Por: Renson Said

Gente de bien

Tres concejales de Cúcuta, que todavía no se han posesionado, envían una carta al presidente Duque en la que solicitan “que tome seriamente en consideración la posibilidad de permitir el porte de armas a todos aquellos residentes de Norte de Santander que tengan salvo conducto”. El argumento es viejo y simplón y ya lo había propuesto el partido de gobierno: que los delincuentes están armados y sus víctimas no lo están. Por lo tanto, hay que proteger a “los ciudadanos de bien”.

 
 

Aunque la carta no explica qué es un “ciudadano de bien”, cabe suponer que el concejal Jorge Acevedo, el más notorio de los firmantes (pues lleva cuatro periodos presentándose como candidato a la alcaldía por el Centro Democrático, Partido Liberal, Cambio Radical, ASI) y quién encabeza las firmas, está pensando en Ramiro Suárez, su mentor político y uno de los principales financiadores de sus distintas campañas. Ramiro Suárez Corzo purga una pena de 27 años de cárcel por el homicidio de Alfredo Enrique Flórez, su asesor. Y además de otros crímenes, pesa sobre sus hombros probados vínculos con las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

-De esa “gente de bien”, de esos “buenos muchachos”, de esa “gente proba” está tapizado el infierno. Y La Picota.

La carta está escrita a la colombiana, con una redacción farragosa y dirigida a un doctor (sin doctorado) del que más abajo, pomposamente, se le llama: Presidente de la República. Pero no aclara tampoco a cuál República se refiere, porque hay dos (o más): la que todos conocemos y la Polombia que hace unas semanas fundó Iván Duque.

Proponen los concejales que los que tengan salvo conducto puedan sacar sus armas a la calle, no para echar tiros al aire, como hacen los borrachos en la noche de navidad, sino para algo más útil: la defensa frente a “delincuentes que operan con la tranquilidad de cometer sus fechorías en medio de la indefensión de sus víctimas”. Curioso que lo diga el concejal pupilo de quién ordenó el asesinato de una persona indefensa.

Pero además, la propuesta de los concejales es el reconocimiento del fracaso de las políticas del Estado en materia de seguridad. Le han dicho inepto a Duque, sin darse cuenta. Pero además, el remedio que ofrecen es peor que la enfermedad, porque Cúcuta, y Norte de Santander, constituye una región golpeada por el paramilitarismo (recuerden concejales los hornos de la infamia en Villa del Rosario, municipio fronterizo), la delincuencia común (para no hablar del atraco directo que han hecho a la ciudad los últimos alcaldes) y el secuestro selectivo, entre otros delitos, que siempre quedan en “investigaciones exhaustivas”.

Es curiosa la propuesta de portar armas en un momento en que la guerrilla más vieja del mundo deja las armas; en que un operativo “impecable” ordenado por “gente de bien”, contra un campamento guerrillero deja ocho menores de edad muertos, según el exministro Guillermo Botero. Curiosa propuesta cuando la sociedad se moviliza pacíficamente en la calles reclamando derechos elementales como el acceso a la educación, salud y pensión; donde estudiantes de secundaria mueren en las calles por armas “no letales” disparadas por el ESMAD.

Es el Estado (con todos su defectos) el que debe intervenir para proteger no solo a “los ciudadanos de bien”, sino a la comunidad entera, incluso, protegerla de concejales que piensan que hay que armarse porque “plomo es lo que hay, bala es lo que viene”.

Recuerdo el diálogo imaginario que circula por Internet:

-¿Si matamos a todos los ladrones, quedaríamos solo los buenos, papá?

-No hijo, solo quedaríamos los asesinos.

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