de su tiempo libre resolviendo problemas de programación en la casa, hablando con otros furries y averiguando costos para poder crear su propio fursuit. Algunos miembros de la comunidad tienen el talento para hacerlo ellos mismos y otros prefieren ahorrar para pagarle a un profesional, pero en Colombia es difícil encontrar a alguien que los elabore debido al desconocimiento que se tiene sobre la comunidad. Por eso solo hay aproximadamente trece fursuiters en el país, entre ellos un lobo, un gato y un león que utilizan sus fursuits contadas veces, por el calor que producen los trajes y por lo pesados que son de transportar.

Debido a esto uno de los eventos que más aprovechan para usarlos es en el Salón del Ocio y la Fantasía (SOFA), un espacio dado a la ficción en Bogotá. Casualmente, la creadora de fursuits más famosa en el mundo es una colombiana, se llama Valentina Caicedo y está radicada en Estados Unidos. Puede cobrar hasta US$5.000 por un traje, precio que a los furries les parece razonable por su alta calidad.

Federico también tuvo la oportunidad de viajar a Santos, Brasil, al Primer Congreso Latinoamericano del Furry, entre el 25 y el 27 de septiembre de este año. “Fueron más de 250 asistentes y, la verdad, sentí un poquito de envidia porque yo no tengo fursuit, incluso aunque ellos digan que no están buenos y quieren uno nuevo, pues sí está bueno, ¡está genial!”. Estos trajes pueden llegar a ser supremamente calientes por ser fabricados con materiales ‘peludos’ como felpa y algodón; por esta razón la mayoría de fursuiters buscan ventiladores internos o refrigerantes. “Había una sala para los fursuiters en la que podían estar sin la cabeza del fursuit, en la que había toda el agua helada que quisieran, ventiladores por todos lados, básicamente la idea era: no se vayan a deshidratar, por favor, no se mueran dentro del fursuit”.

Un dragón en un mundo real

Oswaldo Márquez hace parte de ColombiaFur desde hace seis meses. Su primer acercamiento al fandom fue por internet cuando realizó una búsqueda sobre un anime (animaciones japonesas) que tuviera personajes animales antropomorfos. Y al encontrarse con el movimiento global, intrigado buscó por internet si existía en Colombia. Así encontró ColombiaFur, la plataforma que Federico y Juan Sebastián crearon para difundir más el fandom. Oswaldo decidió ser un dragón llamado Fausto, pues se identifica con las características que la comunidad le ha otorgado a este ser mitológico: solitario y con un gran ego (aunque duda un poco de tener este último).

Los miembros de ColombiaFur se reúnen cada mes para salir a cine, a un parque o a talleres de plastilina donde plasman su fursona. El evento se divulga en Facebook y quedan con la incertidumbre de quiénes y cuántos puedan llegar. Curiosamente, la mayoría de los furries estudian alguna ingeniería, quizás por la cercanía que tiene este campo con el universo de internet, el espacio donde se difundió el Furry Fandom.

Estas reuniones tienen como finalidad unir a los miembros de la comunidad, pues aprovechan para intercambiar los bocetos de sus fursonas y compartir las historias de sus personajes y nuevos proyectos. Los furries que no pueden asistir interactúan por medio de la página oficial en foros o debates, y en la página de Facebook, subiendo fotos de sus fursonas o invitando a distintos eventos. Por lo pronto, la comunidad sigue creciendo en nuestro país de manera sigilosa, dejando la intriga de si en unos años será habitual ver por las calles personas disfrazadas de animales.

*Este artículo fue publicado en la Revista Directo Bogotá, de la Pontificia Universidad Javeriana