'Guillermo Cano no capaba misa': Hernando Reyes

Uno de los amigos de bachillerato del director de El Espectador, asesinado hace 30 años, rememora la afición de Cano por los deportes y su poca destreza para el baile.

Foto de 1939: En la segunda fila, el segundo parado (de izq. a der.) es Guillermo Cano. Este curso lo repitió por motivo de una enfermedad que lo obligó a ausentarse por varios meses.
A Hernando Reyes le decían en el colegio el “Pelo".  Fue compañero durante el bachillerato de Guillermo Cano. Era un curso pequeño. Hoy tiene poco pelo, 84 u 85 años y recuerda algunas cosas sobre el colegio. Estuvo con Guillermo durante todo el bachillerato y dice que él, Guillermo, no perdió ningún año. Es, claro, un engaño de su memoria, porque Guillermo sí perdió séptimo-a causa de una enfermedad. Se casó con una mujer que tenía el mismo nombre de la mamá de Guillermo: Luz. Es flaco, tiene los ojos claros. Es uno de los pocos que quedan vivos. (Le puede interesar el testimonio de Eduardo Restrepo, otro amigo de Guillermo Cano)
 
... Hernán Uribe, Eduardo Resptrepo y yo. No más. Uribe vive ocupadísimo. El único que no tiene ocupación soy yo. Yo soy ingeniero civil, y ejercí la profesión hasta hace ocho años. De Cano fui muy amigo, hombre. Él me invitaba a tomar onces en la casa de él. Vivía cerca del Gimnasio, entre el gimnasio y la carrera novena con calle 74. Había una cosa que se llama el Palace; ahí comíamos bizcochos. Y me invitaba a su casa. Me invitaba mucho a El Espectador, estando en el colegio, a ver cómo funcionaba eso, cerca a El Tiempo, por la Séptima. Allá conocí a muchos periodistas. A él le fascinaba el periodismo. Escribió mucho sobre toros al principio, con un seudónimo, que era "Conchito'', una peruana que rejoneaba muy bien. Íbamos juntos a otros, también. De 14 o 15 años, o menos, tal vez. Me hice muy amigo de él. Todos los compañeros éramos muy amigos, en realidad. Éramos muy pocos. Los que terminamos fuimos 14 de bachillerato. De esos 14 no quedamos sino 4. Y ahí había otro periodista, Gustavo Wills, que murió en un accidente de carro. Había un español, César Madariaga, tío de unos actores: Mallarino Madariaga. Se fue a vivir a Venezuela y allá murió. Los demás, los normales. Eduardo Cuéllar, médico. Cuellar es condiscípulo de él como de diez años. Ya no ejerce, ya tiene sus años. (Le puede interesar: 30 años Sin Guillermo Cano)
 
Le gustaba el fútbol; no era muy bueno, pero jugaba. No era muy aficionado. Se quedaba en clase a veces escribiendo, jodiendo. Le gustaba jugar pero no con la misma intensidad que otros. Me acuerdo que tuvimos un profesor, exalumno del Gimnasio, que era cura, el cura Solano. Ése jugaba fútbol, pero de sotana. Guillermo jugaba para meterle zancadillas al cura Solano.
 
(Ríe. Baja la voz.)
 
Era muy agradable, muy simpático. Íbamos también mucho a teatro. Invitaba a uno o dos. Yo iba mucho con él al Teatro Municipal. Zarzuela, música, en fin. Guillermo principió escribiendo sobre toros. Y me acuerdo la primera vez, que estaba en el colegio, y me dice: “Hola, Pelo, por fin me publicaron un editorial". Yo creo que estaba en quinto o en sexto de bachillerato. En ésa época, el director era don Gabriel Cano. No sé si era Gabriel o Luis Cano. Eso es lo que le puedo contar así de él.
 
Fuimos compañeros de toda la vida. Había misa una vez a la semana y Guillermo no capaba misa. Era buen estudiante, sincero, sobresaliente... normal. Muy buena gente. No iba mucho a las excursiones. Yo no me acuerdo haber ido. Como que no era muy aficionado a las excursiones. ¿Qué más le pudiera contar yo de esto?
 
Eso de las onces en la casa de doña Luz eran muy paisas. Siempre había alguien, estaba los amigos de Luis Gabriel y de Alfonso. Tenían unos primos hermanos, los nietos de Agustín Nieto, eran sus familiares. En fin, haga preguntas que yo no le sé contar más cosas de memoria.
 
Para serte sincero, no recuerdo anécdotas con Guillermo. Hace tanto tiempo nos graduamos. Guillermo no era ni el mejor no el peor, como era la mayoría. Hernán Uribe y César Madariaga eran los destacados; los demás éramos de la manada. A mí me llamaba la atención que toda la familia de Guillermo era de pelo blanco. Por algo lo llamarían Cano. Todos eran de pelo blanco y de mucho pelo. Por ejemplo, Guillermo no me acuerdo de haberlo visto calvo, como yo. Era una persona normal, muy caritativa. Me acuerdo que cuando entrábamos al Palace, el que tenía plata pagaba, y ése era muy generoso; Cuando lo asesinaron, nos llamó la atención a muchos, era un muy buen compañero, sencillo, sin desmanes. Era una persona muy humana.
 
Pasaron años en que no lo volví a ver después de que salimos del colegio.  Ocasionalmente, nos encontrábamos en algún sitio. Sí nos reuníamos a los 10 años de haber salido, a los 15, a los 20. Los mismos. Me acuerdo una que hubo en el Gun Club. Guillermo se entendía muy bien con los profesores. El profesor Solano, era en bachillerato. En quinto era don Alfonso Jaramillo. En cuarto creo que era (no se comprende). Había mucho ambiente y cordialidad. Era muy jovial, Guillermo. No ponía problemas para nada.
 
Guillermo resultó de la noche a la mañana aficionado a los toros. Él invitaba a alguno de sus amigotes a las corridas. No me acuerdo si ya habíamos salido del colegio. Me acuerdo de una mujer que le llamaba mucho la atención. Era de un colegio al lado del Gimnasio Moderno. Y le hacía pases, ooole, a la niña. Era una niña cartagenera. El nombre sí me lo reservo.
 
Jugaban fútbol, basquetbol, tenían clases de música. Otros iban al coro del colegio. Otros tocaban clarinete. Las excursiones eran en Semana Santa, y se prolongaban un par de días. Hernando dice que no veía a Guillermo en las reuniones del colegio, quizá porque ya estaba ocupado en el periódico. Salían del colegio, se comían un brownie, que costaba dos centavos, y tomaban Colombiana o Leona.' "Nunca me acuerdo de haberlo visto fumar", dice. Ellos sí fumaban, se encaramaban en una pajarera, en un  árbol, en un salón. Había fiestas en el gimnasio, con presencia de las del Gimnasio Femenino, discos viejos, victrolas y baile. Muchas mujeres iban a jugar tenis, también.
 
Cano no era tenista, jugaba más fútbol y basquetbol. Iban a los bailes. Guillermo bailaba mal, como todos ellos. "Una persona muy sana, trago y eso...". Según Hernando, ellos no hacían nada más que jugar y atender las clases. Lo más malo que hicieron fue fumar. No había drogas, no había nada de eso. No recuerda aventuras de Guillermo; no recuerda anécdotas. En ese momento, Guillermo era un cualquiera, nada tenía de extraño. Echaba chistes. Leía mucho. Comentaba los libros. Jaramillo, el profesor, lo puso a leer bastante. Pero no se acuerda más que de esas cosas: datos exactos, cosas demasiado buenas de Guillermo. Cosas que podría inventarse, porque la memoria es engañosa. Además, era una vida normal de colegio. Todos los días eran iguales, por eso se borran tan fácil.
 
¿Qué profesores había? Nicolás- Bayona Posada, el cura Solano, Miguel Bernal (Latín). No nombra más. Todos se llamaban por el apellido, entre los estudiantes. Algunos tenían apodos: el "Burro" Restrepo, "Nancho" Uribe, "Carlitos" Esguerra. Guillermo no tenía apodo. No recuerda. La jornada comenzaba a las ocho. Cano llegaba a las ocho pasadas, porque vivía muy cerca. Otros, que vivían más cerca, se despertaban con el primer campanazo. Había internado y semi internado. Algunos que venían de fuera de Bogotá, se quedaban allí, como por ejemplo Restrepo.
 
La misa la daba Monseñor Brigard. Cano comulgaba mucho. Algunos se quedaban jugando fútbol en las tardes. Otros iban para sus casas. De seguro: Cano. ''No me acuerdo de nada más. No se me ocurre una anécdota, un paseo, que valga la pena contarlo. No me acuerdo". Guillermo siempre fue tranquilo, nunca lo vio peleando. Lo recuerda sin gafas: Se vestía de forma elegante, si mal no recuerda.
 
*Este texto es producto de una entrevista que hizo Juan David Torres en 2011, por motivo de los 25 años del asesinato de Guillermo Cano y la publicación del libro "Tinta indeleble".
 
 
 
 
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